Se descubrió nuevo astro el cual albergaría vida*

Nuestros científicos han confirmado la presencia en el espacio sideral de un nuevo astro, que si bien se descubrió en los últimos años y ahora se difunde la noticia, el mismo lleva millones de años ocupando su lugar en el mundo.
No ha sido precisada la relación con otros cuerpos de las galaxias, pero se dice que puede apreciarse su existencia a simple vista sin necesidad de un telescopio, incluso a plena luz del sol, de quién más.
Cualquier observador con una leve cuota de atención puede notar que hay inteligencia en él, dejando en ridículo cualquier negación de la misma, a pesar de las miles de especulaciones que hay en torno a ello.
La ciencia admite que las millones de formas que lo habitan tienen una breve existencia sobre el mismo, aunque surgen diversas teorías de difícil demostración, pero la más encaminada sería la que afirma que las formas atraviesan un proceso de desarrollo en el que la materia evoluciona hacia un estado en el cual el principio de esta vida en la forma engendrada, última del proceso, ha evolucionado a tal punto que es capaz de desarrollar conocimiento y trascenderse a sí mismo. Esa sería la gracia del asunto, que tiene a la muerte como institución regente y garante de espacio para las nuevas formas que se reproducen a cada instante.
Las especulaciones que hay alrededor del asunto son en elevado número. La que cobró mayor valor es la que dice que el principio de esta vida en el astro, si bien presente en toda la vida del mismo se ha desarrollado plenamente en la última forma del proceso, se alojaría allí por un período reducido como una suerte de castigo. Los científicos han tratado de dilucidar este asunto, sin arribar a resultados satisfactorios, aproximándose a algo por la constante negación. Una de las aseveraciones que captó miradas curiosas, pero no por eso con cierto respaldo científico, es la que indica que ese principio a pesar de no conocer muerte padece la experiencia de la existencia por ignorancia, es decir, por no saber de entrada la que se le venía. Usted se está jodiendo por no saber, se le diría a este principio en caso de existir algún tipo de comunicación con él.
En el proceso de desarrollo todas las formas sufren un mal principalmente–entre otros- que las aqueja a todas que es la necesidad de engullir. Para salvar esta dificultad común, existe una ley implícita que dice que una forma vive de otra. Matar para vivir parece ser el modus operandi que practican las distintas especies en el astro. Esto explica la diversidad de la vida en el mismo y la reproducción constante.
Cada forma siente la semejanza con las de su misma especie y algún tipo de aversión por las demás. La última forma del proceso de desarrollo puede llegar a sentir repulsión por todo y, en muchos casos, es incapaz de sentir.
Los científicos aún debaten el nombre para darle a este astro. Algunos lo llaman Remoto por sus características, otros han preferido bautizarlo con el nombre de Averno por el espectáculo brindado, mientras que otros basándose en uno de los elementos de la materia que lo componen se deciden a llamarlo simplemente Tierra.
Nuestros científicos han declarado enfáticamente que las posibilidades de que las formas que viven en el astro se propaguen más allá del espacio que las rodea fagocitando el resto del cosmos son nulas. Tranquilidad. Estamos a salvo.

 

*Publicado originalmente en “Júpiter Hoy” bajo el título “Vieja estrella resultó ser albergue transitorio”.

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Mensaje optimista

Este es un mensaje optimista para el que lo lee en este momento. No importa si dice algo interesante o no, de verdad o no, lo importante es que exprese cierto grado de positivismo, que te sirva para seguir leyendo mensajes que estén en línea con éste, aunque no expresen nada, pero mantengan cierta sintonía entre sí, por eso cada tanto le pongo una carita 😛 😉 para enfatizar eso que el mensaje no dice, pero que cualquiera entiende, porque cuando no se dice algo puede ser entendible, pero cuando nada se dice, quién puede entenderlo. Encima no le pongo signos de pregunta, porque por ahí te confundís y pensás que tenés que detenerte en la lectura para ver si dice algo, y eso te puede hacer creer que se está diciendo algo más allá de lo que las palabras expuestas en mensajes de ésta índole buscan transmitir. No sé en otros, pero éste sí, y éste lo expresa lleno de emociones que te sacan una sonrisa como en una selfie, pero vos no la ves porque estás leyendo y si la sonrisa se desdibuja ahí dejás de leer el mensaje y buscás otro que esté en sintonía con cara de selfish. Porque la sintonía es como la música, pero para las ideas. Y el mensaje se está haciendo demasiado extenso como para que te reste tiempo de leer otros mensajes como éste, que capaz que están escritos sobre una imagen que te hace pensar en Shangai. O Kyoto. Así que aquí culmina. Arriba el ánimo y abajo las doctrinas.
No te detengas, querubín.

