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Encuentros interestelares V

Anoche tuvimos novedades. De las buenas y de las malas. Las buenas, que además fueron sorpresivas, es que Ali es hembra ( no diremos mujer para que las terrícolas no se ofendan ) y además ¡¡está embarazada!! Ella nos contó que tras la fecundación se van gestando los diferentes embriones que luego dará a luz. La imagen fue tomada del aparatito de Ali que es una especie de ecografía, en el que vemos embriones de distinta edad, algunos muy recientes, por lo que no sabemos aún el número final. Lo celebramos en La Robla, y a pesar del mal tiempo lo pasamos lindo, entre pizzas y cervezas, incluso Ali se animó a cantar. Allí fue que Ali finalmente se despidió porque mañana ( por hoy ) tienen un encuentro en Córdoba capital.
La acompañamos al ascenso a la nave espacial y nos quedaron dando vuelta varios recuerdos y muchas preguntas que, quién sabe, cuándo serán respondidas por la ciencia moderna.

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Encuentros interestelares IV

¡¡Qué día!! Con la lluvia con Ali nos quedamos en casa a jugar a la generala, pero ahora tenía ganas de ir a hacer unas compras así que nos dejó un rato, quedando un poco preocupados por si algún coterráneo lo quiere raptar.
Ali nos contó por qué no le gusta que le digan marciano. Nos explicó que en Marte vivía una raza bélica que invadió su planeta, cercano a Betelgeuse, y tuvieron que reconstruir todo. El problema para esa raza marciana fue que no toleraron la atmósfera del planeta de Ali y se desintegraron. Dice que no todos los marcianos son así, pero tienen mala fama.
A la noche vamos a ver alguna en Netflix, pero Ali nos pidió que la cortemos con la ciencia ficción.

 

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Encuentros interestelares III

Mientras espero, laboriosa tarea que todos desmpeñamos, les cuento que anoche fuimos con Ali a camuflar el aparato que usa para descender y ascender a la nave espacial que sigue en suspensión ( que funciona con atributos de camaleón a la luz del día, por eso no la vemos a simple vista, y de noche apagan las luces, excepto cuando alguno va al baño ). El nombre de dicho aparato que pueden apreciar en la imagen que tomamos antes de camuflar en el descampado, que no vamos a ubicar dónde está porque se llenaría de curiosos, es algo así como ‘phyrolátigu’. Y les digo algo así porque cuesta entenderle todo a Ali, pero hacemos lo posible ( después de ésto nos van a querer contratar como traductores de toda la galaxia ). No obstante, debido a que la fonética es similar nosotros lo llamamos pterodáctilo. Ali nos anticipó que pronto va a subir con el pterodáctilo a la nave y nos va a abandonar, por lo que, de a poquito, nos empezamos a despedir.

 

Encuentros interestelares II

Bueno, al final nuestro visitante de anoche anduvo por acá y nos dejó este artefacto de regalo que, al parecer, funciona como una especie de láser que quema con su haz de luz verde ( zoom sobre el punto negro ), pero sólo sobre objetos, no así en personas, animales, insectos ni plantas ( lo probamos en un jazmín para corroborar ).
El marciano a quien nosotros de cariño lo llamamos Ali ( diminutivo de alienígena, a quien no le gusta que le digan marciano, pero eso es otra historia ) nos dijo que iba a tomar algo al Bar y volvía. Lo estamos esperando para cenar, aunque no sabemos aún si las milanesas con puré son de su gusto.

 

Disfraces (You may say I’m a dreamer )

En la pantalla se proyectan dos filmes: uno es “Retroceder nunca, rendirse jamás”; el otro no sabemos, pero tiene el logotipo de Volver. El aparato está en silencio y en otras habitaciones se escucha música que distrae la atención. Las letras y los sonidos se entrecruzan y uno se forja una mezcolanza de nociones y rumores que se sazonan en la ensaladera de plata de la copa Miles Davis. Los setenta, los sesenta, miran para un lado; el dos mil cien no quiere ni mirar. Miles es quien enciende la fogata y ellos aprovechan para fotografiarla en su radiante Luz.

“Y dónde están ahora los geniales científicos
Inventando la bomba de rayos pacíficos”.
Gente del futuro – Miguel Cantilo

“Cuánta verdad… que hay en vivir
solamente, solamente importa
el momento en que estás.
Sí, el presente y nada más”.

