Movimiento


La idea de que estamos yendo es un tanto pueril. Casi bordea lo ridículo. Lo sensato sería decir: hay movimiento. Pero ese movimiento es lo que da ritmo, vibración, que no es pendular ni lineal en tanto nosotros; tal vez en la acumulación de cosas. El fin es cesación de movimiento. Todo se disuelve, como mierda en el mar. Por tanto, podemos acordar que sí, estamos yendo, de cabeza a la mierda.

Se llama dignidad

¡¡La actualidad no da tregua!! ¿Subió el pan? ¿Bajó el dólar? ¿Subo foto? ¿Baja la nasta? No sabemos dónde estamos parados, ¿cómo vamos a saber a dónde vamos? Eso de ir es una mentira, los países sólo van a la guerra, ni siquiera los países van, mandan soldados a morir y a matar en nombre del resto. Pero eso era antes, ahora las guerras son distintas y se dan en el seno de las ideas, que es de donde surgen las bombas que luego caen. ¿Quedan ideas? ¿O todo es una amalgama, un cúmulo de ideas que se repiten sin cesar, sin ton ni son, sin sostén, sin sutién? ¿Qué tenemos para discutir, para debatir? Montañas de mentiras no pueden subyugarnos, no hay que dejarse caer en el maremágnum existencial, donde la idiotez pareciera ser el eje que domina las acciones. ¡No señor! Alcemos nuestra voz en contra de la doctrina, del adoctrinamiento. ¿Por qué no es digno discutir con un televisor? El televisor no piensa, el televisor no siente, el televisor no escucha. Y así pareciera actuar aquél que vive la vida del loro. Nuestra sensibilidad aletargada se despabila cuando seguimos el camino de la virtud, nuestra escucha adormecida se despierta cuando oímos la verdad, y de persistir en ese despertar de la conciencia, ésta se expande hacia la inmensidad sin límites que es nuestro destino. Que no te derrumbe el artero engaño de la ideología verbal, las cosas podrán darte entretenimiento pero nunca felicidad, equilibrio, armonía, paz ni dicha. Emplea severamente cerebro y corazón para una vida plena, para hacer a tu mundo luminoso, brillante, tierno y que así ese pequeño centro dimensional se expanda en torno a ti, el principio y fin vital. Porque no hay mayor sentido que vivir para brindar felicidad, calma y bendiciones a todo aquél que se acerque con sus penas, su tormento, desahuciado por un mundo deslucido, conflictivo, vanidoso que se jacta de sus bienes pero no reconoce el amor como guía y rector universal de toda vida humilde, sincera y bondadosa para aquél que lo lleva vivo en su corazón.

Si todo vuelve

Si todo vuelve: ¿Vuelven los choripanes? ¿Vuelve Mingo? ¿Y Aníbal contra los fantasmas? Que vuelva la alegría, la paz y el amor en la hermandad universal. Que exploten los globos y reviente todo de papel picado, que se llenen las plazas de hippies y olor a porro. Que vuelvan los malones de la barbarie a destripar la civilización. Que Don José cruce Los Andes a caballo, a pie o en bicicleta. Que Alvar Núñez cabeza de vaca invite a cenar a los indios. Que atómica sea solamente la felicidad. Que los intereses sean el bienestar, el trabajo y la fraternidad. Que las enfermedades duelan poco y la muerte sea una anécdota. Que vuelva el vino milagroso a partir de jarrones de agua. Que cada resurrección nos encuentre creciendo en lo humano y en conciencia. Que vuelvan las patacones de Patoruzú. Que vuelva el cine proverbial. Que vuelva la música sublime. Que vuelva a nuestros corazones ese sentir sincero de amor por la humanidad, la tierra y todo lo que la habita. Revolvamos los surcos cerebrales para que vuelva lo que nos hace feliz. Y se quede a vivir con nosotros, en esta eternidad de ir y venir, de compartir, de amar lo noble, lo digno, lo bueno, lo bello. Y la verdad. Que sea, en una palabra, realidad.