Laberinto onírico

Anoche tuve un sueño. Había otros, potros, discos, riscos, hombres, nombres, niñas, piñas, dueños, sueños, rejas, cejas, timbres, mimbres, celos, pelos, camas, damas, besos, sesos, papas, capas, quesos, huesos, bobos, lobos, codos, modos, tíos, ríos, canas, ranas, locas, rocas, peras, ceras, manos, tanos, tapas, napas, pobres, cobres, cobras, sobras, culos, rulos, ñatos, patos y almidón de maíz.

Pinceladas VII

La Punta Alta se aleja de la Bahía Blanca cuando algunos, entre risas, proponen rebautizarla High Peak, subordinando el idioma del que reniegan a tono con las modas de la era. El trabajo se divide en dos: lo que sucede a nivel físico, que es mecánico, maquinal o animal, según se entienda, y lo que sucede a nivel verbal que puede ser de índole similar a las dos primeras o de otra. En éste último, cuando no necesitamos de las palabras para la actividad que se realiza, los temas de versación derivan en pasatiempos imaginarios que nos distraen y entretienen, haciéndonos olvidar de aquello otro. Ahí me pregunto dónde estoy en esos momentos y creo que en ninguno, como en un relato onírico donde todo se conjuga para visitar escenarios paralelos entre guiones de una dramaturga deidad y en otro plano me encuentro yaciendo en la cama a temperatura agradable, a pesar de que en la noche detrás de las paredes la misma no bajó de veintiséis grados y pronto quizás roce los cuarenta. El timbre suena, pero todavía no distingo si es un bocinazo cuando estoy cruzando la calle en el sueño o es la vecina que me quiere consultar una cuestión que la tiene preocupada. Abro los ojos y ahora tengo sólo una alternativa: ir a abrir la puerta. Me mira un tanto turbada porque la impresión que le da mi cabellera no suele verla en las imágenes que a diario le depara su atención, salvo en algo que se muestre como algo exótico o cómico. Cuando sale del letargo me pregunta si no me dejaron alguna correspondencia certificada para ella, pero ahora me toca salir a mí y despegar el cerebro del espectáculo natural del sueño que todavía sigue rondando como un recuerdo leve y borroso que, finalmente, me deja rebuscar en lo sucedido el día anterior y recordar que dejé aquella correspondencia en la mesita del teléfono. Se la entrego y se despide con simpatía y agradecimiento, tras lo cual cierro la puerta con llave del lado de afuera y me subo al auto para no llegar tarde al trabajo. Pero al llegar enseguida me doy cuenta que otra vez es lo mismo que el día anterior, por lo que no tengo tanto apuro, regreso, me afeito, me ducho, me visto y me tomo un café escuchando el piano de Bill Evans, y ahora sí, voy al trabajo. O al menos allí parece que estoy cuando mi compañera Marisa me besa con la dulzura de una amistad o cuando un bochinchoso ruido me llama la atención, sin alcanzar a determinar si fue un portazo, una ventana que cayó o un estampido en el estacionamiento. Pero es suficiente para entender que hay vida. Después me olvido y continuó con lo que estaba. ¿Y dónde estaba? Ah, claro, estaba cruzando una calle cuando de repente oí un bocinazo, que para algunos resulta más fácil que pisar el freno, incluso en sueños. Sin embargo, en éste caso el conductor no me estaba apurando el cruce, sino que lo hacía en señal de saludo y al verlo, me doy cuenta que es un tío al que hace rato que no veo. Cruza la calle y estaciona junto al cordón, tras lo cual se baja y me da un abrazo con su alegría inconfundible. Me habla en ruso, o por lo menos, asocio esos sonidos que no comprendo a tal idioma porque alguna vez visitó Moscú, recuerdo bien. Pero no puede ser… porque los recuerdos quedaron allá abajo, sobre la almohada. Entonces empiezo a desconfiar, la visión se turba un poco y ahora que lo miro bien, no es mi tío fallecido, sino un antiguo jefe que tras el retiro se radicó en Noruega y hoy está de visita. Me despido alegando llegar tarde al trabajo y nuevamente me saluda estrechándome en un abrazo. No alcanzo a cruzar la calle y veo que Marisa detiene la camioneta delante mío y me hace señas para que suba. Miro con suspicacia. ¿Otra vez suena el timbre? Esto ya lo soñé.