La cabeza

-Buen día, le traje esta cabeza para que me la configure.
-¿Qué problemas presenta?
-Ya no sabe qué pensar.
-¡Ah perfecto! Bien, se la vamos a tener que formatear.
-¡Uh! ¿y voy a perder los archivos?
-Sí, pero no se preocupe, la memoria se va llenando en pocos días. Con un poco de televisión, youtube, netflix y redes sociales se acelera el proceso.
-Bueno, ¿le pueden instalar algo de lógica y congruencia?
-¿Lógica? ¡Eso no se usa más! Le puedo ofrecer pragmatismo, que es lo que viene ahora.
-Mmmmmm tengo dudas….
-En ese caso, tenemos un evacuador que anda muy bien.
-Bueno. ¡Ah! Una cosita más: no se olvide instalarle un antiage.
-Quédese tranquilo, la cabeza le va a quedar como nueva.

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Línea directa

-¡Si Dios quiere!
-¿Y si no quiere?
-Habrá que preguntarle…
-¡Llamalo!
-Tenés razón. ¡Basta de especular!

(Llama)
-¡¿Y??!!
-Ocupado.
-¡Siempre lo mismo viejo!
-Si… Si no, es ‘fuera del área de cobertura’.

Cuestiones del querer

Es inevitable para todo ser sintiente sufrir al ver sufrir, y mucho más cuando se trata de un ser querido. Sin llegar a ser el mismo sufrimiento que el que lo sufre propiamente, se siente.
Dicho este prólogo, lo que uno quiere del otro intrínsecamente es su presencia. Y esto se hace palpable cuando la idea de muerte sobrevuela. Las variaciones de ese amor ( no se habla sólo de pareja, puede ser un hijo, un hermano, un amigo ) pueden ir desde la forma, la alegría, la dulzura, la verborrea, la tranquilidad o todo lo que ese ‘otro’ nos transmita. Pero, no obstante, cuando el amor es genuino todo eso puede desaparecer dejando al desnudo el hecho de que lo que amamos es la presencia del otro. Te quiero chueco, con un ojo colgando, con pocos dientes, sin pelo, ¿se te cayó el culo? más boludo que nunca, cada día más torpe, aunque no te rías. Claro que me encanta verte feliz, pero todo puede mejorar. Si hay vida, hay esperanza, y por eso hoy quiero que estés.

Decálogo para épocas de entretenimiento masivo

1-No te aburrirás.
2-No aburrirás al prójimo.
3-Santificarás el entretenimiento.
4-No desearás que se aburra la mujer de tu prójimo.
5-Entretendrás al aburrido, al oprimido y al recluido.
6-Entretendrás a tu padre y a tu madre, hijos, nietos y turistas.
7-No envidiarás el entretenimiento ni desearás el aburrimiento ajenos.
8-No dirás frases aburridas.
9-Amarás el entretenimiento por sobre todas las cosas.
10-No morirás de aburrimiento ni matarás en su nombre.

Descarte


Ahora que la ciencia y la tecnología han descartado toda existencia de Dios se han propiciado varios cambios culturales en nuestra sociedad. A saber:

* Nadie madruga con la esperanza de ser ayudado.
* Mucha gente se junta a pesar de que no se los ha criado.
* Hay gente que muere ahorcada por falta de un apretón.
* Hay muchas averiguaciones y escasea el perdón.
* Todos proponen pero no hay disposición.
* Nadie provee.
* Los desdentados mueren de hambre a falta de pan.

 

Los emisarios del tiempo

En todas las épocas han operado en las sociedades diversos tipos y géneros de organizaciones secretas tendientes a algún fin, con algún objetivo particular que las movilizaba, de las cuales luego los estudiosos de las mismas divulgaban, sin ningún tipo de crédito por parte de quienes tenían la desgracia de prestarle atención, sus casi siempre lúgubres fines y desarrollaban teorías alrededor de ellas con el sólo hecho de desentrañarlas, pero no arribaban a ninguna salida satisfactoria, quedando relegados al margen de la félix societé que, indiferente, seguía sucumbiendo a todo lo que ellas sembraban entre el crédulo público. Los tiempos actuales no se quedan rezagados en tal sentido y, a riesgo de quedar marginado como paranoico, estoy abocado a desenmascarar a una mafia que ha tenido gran preponderancia en la cultura de los últimos años en la sociedad que la vio crecer.

