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A la luz

Sólo a la luz se puede ver
oscuridad, sombras, claridad
banalidad, formas, libertad
de ser, expresar y conocer.

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Tarta filosófica

Hoy les traemos una receta original. Se trata de una tarta filosófica.

INGREDIENTES
100 grs. de positivismo
50 grs. de autoayuda
50 grs. de cristianismo
100 grs. de libremercadismo
3 opiniones
2 tecnicismos
2 ó 3 cucharaditas de budismo
4 términos en inglés sin traducción al castellano
3 refranes
2 frases de moda
juicios de terceros a gusto
1 cuaderno

PREPARACIÓN
En un bol se mezcla el cristianismo ( tenga cuidado de que no se le cuele un fariseo ) con el positivismo ( en caso de que sí se pueda ), agregándole juicios ( de valor o estéticos ), 2 términos en inglés ( excepto fuck y happy ) y 2 opiniones ( pueden ser propias, impropias o apropiadas ). Hay que batir con fuerza para que quede más o menos homogéneo. Se deja reposar 15 minutos y luego se le agregan el budismo, los refranes ( criollos en lo posible ) y se lo pone a saltear en una sartén. Mientras tanto, en otro bol se colocan el libremercadismo ( asegúrese de que no afecten las ganancias del capital ) con la autoayuda ( la que se prodiga de tal o se la haya certificado como tal, en todo caso. No vaya a ser cosa que le resulte perniciosa a usted y a sus pares ), se le agregan las frases de moda y los tecnicismos ( tenga a bien utilizar aquellos que sólo entiende el autor y uno o dos eruditos ) y se mezclan hasta que quede bien viscoso. Se lo deja reposar, no sin antes agregarle alguna opinión ( nefasta puede darle un toque de sabor ) y los restantes términos en inglés ( a excepción de my god y cool ) . Se espolvorea algunos juicios a la masa, se estira bien para que quede consistente sobre una tartera y se le coloca encima la preparación anterior. Esto va al horno a fuego medio durante 40 minutos. Cuando está listo, se corta en porciones de proporciones comunes y se sirve en platos comunales. Finalmente, en el cuaderno escriba una historia descomunal.

Cuestiones del querer

Es inevitable para todo ser sintiente sufrir al ver sufrir, y mucho más cuando se trata de un ser querido. Sin llegar a ser el mismo sufrimiento que el que lo sufre propiamente, se siente.
Dicho este prólogo, lo que uno quiere del otro intrínsecamente es su presencia. Y esto se hace palpable cuando la idea de muerte sobrevuela. Las variaciones de ese amor ( no se habla sólo de pareja, puede ser un hijo, un hermano, un amigo ) pueden ir desde la forma, la alegría, la dulzura, la verborrea, la tranquilidad o todo lo que ese ‘otro’ nos transmita. Pero, no obstante, cuando el amor es genuino todo eso puede desaparecer dejando al desnudo el hecho de que lo que amamos es la presencia del otro. Te quiero chueco, con un ojo colgando, con pocos dientes, sin pelo, ¿se te cayó el culo? más boludo que nunca, cada día más torpe, aunque no te rías. Claro que me encanta verte feliz, pero todo puede mejorar. Si hay vida, hay esperanza, y por eso hoy quiero que estés.

Los emisarios del tiempo

En todas las épocas han operado en las sociedades diversos tipos y géneros de organizaciones secretas tendientes a algún fin, con algún objetivo particular que las movilizaba, de las cuales luego los estudiosos de las mismas divulgaban, sin ningún tipo de crédito por parte de quienes tenían la desgracia de prestarle atención, sus casi siempre lúgubres fines y desarrollaban teorías alrededor de ellas con el sólo hecho de desentrañarlas, pero no arribaban a ninguna salida satisfactoria, quedando relegados al margen de la félix societé que, indiferente, seguía sucumbiendo a todo lo que ellas sembraban entre el crédulo público. Los tiempos actuales no se quedan rezagados en tal sentido y, a riesgo de quedar marginado como paranoico, estoy abocado a desenmascarar a una mafia que ha tenido gran preponderancia en la cultura de los últimos años en la sociedad que la vio crecer.

