Los emisarios del tiempo

En todas las épocas han operado en las sociedades diversos tipos y géneros de organizaciones secretas tendientes a algún fin, con algún objetivo particular que las movilizaba, de las cuales luego los estudiosos de las mismas divulgaban, sin ningún tipo de crédito por parte de quienes tenían la desgracia de prestarle atención, sus casi siempre lúgubres fines y desarrollaban teorías alrededor de ellas con el sólo hecho de desentrañarlas, pero no arribaban a ninguna salida satisfactoria, quedando relegados al margen de la félix societé que, indiferente, seguía sucumbiendo a todo lo que ellas sembraban entre el crédulo público. Los tiempos actuales no se quedan rezagados en tal sentido y, a riesgo de quedar marginado como paranoico, estoy abocado a desenmascarar a una mafia que ha tenido gran preponderancia en la cultura de los últimos años en la sociedad que la vio crecer.

Uno de los modus operandi de ella es tal que, asistida y apoyada por la tecnocracia dominante, ha desdibujado una situación que se presentaba cotidianamente entre los integrantes de la sociedad como de lo más habitual, llevándola al motus de ridícula o de befa, quedando quienes la practican –antes como partícipes al día- ahora como pasados de moda o relegados en las antinomias de los vientos vigentes. Me refiero a la mafia del tiempo y todos sus agentes del pronóstico. Hasta hace no mucho tiempo, uno se podía pasar horas hablando en balde de lo que podría pasar, si garuaría, si haría frío, calor, ¿caerá granizo? ¿lloverán sapos? Si cambia el viento o a qué hora amanece mañana. Decenas de minutos, horas e incluso algunos días hablando del tema más común y trivial que la sociedad le había dado un lugar preponderante en sus principales temas de conversación. Hasta incluso se han escrito libros y se han filmado películas con ello como eje central y/o argumento. Es diferente a casos en donde en algún recinto, como puede ser un estadio de fútbol, un templo o una facultad, uno sabe de lo que se habla y está casi obligado a saber lo mismo, pues esa es su regla del juego. Pero desde hace algún tiempo, el tiempo mismo es un saber más en todo ámbito, una mercancía de intercambio que se troca, un conocimiento indispensable para poder vivir en plenitud. A la hora que se me ocurra, puedo (y debo) tener el conocimiento de todos los detalles del tiempo con quince días de antelación, y no importa si son aproximaciones, estimaciones o certezas, lo fundamental es que lo sé de buena fuente y con ello se terminaron todas las especulaciones que tanto tiempo le restaban a la gente en nimiedades para poder destinarlo, por ejemplo, a elegir cuál será el próximo celular que me dará el pronóstico extendido que me voy a comprar. Pero lo que es seguro es que no voy a mirar hacia arriba cómo está el tiempo porque lo sé bien desde hace dos semanas, y no quiero que se malinterprete, porque no es una crítica a este nuevo beneficio que vino de la mano de la globalización ( dicho sea de paso, si Das Chagas hubiese contado con una app que le dijera que iba a llover torrencialmente el 2 de julio de 1817 sobre Apóstoles, con criterio, hubiese postergado la batalla para otro día favorable a su tropa con lo cual hoy hablaríamos portugués y seríamos probablemente el imperio al que todos le rinden tributo, pero Andresito Guazurary, viejo conocedor del clima, lo derrotó bajo la lluvia dejándonos como herencia un país soberano y una yerba de primera calidad), pero lo que se debería observar con atención es que ya no podremos prescindir de él mismo, pues nadie en la calle te va a saber decir si tenés que llevar bufanda o por las dudas traer paraguas cuando los que se divierten manejando el ánimo y la predisposición de la población decidan abandonar sus prácticas tétricas de dar aviso a través de los medios o aplicaciones en teléfonos, tablets, computadoras y nuevos dispositivos por venir qué tiempo hará, pues a pesar de que lo saben a la perfección, tendrán otros medios más ingeniosos para captar la atención de sus fieles y ya aparecerán otros detrás de mí para sacar a la luz sus objetivos. Para ese tiempo, ya se habrá creado tal religiosidad del asunto que ni los más escépticos serán escuchados. Cada tanto alguna anciana se queja del frío pero enseguida le aclaran que estaba anunciado desde hacía tiempo y uno siente un poco de pena por aquellos que se vieron vilipendiados por el desarrollo. Ligado a esta tradición posmoderna, se encuentran aquellos que indirectamente te obligan a entrar en sintonía con tales vaticinios y, más allá de que tengas guardia el sábado o sepas mejor que nadie que caerán soretes de punta, te desean de corazón abierto “buen finde”. Pero nadie puede sospechar de su buena fe ni elevarle reclamo alguno. Ellos, quizás, enfrascados en saber que Cariló los espera con 30 de térmica, le auguran buenos designios a todo prójimo que se interponga en su trayectoria. Pero basta por el momento. Time is money. Hace un calor insoportable. Eso sí, el pullover no me lo pienso sacar hasta que caigan sus máscaras.