Uno de los modus operandi de ella es tal que, asistida y apoyada por la tecnocracia dominante, ha desdibujado una situación que se presentaba cotidianamente entre los integrantes de la sociedad como de lo más habitual, llevándola al motus de ridícula o de befa, quedando quienes la practican –antes como partícipes al día- ahora como pasados de moda o relegados en las antinomias de los vientos vigentes. Me refiero a la mafia del tiempo y todos sus agentes del pronóstico. Hasta hace no mucho tiempo, uno se podía pasar horas hablando en balde de lo que podría pasar, si garuaría, si haría frío, calor, ¿caerá granizo? ¿lloverán sapos? Si cambia el viento o a qué hora amanece mañana. Decenas de minutos, horas e incluso algunos días hablando del tema más común y trivial que la sociedad le había dado un lugar preponderante en sus principales temas de conversación. Hasta incluso se han escrito libros y se han filmado películas con ello como eje central y/o argumento. Es diferente a casos en donde en algún recinto, como puede ser un estadio de fútbol, un templo o una facultad, uno sabe de lo que se habla y está casi obligado a saber lo mismo, pues esa es su regla del juego. Pero desde hace algún tiempo, el tiempo mismo es un saber más en todo ámbito, una mercancía de intercambio que se troca, un conocimiento indispensable para poder vivir en plenitud. A la hora que se me ocurra, puedo (y debo) tener el conocimiento de todos los detalles del tiempo con quince días de antelación, y no importa si son aproximaciones, estimaciones o certezas, lo fundamental es que lo sé de buena fuente y con ello se terminaron todas las especulaciones que tanto tiempo le restaban a la gente en nimiedades para poder destinarlo, por ejemplo, a elegir cuál será el próximo celular que me dará el pronóstico extendido que me voy a comprar. Pero lo que es seguro es que no voy a mirar hacia arriba cómo está el tiempo porque lo sé bien desde hace dos semanas, y no quiero que se malinterprete, porque no es una crítica a este nuevo beneficio que vino de la mano de la globalización ( dicho sea de paso, si Das Chagas hubiese contado con una app que le dijera que iba a llover torrencialmente el 2 de julio de 1817 sobre Apóstoles, con criterio, hubiese postergado la batalla para otro día favorable a su tropa con lo cual hoy hablaríamos portugués y seríamos probablemente el imperio al que todos le rinden tributo, pero Andresito Guazurary, viejo conocedor del clima, lo derrotó bajo la lluvia dejándonos como herencia un país soberano y una yerba de primera calidad), pero lo que se debería observar con atención es que ya no podremos prescindir de él mismo, pues nadie en la calle te va a saber decir si tenés que llevar bufanda o por las dudas traer paraguas cuando los que se divierten manejando el ánimo y la predisposición de la población decidan abandonar sus prácticas tétricas de dar aviso a través de los medios o aplicaciones en teléfonos, tablets, computadoras y nuevos dispositivos por venir qué tiempo hará, pues a pesar de que lo saben a la perfección, tendrán otros medios más ingeniosos para captar la atención de sus fieles y ya aparecerán otros detrás de mí para sacar a la luz sus objetivos. Para ese tiempo, ya se habrá creado tal religiosidad del asunto que ni los más escépticos serán escuchados. Cada tanto alguna anciana se queja del frío pero enseguida le aclaran que estaba anunciado desde hacía tiempo y uno siente un poco de pena por aquellos que se vieron vilipendiados por el desarrollo. Ligado a esta tradición posmoderna, se encuentran aquellos que indirectamente te obligan a entrar en sintonía con tales vaticinios y, más allá de que tengas guardia el sábado o sepas mejor que nadie que caerán soretes de punta, te desean de corazón abierto “buen finde”. Pero nadie puede sospechar de su buena fe ni elevarle reclamo alguno. Ellos, quizás, enfrascados en saber que Cariló los espera con 30 de térmica, le auguran buenos designios a todo prójimo que se interponga en su trayectoria. Pero basta por el momento. Time is money. Hace un calor insoportable. Eso sí, el pullover no me lo pienso sacar hasta que caigan sus máscaras.

Imagination

La sociedad crea moldes de lo que espera de la persona para sacar partido. Años ha, era relativamente sencillo reconocerlos, porque las fábricas de esos moldes eran conocidas por todos. Luego, esto se hizo más arduo, quedando la labor para analistas y filósofos, pero no porque la sociedad pudiera como un colectivo prescindir de las personas o no le interesara moldearlas, sino porque lo que requería y demandaba de ellos había cambiado, tanto como se desarrolló el mercado. Tras la introducción, a partir del capitalismo y el poder de compra del dinero, del concepto de libertad y su progresivo desarrollo, se opacó la facultad de la persona de discernir su pensamiento del pensamiento colectivo, a pesar de que lo exprese en un singular. El hombre puede viajar sólo, pero representa un colectivo, así sea imaginario, que le da la sensación de que cobija su subjetividad.