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El caso del rosado ocaso

No sé en verdad si alguien ayer
se tomó el tiempo para ver
un maravilloso atardecer
luminoso, lleno de poesía
de paz, candor y algarabía
que encantara al alma mía.

Por las dudas, dije esto lo anoto
disculpen, pero le tomé esta foto,
con el celular, saca bastante choto.

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Confluencia

Hay dos fuerzas, dos modos de energía, que no llamaremos bien y mal, ni inteligencia y estupidez, ni luz y oscuridad, ni orden y caos, ni educación e ignorancia, que conviven en el ser humano y, por tanto, en la sociedad. La apariencia puede darse en una de ellas o en otra, pero en la balanza sideral de ambas hay un perfecto equilibro. A una de ellas podríamos llamarla Armonía y a la otra Discordia. Ambas, digo ambas, interactúan al nivel del pensamiento y, por ende, en el comportamiento de los seres. Es claro que donde reina Armonía, no hay lugar para Discordia; y donde manda Discordia, se esfuma Armonía. El estado de los seres más terrenales es la Discordia, en tanto que las almas evolucionadas viven en Armonía, pero el estado de los seres pueden variar tranquilamente. Cuando Discordia ha avanzado a un estado tal que se torna irreversible, aparece la Senilidad como una degradación de Discordia; en tanto, que cuando Armonía se ha estabilizado, desaparece en Sutileza, como ápice de Armonía. El ser humano se bate entre éstas fuerzas o energías -llamadas así por carecer de un término más apropiado- a lo largo y a lo ancho de la existencia. Lo que vemos como movimiento, actividad, es la interacción de éstas fuerzas. Cuando se debaten ideas, conceptos, cuestiones, son éstas fuerzas las que pujan por dominar. Cada una con sus beneficios y ventajas, en todos los tiempos, son éstas fuerzas las que seducen al ser humano, a la sociedad, a la naturaleza, y con su guía lo/la conducen a terrenos que con distintos placebos otorgan diversos tipos de gozo. Si bien, el fin último de éstas fuerzas es la felicidad de los seres y los modos pueden ser simulados, Discordia apunta a la felicidad a través de la supremacía, mientras que Armonía representa la felicidad ante la tolerancia del equilibrio de fuerzas. Por eso la supremacía de Discordia conduce a la Senilidad. Cuando Senilidad toca su fin, Armonía restaura el equilibrio original luego de inmensos sufrimientos para los seres y su confluencia con Discordia retorna a la puja habitual, tanto en el ser humano, la sociedad y la naturaleza. Cuando el ser humano habla, es posible reconocer Armonía, Discordia e incluso Senilidad, pero no Sutileza. Sutileza es quien reconoce éstos tres.