Madrenuestra

Padre nuestro/Madre nuestra que estás en los cielos/las nubes
Santificado/Santificada sea tu nombre/tu gracia
Venga a nosotros/nosotras tu reino/soberanía
Hágase tu voluntad así en el cielo/la galaxia como en la tierra/el territorio
El pan/la galleta nuestro/a de cada día/noche dánoslo/a hoy
Perdona nuestros/as errores/deudas así como nosotros/as perdonamos a nuestros/as patrones/deudoras
No nos dejes caer en la tentación/el escarnio
Más libranos del mal/la sal.
Amén/Amalia.

Cada uno

El pibe de treinta jugando a la play.
La dama tomando mate cocido mirando a Legrand.
El repartidor de helados, de día, de noche.
El zapatero, el verdulero, el arquitecto.
Mi hija juzgando un baile por soñar.
El que observa a los muertos caminando en Netflix.
Cada uno de los que publican perritos en facebook.
Coloque aquí sus últimos 3 números del dni.
El desempleado, el que cerró su comercio.
El diputado y su hijo, el que trafica drogas.
El que te insulta y el que te elogia.
La mujer policía y el hombre invisible.
El presidente y la reina del Calafate.
Abuelito dime tú. La ministra de Seguridad.
¿Sala? ¿Maldonado? Natalia Natalia.
El que dice viva la patria. El que la vende.
El negro, el pobre, el cabeza, el gil.
El que madruga y ni Dios ayuda.
Hace rato que no te menciono a Lázaro.
El que trabaja, el que vive, el que duerme.
La que dice Hola Susana. La que dice chau chau chau.
La que piensa en los demás y el que los jode.
El que no le interesa y el que tiene algún interés.
El bondadoso, el amable, el noble, el sensible.
El burgués, el timbero, el vicioso, el virtuoso.
El que tiene, el que no, el que es, el que no.
El que goza, el que sufre, el que come, el que no.

Cada uno es un voto.

Confluencia

Hay dos fuerzas, dos modos de energía, que no llamaremos bien y mal, ni inteligencia y estupidez, ni luz y oscuridad, ni orden y caos, ni educación e ignorancia, que conviven en el ser humano y, por tanto, en la sociedad. La apariencia puede darse en una de ellas o en otra, pero en la balanza sideral de ambas hay un perfecto equilibro. A una de ellas podríamos llamarla Armonía y a la otra Discordia. Ambas, digo ambas, interactúan al nivel del pensamiento y, por ende, en el comportamiento de los seres. Es claro que donde reina Armonía, no hay lugar para Discordia; y donde manda Discordia, se esfuma Armonía. El estado de los seres más terrenales es la Discordia, en tanto que las almas evolucionadas viven en Armonía, pero el estado de los seres pueden variar tranquilamente. Cuando Discordia ha avanzado a un estado tal que se torna irreversible, aparece la Senilidad como una degradación de Discordia; en tanto, que cuando Armonía se ha estabilizado, desaparece en Sutileza, como ápice de Armonía. El ser humano se bate entre éstas fuerzas o energías -llamadas así por carecer de un término más apropiado- a lo largo y a lo ancho de la existencia. Lo que vemos como movimiento, actividad, es la interacción de éstas fuerzas. Cuando se debaten ideas, conceptos, cuestiones, son éstas fuerzas las que pujan por dominar. Cada una con sus beneficios y ventajas, en todos los tiempos, son éstas fuerzas las que seducen al ser humano, a la sociedad, a la naturaleza, y con su guía lo/la conducen a terrenos que con distintos placebos otorgan diversos tipos de gozo. Si bien, el fin último de éstas fuerzas es la felicidad de los seres y los modos pueden ser simulados, Discordia apunta a la felicidad a través de la supremacía, mientras que Armonía representa la felicidad ante la tolerancia del equilibrio de fuerzas. Por eso la supremacía de Discordia conduce a la Senilidad. Cuando Senilidad toca su fin, Armonía restaura el equilibrio original luego de inmensos sufrimientos para los seres y su confluencia con Discordia retorna a la puja habitual, tanto en el ser humano, la sociedad y la naturaleza. Cuando el ser humano habla, es posible reconocer Armonía, Discordia e incluso Senilidad, pero no Sutileza. Sutileza es quien reconoce éstos tres.