Uno de los modus operandi de ella es tal que, asistida y apoyada por la tecnocracia dominante, ha desdibujado una situación que se presentaba cotidianamente entre los integrantes de la sociedad como de lo más habitual, llevándola al motus de ridícula o de befa, quedando quienes la practican –antes como partícipes al día- ahora como pasados de moda o relegados en las antinomias de los vientos vigentes. Me refiero a la mafia del tiempo y todos sus agentes del pronóstico. Hasta hace no mucho tiempo, uno se podía pasar horas hablando en balde de lo que podría pasar, si garuaría, si haría frío, calor, ¿caerá granizo? ¿lloverán sapos? Si cambia el viento o a qué hora amanece mañana. Decenas de minutos, horas e incluso algunos días hablando del tema más común y trivial que la sociedad le había dado un lugar preponderante en sus principales temas de conversación. Hasta incluso se han escrito libros y se han filmado películas con ello como eje central y/o argumento. Es diferente a casos en donde en algún recinto, como puede ser un estadio de fútbol, un templo o una facultad, uno sabe de lo que se habla y está casi obligado a saber lo mismo, pues esa es su regla del juego. Pero desde hace algún tiempo, el tiempo mismo es un saber más en todo ámbito, una mercancía de intercambio que se troca, un conocimiento indispensable para poder vivir en plenitud. A la hora que se me ocurra, puedo (y debo) tener el conocimiento de todos los detalles del tiempo con quince días de antelación, y no importa si son aproximaciones, estimaciones o certezas, lo fundamental es que lo sé de buena fuente y con ello se terminaron todas las especulaciones que tanto tiempo le restaban a la gente en nimiedades para poder destinarlo, por ejemplo, a elegir cuál será el próximo celular que me dará el pronóstico extendido que me voy a comprar. Pero lo que es seguro es que no voy a mirar hacia arriba cómo está el tiempo porque lo sé bien desde hace dos semanas, y no quiero que se malinterprete, porque no es una crítica a este nuevo beneficio que vino de la mano de la globalización ( dicho sea de paso, si Das Chagas hubiese contado con una app que le dijera que iba a llover torrencialmente el 2 de julio de 1817 sobre Apóstoles, con criterio, hubiese postergado la batalla para otro día favorable a su tropa con lo cual hoy hablaríamos portugués y seríamos probablemente el imperio al que todos le rinden tributo, pero Andresito Guazurary, viejo conocedor del clima, lo derrotó bajo la lluvia dejándonos como herencia un país soberano y una yerba de primera calidad), pero lo que se debería observar con atención es que ya no podremos prescindir de él mismo, pues nadie en la calle te va a saber decir si tenés que llevar bufanda o por las dudas traer paraguas cuando los que se divierten manejando el ánimo y la predisposición de la población decidan abandonar sus prácticas tétricas de dar aviso a través de los medios o aplicaciones en teléfonos, tablets, computadoras y nuevos dispositivos por venir qué tiempo hará, pues a pesar de que lo saben a la perfección, tendrán otros medios más ingeniosos para captar la atención de sus fieles y ya aparecerán otros detrás de mí para sacar a la luz sus objetivos. Para ese tiempo, ya se habrá creado tal religiosidad del asunto que ni los más escépticos serán escuchados. Cada tanto alguna anciana se queja del frío pero enseguida le aclaran que estaba anunciado desde hacía tiempo y uno siente un poco de pena por aquellos que se vieron vilipendiados por el desarrollo. Ligado a esta tradición posmoderna, se encuentran aquellos que indirectamente te obligan a entrar en sintonía con tales vaticinios y, más allá de que tengas guardia el sábado o sepas mejor que nadie que caerán soretes de punta, te desean de corazón abierto “buen finde”. Pero nadie puede sospechar de su buena fe ni elevarle reclamo alguno. Ellos, quizás, enfrascados en saber que Cariló los espera con 30 de térmica, le auguran buenos designios a todo prójimo que se interponga en su trayectoria. Pero basta por el momento. Time is money. Hace un calor insoportable. Eso sí, el pullover no me lo pienso sacar hasta que caigan sus máscaras.

Si todo vuelve

Si todo vuelve: ¿Vuelven los choripanes? ¿Vuelve Mingo? ¿Y Aníbal contra los fantasmas? Que vuelva la alegría, la paz y el amor en la hermandad universal. Que exploten los globos y reviente todo de papel picado, que se llenen las plazas de hippies y olor a porro. Que vuelvan los malones de la barbarie a destripar la civilización. Que Don José cruce Los Andes a caballo, a pie o en bicicleta. Que Alvar Núñez cabeza de vaca invite a cenar a los indios. Que atómica sea solamente la felicidad. Que los intereses sean el bienestar, el trabajo y la fraternidad. Que las enfermedades duelan poco y la muerte sea una anécdota. Que vuelva el vino milagroso a partir de jarrones de agua. Que cada resurrección nos encuentre creciendo en lo humano y en conciencia. Que vuelvan las patacones de Patoruzú. Que vuelva el cine proverbial. Que vuelva la música sublime. Que vuelva a nuestros corazones ese sentir sincero de amor por la humanidad, la tierra y todo lo que la habita. Revolvamos los surcos cerebrales para que vuelva lo que nos hace feliz. Y se quede a vivir con nosotros, en esta eternidad de ir y venir, de compartir, de amar lo noble, lo digno, lo bueno, lo bello. Y la verdad. Que sea, en una palabra, realidad.

El paso del tiempo

¡¡Cómo pasa el tiempo!! ¿Cómo pasa el tiempo? La noche sigue al día, el día a la noche; al amanecer el mediodía, a la tarde el atardecer. Cae la noche y le sigue el día, y así sucesiva y extensivamente. Al invierno le sigue la primavera, al fin del calendario un nuevo almanaque; al verano le pisa los talones el otoño, y tras éste llega el invierno, crudo y frío. A agosto lo sigue septiembre y al martes, indefectiblemente, le sigue un miércoles. ¿Y qué hay después de un sábado? Claramente, un domingo. A las tres pm le sigue las 4pm y, tras la medianoche, comienza un día antes de que amanezca.
Así pasa el tiempo, y yo pensando cómo pasar el tiempo.