Virtualismo y cancionero

Pierdo el tiempo
El escaso tiempo
Se me acorta.
La vida se te escapa
Boludeando, así nomás
Y se va, para no volver
Y no saber si te gusta.
Un hospital da cuenta
De la cruda realidad,
Entre el dolor y el olor
A medicinas y terapias,
Los pajamédicos te darán
Un último toque de sensualidad
Es como que te masturbe la parca
O invitarla a un café
Y dejarla pagando
Esquivando con dignidad
La sentencia fatal falaz.
El circo, contrariamente
Arbitrariamente digamos
Escoge sólo una faceta
A la cara se la devoró la careta,
Hablar con uno
Es hablar con un millar,
Conocerse, es hablar al callar.
Pero ¿hay quién oiga
entre neurosis y fonemas
Lo que dice la voz al cantar?
¿Hay quién vea, hoy,
Entre ceguera y oscuridad
Cuando se apaga el celular?
¿Pero hay quién diga
Entre lo que se haya dicho,
Algún mensaje que toque
tu frágil, sensible, ilusión?
No encuentro, mis queridos,
En este facebook del orto
El botón para dejarme de seguir.
Por eso sigo, sigo hinchando
Hinchando un poco los huevos
Para ver si entre tanto cacareo
Un día aparece un pichón
Con ganas de alimentarse,
Decime si crees que Shakira
Ha vuelto a enamorarse.
El hombre viste multitud
Multitud de disfraces
Engañando a los inocentes
Como al pueblo este presidente
La gente que piensa y siente
Se ha quedado sin durmientes
En Pampa y la Láctea vía
Esperando una copa ‘e leche.
Volviendo a dicho hospital
Más de algún profesional
Le otorga con su actitud
Un poco de algarabía
Al clima, a la latitud
Que se quedó tu porfía.
Regresando al circo social
Es difícil de expresar
Cómo es que para muchos
Se ha tornado lo virtual
Sustituto de lo real
Pese a que strawberry fields
Nothing is real forever.
Esto se escribe con prisa
Por lo denso del mensaje
Pero se lee con pausa
Pa’ no perder de vista el paisaje.
Y qué te estaba diciendo
Se hizo extenso este filtro
Qué algunos llaman poesía
Es pa’ dispersar la manada
La gente camina aferrada,
Se apoya en cualquier bobada
Para dar un paso adelante
Caminante no hay camino
Sólo un túper con pepino.
Me voy quedando sin letras
En esta tersa composición
El vino que ahora viene en tetra
Le da tinta a esta narración,
Entonces las caras pintadas
Van llamando nuestra atención
La de un payaso maquillada
La de un ministro botón.
¿Quién sabe con qué estocada
Culminará esta canción?
Quizá se despida holgada
Con un simple emoticón
O le dará la puntada
Sin hilo a ese pantalón.
Probablemente no muera
Si se aburrió aquí el lector
Porque ella dejó siquiera
Simbología en cada sector,
Tal vez el lector orondo
Con algún verso se rió
Pero este poema o sorongo
Se va a la puta que lo parió.

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El juego de los medios

Los medios proponen el juego, el joven de imaginación acelerada se prende; todos se anotan a divulgar y difundir qué se ha dicho, qué se dice, qué se supone, qué se habla. El juego es un direte, una parafernalia de dimes, un trascendido de opiniones, un montaña de juicios que se intercambian a la luz del día, al caer la noche, cara a cara o pantalla mediante. Si se ven palos a la gente, de ejemplo, lo que cuenta no es eso sino lo que se supone que han hecho para merecerlo. Todos merecemos algo, algo mejor, algo peor. Si se sacan las pensiones, se dice que eran todas truchas; si militan, buscan el choripán gratuito; si se quedan sin empleo, deberían buscar la felicidad en otro ámbito o son todos ñoquis; y así, siguiendo, los hechos ya no tienen peso, todo se queda estancado en el nivel de la palabra, pero no de la palabra que trasciende esos hechos, sino de la opinión y la valoración. El carácter de humano no aplica a mercenarios, donde lo que importa es el número, la cantidad, el papel a contar. Para ellos, siempre hay una justificación para lo degradante, lo aberrante, lo inenarrable, y eso es lo que se pondera por encima de los hechos. La justicia es para quien tiene cómo costearla, y el resto que se joda bien jodido. El chico piensa en sí y actúa para sí como modo de protección, de defensa, de autopreservación; pero al crecer no siempre esa condición infantil cambia en pos del bienestar de la totalidad. ¿Para qué se cobran impuestos? ¿Para pagar intereses a los apostadores financieros o intereses de deuda centenaria? Está bien que el grueso no sepa ni le interese la macroeconomía, pero actuar de modo justo es lo que hace a la sociedad más justa, si es que a alguien le interese que haya algún tipo de justicia. Pero parece que no, que a nadie le interesa ser justo pero reclama la justicia cuando lo imprevisto le sobreviene o lo toca de cerca. Nadie quiere al parecer salir del confort y la minucia de su propio ombligo. Es bueno cuidar lo propio, su familia, sus amistades y seres queridos, pero a la hora de pensar, el resto no puede quedar afuera, a la deriva, a que se ocupe tata Dios, la Providencia, o el mercado, porque es claro que no lo hará. Es lógico que los funcionarios se llenen la boca hablando de ello, tanto entre gobiernos como entre episcopados, porque de eso viven muchos, pero en los hechos se ve el desinterés. La gente lo que tiene en concreto es a la gente, primero a uno y después al resto. Primero uno, que no es poco, ya que es el terreno donde se puede trabajar y todo puede florecer y fructificar. Y después la gente para compartir flores y frutos. ¿ Hay algo que tenga mayor sentido ? La felicidad, en todo caso, es un terreno de doble vía, una avenida para compartir, bienes, dones, conocimiento, sentimiento. En los medios, lo que sucede es parecido a lo que le pasa a los caballos que tienen la vista forzada a mirar recto el camino: el medio propone y te deja un estrecho espectro de pensamiento para moverse y no salir de ahí. Una dualidad donde todo es malo/bueno, lindo/feo, útil/inútil. Esto es reducir la posibilidad inagotable de la conciencia a un mero clic, donde el televidente es un péndulo oscilante entre me gusta y no me gusta.

Tercera dimensión

La pantalla capta la atención
De la era o la época en cuestión
No hay atisbo de alguna reflexión
En el rictus no se ve la complexión
No hay problema, dijo un Alf en extinción
En tres de no existe preocupación
Y si algo te aqueja, maldición
Apretá un botón y poné televisión
Que se colme el cerebro de información
O las redes que te den una emoción
Que el megusta no tiene saturación
Cuánto mucho te morís de inanición.