Menudencias V

El desencanto social toca la puerta del alma. Toc-toc. Desde que se materializa la felicidad, la alegría, desde que se objetiviza el amor, el mundo devora sus cuestiones intrínsecas, relegando la relación a intercambio mercantil, a beneplácito comercial; el espíritu sucumbe a lo mundano y cae presa, in situ, de los vaivenes socioculturales, del regocijo por acaparar, de la vanagloria por ostentar, de la banalidad por impresionar. El mismo se seca por falta de humedad, se marchita cual pimpollo que no llega a florecer por escasez de agua.

Reptiloides

Hay que decirlo: la gente se trastorna con facilidad. Lo fácil sería culpar al dinero, al sexo, a las drogas, al rockanroll, al reggaetón, al alcohol, a la iglesia, a la política. Pero lo sensato es decir que no es tan sencillo. La neurosis se ha vuelto norma en las últimas décadas, lamentablemente. El móvil del trastornado puede ser muy variado y abarcar desde el deseo, la ambición, el poder, el anhelo, el éxtasis, el sueño, el insomnio y demás. Por lo corriente, es razonable considerar a todo el mundo como un trastornado, al menos en potencia, y, en todo caso, tendrá tiempo de demostrar su cordura, al revés del sistema judicial. Ésta cláusula, éste anticipo, nos permite justificar su accionar, el accionar del mundo, como preso de una gran lógica: la lógica del trastorno. De ésta manera, los comportamientos templados estarían acompañados no ya de la razón sino de un temor a caer en la lógica del trastorno que acompaña el movimiento pendular de la sociedad. Las discusiones fútiles, la violencia radical, el voto ignorante, la risa insensible, la actuación para cámaras, la voz en off, la palabra hiriente, el maltrato no sólo animal sino entre humanos, y todo lo demás no serían parte de un supuesto caos universal, sino que se enmarcarían mansa y fielmente al trastorno, lógico de los tiempos que vivimos, que sería el orden social y el status quo. Si, por casualidad, ven alguien demasiado cuerdo por ahí, sereno sin inquietudes ni problemática creciente, es muy probable que su origen esté más allá de las galaxias conocidas, lejos del trastorno general de la tierra que habitamos.