Presente – Vox Dei

“Pobre eres si no llevas repletas las arcas
de tu corazón”.
Buen día, día – Miguel Abuelo

El guardaparques con un matafuegos finiquita la ceremonia y la juventud se dispersa. Los unos buscan reggaetones; los otros, cazan pokemones. Mirando las cenizas, Miles ve claramente el rostro de John Lennon… o lo imagina.

Pinceladas IX

Las acciones habían captado la atención hasta el momento en que el movimiento se detuvo. Pero, ¿esto es posible acaso en el tiempo? Una máquina detenida puede llamar la atención, pero no por su inmovilidad, sino por su apariencia temporal. Un gorrión, difícilmente aunque sí lo puede hacer con su veloz y corto vuelo o con su diáfano canto, no así en su inusitada quietud. Igualmente, en Punta Alta los gorriones no ocupan espacios en los diarios digitales, pero las máquinas –sobre todo los vehículos- llenan las páginas de novedades y, justamente, en una de ellas me entero que un amigo ( Juan José ), que no veo hace tiempo, se accidentó cuando ingresaba a la 229 en el cruce de entrada a Villa del Mar y, en el acto, pereció su mujer, Guadalupe. Utilizo el teléfono de la oficina para llamar al hospital y, luego de varias intentonas, logro obtener su parte médico: tiene fracturas en costillas, y otra fractura en un brazo; tuvo hemorragias internas, por lo que hubo que hacerle una intervención quirúrgica de la que salió bien, aunque está en terapia intensiva, en estado delicado y con pronóstico reservado. Reservo una corona ni bien corto, por precaución. Pero la nostalgia me invade en una ráfaga de sentimientos y sensaciones de otros tiempos: Juan José aplaude desde la calle cuando ve que Charles está en la puerta. El pequeño perro que mi tío le regaló a mi abuelo impone terror en mis amigos, por eso el que más seguido viene a buscarme es Juan José, que es el más corajudo; si no, me toca buscarlos a mí o bien dejar a Charles en el patio. Lo escucho y salgo. Caminamos bajando la pendiente de la calle Espora y continuamos hasta donde no se avizoran casas. Todo es un lugar sin explorar, una dimensión del mundo desconocido en el que vivimos y se despliega ante nuestros ojos. Lo recorremos con curiosidad y ante el menor detalle nos asombramos. ¡Mirá!, me señala Juan José, ¡un topo! Y lo observamos hasta que se nos pierde de vista en una oscura cueva subterránea. A unos pasos una víbora repta hacia nosotros y huimos despavoridos hasta caer a un pozo o excavación, donde un tractor extrae arena que deposita sobre un camión. De la curiosidad pasamos al desencanto cuando, al mirarnos, comprendemos que esa exploración era nueva sólo para nosotros, por lo que sin mediar palabras nos vamos, de regreso, al mundo conocido en el cual nos despedimos, apenas, con una mirada que nos deja solos con un sentir común. Mis ojos giran nuevamente hacía Juan José y veo que me guiña un ojo, que logro ver a pesar de la oscuridad de Mikonos, cuando se adelanta para bailar a la par de Guadalupe, mientras me doy vuelta para buscar un trago. La cabeza gira instintivamente buscando la mirada de Juan José y lo veo a través del vitral de la sala en el hospital con Maximiliano, su primogénito, en brazos, con los ojos humedecidos y una amplia sonrisa. En una mirada profunda, el tiempo queda en segundo plano, y el lazo que nos une en la eternidad nos da la sentencia de lo superfluo del resto de las cosas. Ahora son mis ojos los que están humedecidos y los puedo ver en el reflejo de los ojos vítreos del médico que me da la noticia de su deceso, mientras ensaya con las facciones del rostro una conmiseración al sentimiento que no puedo ocultar. Tras estrechar en un abrazo a su padre, enseguida paso a despedir los restos que yacen dentro del cajón. Y, claro, son sólo los restos porque todo lo central en Juan José se disolvió en el universo y ahora es parte de la Vida.

( Por qué Vida con mayúscula, le pregunto con aquella curiosidad de explorador; y Juan José, lejos de mirarme, me responde con suavidad: porque es el soporte de tu vida minúscula ).