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Lo que está pasando ( ensalada )

delfin-amanecer

La visión de la realidad varía de acuerdo a la atómica información ( desinformación ) que nos llega. El tiempo es acotado por el bombardeo de medios, mensajes, entretenimientos, quehaceres, etc. No hay tiempo para socavar la información y lo que comúnmente se digiere es lo que considera la mayoría, y hoy la mayoría ( por exigua que sea la diferencia ) gobierna. Si bien el mundo es uno, la totalidad, cada uno vive en su mundo personal y privado y ésto lejos de ampliar fronteras ( que sí lo hizo en el espacio virtual ) las fortaleció. Si a alguien no le gusta algo o alguien lo elimina con la facilidad de un clic o lo deja de seguir. Es época de zapping mental, en el que la carencia principal está en la comunicación, debido a que ésta se vio banalizada y se ha hecho vacua. Cualquiera puede oír ( si tiene el valor ) un discurso presidencial que carece de contenido alguno, y si tiene alguna medida para anunciar ( que en éste caso lo hace algún funcionario para que no se focalice su imagen ) se hace camuflada como Bergman, como el actual caso de las tarifas de gas desdobladas. Pero no me quiero ir por las ramas como hizo el Ministro de Medio Ambiente, hablando de política cuando lo que está pasando es en la vida cotidiana de la gente, de nosotros. Y volviendo a que toda visión de la realidad es parcial, ésta no escapa a esa regla. Se lee poco y se escucha menos. Hay doctrinas de pensamiento difundidas altamente acatadas como implícitas y no se refutan en el fuero íntimo, por la esperanza de que den alguna ventaja, como el materialismo, el positivismo, el monetarismo, el exitismo, etc. que son las que después rigen con rigor el modus operandi de las actividades y los debates a la luz del día. Los viejos de hoy no son los de antaño. Hoy no se los escucha, salvo contados casos en el seno familiar, porque quedaron fuera de lo que hoy circula como modo de pensar la vida, como filosofía. Y en ese reducto mental privado en el que se desenvuelve el hombre de hoy no queda espacio para algo que contraríe sus creencias, si algo lo hace se cambia de canal, de diario -si lee-, de persona. La sociedad-show no da espacio ni mucho menos tiempo para que se detenga, que es lo que hace el ejercicio de la lectura bien entendido. Se acumulan juicios y opiniones acerca de uno y del resto y ese es el movimiento que domina la escena. Si uno escucha la palabra profunda que no se basa en juicio ni opiniones sino en reflexiones y comprensiones es probable que no la entienda. Porque se ha eliminado en éste tiempo la necesidad y el anhelo de comprender en la comunicación. Y no hablemos aquí de los hipócritas cuyos artilugios de simulación se han vuelto más sofisticados. El deseo de comunicar y de ayudar es inherente al ser humano, tiene esa tendencia natural que luego puede llegar a verse eclipsada por las doctrinas antes mencionadas que lo llevan a un egoísmo pueril que va más allá de la mera subsistencia en una rauda carrera por acaparar que lo llevan a la vanidad de una existencia vacía, sostenida por la vulgar consideración de que otros están en la misma. Ese sueño infantil, se basa en la idea, la noción, de que las cosas por sí otorgan felicidad, desconociendo el mecanismo del deseo y de la cosa consumada, de allí que se produzca una carrera a ningún lado cada vez más veloz. Pero volviendo a la información y el conocimiento, el entretenimiento lo superó holgadamente. Los comportamientos son amoldados por quienes lo programan. Si bien uno opta en ciertas circunstancias, la idea de que la elección dirige nuestros pasos es fácilmente refutada por la realidad, cuando nos encontramos con cosas inesperadas o aquellas que patean el tablero de lo establecido. ¿Es posible vivir sin ideas que rijan? Digo que sí. Es más, las creencias son innecesarias y son estorbos cuando la realidad brilla e ilumina, dejando a las claras que hay esperanza siempre en el hombre, en su nobleza, en el amor, en la paz y la hermandad de cada átomo con el Universo. Verse aislado, como algo de separado de la belleza del cosmos, trae preocupación e inquietud y el anhelo de tomar algo para sí. Verse como parte de este Todo, material y espiritualmente, lleva a la calma y a la tranquilidad. Claro que esto no quita que uno se distancie de ideas que van en contra del mismo y de comportamientos perversos. En síntesis: uno adhiere a ciertas ideas, desde la niñez ( en ese momento algunas son esenciales para la subsitencia, pero luego no tanto ) hasta la madurez ( el hombre adulto no necesariamente madura ) y luego se mueve en base a eso preconcebido, y es precisamente allí donde radican sus males, que a veces es lo que cuesta ver. La vía introspectiva siempre estuvo abierta, pero al día carece de estímulos y de guías. La psicología es funcional a la neurosis que otorga con diploma la sociedad. La filosofía se ha vuelto productiva, pragmática, salvo contadas excepciones, alejándose de su fin. Se ha creado la noción de que un estado de vida penoso y vacío interiormente, es algo normal. Podrá ser el estado habitual en que uno vive, pero no es el único y no es normal. Lo normal es el bienestar. Finalizando, la vida nos invita al amanecer a conocer, a buscar, a descubrir, a compartir. El funcionamiento de la sociedad actual invita a cerrarse, juntar, comprar, juzgar y soñar dormido. Y a mí, particularmente, me fascina despertar cada vivo amanecer.

El paso del tiempo

¡¡Cómo pasa el tiempo!! ¿Cómo pasa el tiempo? La noche sigue al día, el día a la noche; al amanecer el mediodía, a la tarde el atardecer. Cae la noche y le sigue el día, y así sucesiva y extensivamente. Al invierno le sigue la primavera, al fin del calendario un nuevo almanaque; al verano le pisa los talones el otoño, y tras éste llega el invierno, crudo y frío. A agosto lo sigue septiembre y al martes, indefectiblemente, le sigue un miércoles. ¿Y qué hay después de un sábado? Claramente, un domingo. A las tres pm le sigue las 4pm y, tras la medianoche, comienza un día antes de que amanezca.
Así pasa el tiempo, y yo pensando cómo pasar el tiempo.