Desvaríos varios

Estaba pensando, y cuando empiezo a pensar todo gira vertiginosamente, incluso la cabellera, los vellos nasales y púbicos, se me eriza la piel, las uñas se agrietan, las pupilas se dilatan y el iris cambia de color, en fin, todo se revoluciona como la gente a la hora de votar, cuando se excita con alguna esperanza e ilusión de que todo va a mejorar sabiendo, no obstante, que difícilmente lo haga, y no es por ser pesimista, sino que está comprobado científicamente ( y la ciencia por más que nos caiga mal no se la puede catalogar de pesimista, sino más bien un exacerbado realismo ) que la tendencia es a la decrepitud cultural, al abismo episcopal de la estolidez. ¡Oh hermanos! ¿Qué futuro les espera a nuestros nietos? Deberán pagar en dólares las deudas contraídas por un grupo de desfachatados, qué digo nietos, ¡bisnietos! ¡tataranietos! Que deberán dedicar su tiempo a la maquinaria productiva tan sólo, no para su subsistencia, para la subsitencia del sistema. Y qué decirles a ellos que aún no han nacido, ¿deberíamos abrir el debate espontáneo de legalizar el aborto? ¿Y quién va a pagar la deuda centenaria? Otro de los temas que nos apabulla a diario es ¿dónde está todo lo robado? ¿En Calafate? ¿En Panamá? ¡Qui lo sa! En ésta varieté se vota lo menos pior. Antes había políticos de todos los tintes y estigmas, pero los actuales dicen no ser políticos, tonces, ¿qué mierda son? ¿Presarios? ¿Negociantes? ¿Mequetrefes? ¿Dadivosos? Nadie lo sabe, es una de las incógnitas de la posmodernidad, como aquella que inscribió en la historia la simpatía por los globos amarillos. Votemos, apresurémonos a votar, que el hambre arrecia y el dólar sube. Despidamos la época del salario que se medía cara a cara con la inflación. En la actual, no cuentan los salarios sino los réditos y los dividendos, esos nunca cotejan con la inflación porque son otros números, números generalmente primos y en moneda estadounidense, fuck. Mi perro no come soja, el canario tampoco, el chancho del vecino menos y mis amigos la detestan; no obstante el precio de la soja marca las tendencias del mercado del dólar futuro, si serán turros, y consecuentemente llevan a los alimentos ( esos que comen todos ) a la alza constante cotidianamente que nada tienen que ver con el pinche 11 por ciento de inflación del que habla el Indec. El Indec no es que mienta, sino que apunta a otra nicho de gente. Nosotros los boludos, creemos que miden la inflación para que saquemos conclusiones: “Bueno, no es tan alta”; “4 mil de gas se puede pagar”; “Hay gente que está peor y sin trabajo”, etc. Pero no, los índices sirven de base para otros negocios ( ya no hablamos de negociar salarios, tómalo o déjalo ) financieros, especialmente para inversores de alto rango, que son los que pagan los medios y la información que circula para mantener a la sociedad en cautiverio. Y si hablamos de cautiverio, pronto tendremos horneros en nuestras billeteras ( bueno, los más afortunados entre quienes aún utilicen moneda local ) y por qué no guanacos y tarucas. Qué lindo, no me digan que no. No me digan que no estaban cansados de ver a Rosas & Co. Porque nadie ha hecho por la patria más que los que señalaban, como una especie de Indec literario, los desmanes que hace en la región el neoliberalismo y sus agentes, locales o mediáticos, engañando al pobre perejil como uno, que vota y se cree, control remoto en mano, que está eligiendo algo cuando la mayoría ya optó por él su destino. Y qué va a ser, mi viejo, la tenemos adentro… a la patria. Y para conocerla mejor, qué mejor que recorrerla para saber de primera mano cómo todo se hunde, que lo hecho dura cuatro años y después cualquiera lo tira por la borda, jugando con la ilusión de quienes observan la realidad y el sufrimiento como si se tratara de una película. Por eso es una suerte que todo se vaya llenando de bicisendas, porque podremos recorrer las viñas del Señor sin tener que costear los aumentos bimestrales de combustible. Pero estoy pensando todo desde el punto de vista monetarista y me desvío del foco de atención que me llevó a plasmar en éstas líneas lo que les iba a contar. ¿Y qué les iba a contar? Ya no recuerdo. ¡Pucha! En fin, tendré que inventar algo, crear algún tema que cale hondo, sacar un conejo de la galera… podría ser. El hombre apegado a lo terrenal, se arrastra, piensa bajo, vive entre gusanos y cucarachas y aplaude a los roedores de la civilización, cuyo estigma es sobresalir entre aquellos que serpentean. Aquél que ve un pájaro volar, cuyo pensamiento se eleva y no se limita a la tierra, que surca los cielos, los mares, el espacio sideral, ese corre el riesgo de caer entre gusanos, pero nunca olvida el infinito y paciente cielo. Por eso es importante alzar la vista y mirar los corazones de la gente, no la vestimenta y el maquillaje. Sentir que su dolor es mi dolor, su sufrir es mi sufrir, entonces ahí se puede hacer algo y la palabra puede llegar. Porque es ahí, en el inmenso corazón existencial, donde nos reencontramos en la unidad del Ser. En síntesis, es donde verdaderamente vivimos y nos fundimos.

Cansancio

La gente está cansada. Duerme mal y se levanta cansada. Se colma de actividades físicas y/o intelectuales y junta cansancio con el trajín del día. Prende la tele y se cansa. Escucha las mismas canciones con diferentes intérpretes y termina cansándose. Cada tanto aparece alguna novedad, como Despacito, pero se lo pasan tantas veces que se va cansando. No va al cine porque es cansador. Prefiere ver películas en casa, porque si de cansarse se trata, ¿para qué cansarse de más? Hace el amor y termina cansado. No le queda más remedio que comer para despejar el cansancio. Conduce cansado y se despide al caer la noche de los familiares en el hogar y sus amigos virtuales con un dejo de cansancio. Se duerme y sueña que está cansado de todo, y al despertar, no sabe si la pesadilla es la vigilia o el próximo sueño. Por eso mira “Soñando con bailar”, porque piensa que bailando va a poder descansar. Pero está tan cansado que no se anima a bailar.