Buenos días

¡Buen día!
Se me ocurrió una idea. En vez de decir buen día, para hacernos los transgresores, digamos “okinawa“, que suena a amanecer despejado y sin lluvias. Cuando la idea se popularice, y todo el mundo se salude con okinawa de aquí, okinawa de allá, y nos resulte fatigoso, buscaremos otra opción, que puede ser diciéndonos “telaviv”, que es como decir que el televisor se nos hace el vivo de tan inteligente que es y de vez en cuando hay que apagarlo para recorrer las viñas del Señor.
¡Okinawa!

Se llama dignidad

¡¡La actualidad no da tregua!! ¿Subió el pan? ¿Bajó el dólar? ¿Subo foto? ¿Baja la nasta? No sabemos dónde estamos parados, ¿cómo vamos a saber a dónde vamos? Eso de ir es una mentira, los países sólo van a la guerra, ni siquiera los países van, mandan soldados a morir y a matar en nombre del resto. Pero eso era antes, ahora las guerras son distintas y se dan en el seno de las ideas, que es de donde surgen las bombas que luego caen. ¿Quedan ideas? ¿O todo es una amalgama, un cúmulo de ideas que se repiten sin cesar, sin ton ni son, sin sostén, sin sutién? ¿Qué tenemos para discutir, para debatir? Montañas de mentiras no pueden subyugarnos, no hay que dejarse caer en el maremágnum existencial, donde la idiotez pareciera ser el eje que domina las acciones. ¡No señor! Alcemos nuestra voz en contra de la doctrina, del adoctrinamiento. ¿Por qué no es digno discutir con un televisor? El televisor no piensa, el televisor no siente, el televisor no escucha. Y así pareciera actuar aquél que vive la vida del loro. Nuestra sensibilidad aletargada se despabila cuando seguimos el camino de la virtud, nuestra escucha adormecida se despierta cuando oímos la verdad, y de persistir en ese despertar de la conciencia, ésta se expande hacia la inmensidad sin límites que es nuestro destino. Que no te derrumbe el artero engaño de la ideología verbal, las cosas podrán darte entretenimiento pero nunca felicidad, equilibrio, armonía, paz ni dicha. Emplea severamente cerebro y corazón para una vida plena, para hacer a tu mundo luminoso, brillante, tierno y que así ese pequeño centro dimensional se expanda en torno a ti, el principio y fin vital. Porque no hay mayor sentido que vivir para brindar felicidad, calma y bendiciones a todo aquél que se acerque con sus penas, su tormento, desahuciado por un mundo deslucido, conflictivo, vanidoso que se jacta de sus bienes pero no reconoce el amor como guía y rector universal de toda vida humilde, sincera y bondadosa para aquél que lo lleva vivo en su corazón.

Si todo vuelve

Si todo vuelve: ¿Vuelven los choripanes? ¿Vuelve Mingo? ¿Y Aníbal contra los fantasmas? Que vuelva la alegría, la paz y el amor en la hermandad universal. Que exploten los globos y reviente todo de papel picado, que se llenen las plazas de hippies y olor a porro. Que vuelvan los malones de la barbarie a destripar la civilización. Que Don José cruce Los Andes a caballo, a pie o en bicicleta. Que Alvar Núñez cabeza de vaca invite a cenar a los indios. Que atómica sea solamente la felicidad. Que los intereses sean el bienestar, el trabajo y la fraternidad. Que las enfermedades duelan poco y la muerte sea una anécdota. Que vuelva el vino milagroso a partir de jarrones de agua. Que cada resurrección nos encuentre creciendo en lo humano y en conciencia. Que vuelvan las patacones de Patoruzú. Que vuelva el cine proverbial. Que vuelva la música sublime. Que vuelva a nuestros corazones ese sentir sincero de amor por la humanidad, la tierra y todo lo que la habita. Revolvamos los surcos cerebrales para que vuelva lo que nos hace feliz. Y se quede a vivir con nosotros, en esta eternidad de ir y venir, de compartir, de amar lo noble, lo digno, lo bueno, lo bello. Y la verdad. Que sea, en una palabra, realidad.