Se nos muere la cultura…despacito

-Señores, la literatura ha muerto. -dijo enfático el General- La gente no lee, los pocos que leen leen puras mierdas y los que quisieran leer no encuentran qué leer entre tanta mierda que se escribe a diario. Leer pasó de moda, escribir no. No hay amor por la lectura, sólo adicción en unos pocos casos, deleite en escasos.
-¿Y qué propone, General?
-Tenemos dos opciones: o destruimos todo lo escrito o reducimos notablemente la población del reino.
-Lo escrito son nuestros tesoros de lo que dejó la humanidad. No nos podemos dar el lujo de perderlo. -sentenció el sargento Irrazábal.
-Una pieza de arte tiene valor en tanto haya quien la admire, la contemple, la comprenda.
-¿Destruir todo y comenzar a construir patrimonio cultural desde la bancarrota?
-Es eso o…. -el General dudó por un instante.
-¡Ni pensarlo! Nuestra población podrá estar integrada por necios, brutos y retrógradas, compulsivos, maníacos y neuróticos, pero es sagrada. Cada mujer, cada niño, cada anciano merece nuestro respeto, nuestro cobijo, nuestra dedicación.
-¡Cierto! Además, no podemos obligarlos a leer si ya no les apetece y prefieren dilatar sus pupilas al ritmo del reggaetón o pinchar en dibujos de caritas en pantallas.
-Calma señores -dijo el General- Nadie será aniquilado.
-¡Bravo! -exclamaron varios subalternos al unísono.
-¡Bien!
-¡Bravo General!
-Destruiremos todo lo escrito hasta aquí. Utilizaremos nuestro arsenal para hacerlo de manera metódica, regular y veloz.
-De acuerdo. -dijo resignado el sargento Ibáñez. Los otros bajaron sus cabezas y algunos comenzaron a lagrimear.
-Cada uno de ustedes le dará las directivas correspondientes a cada escuadrón especial. -afirmó el General.
-Comprendido, General.
-Usted, sargento Ibáñez, dirigirá la comitiva de seguimiento de destrucción en las redes.
-De acuerdo, General. ¿Por dónde comenzaremos?
-Me destruyen ya mismo el contenido y rastro de todos los putos blogs. ¡Que no quede uno en pie sobre la nube!
-¡Escuadrón!¡ ¡Andando!! Tenemos mucho trabajo por hacer.

4G

Segundo Décima era un rockero de cuarta. Pero de no cuarta categoría como podría presuponer algún desprevenido, sino de cuarta generación. Cuando todos iban por la segunda, él metía quinta a fondo. Sin embargo, no fue sino hasta su sexto disco cuando lo reconocieron en una premiación en la que había sido ternado como artista revelación. Segundo, no obstante, se rebeló y no asistió a la entrega quedando la estatuilla en manos de su manager, quien la vendería luego para comprar chocolates. Décima tenía la particularidad de haber sido el primero en fundar un quinteto de vientos en esa categoría musical. Una de las canciones de dicho disco, titulado “Noveno cuarteto” disparó algún tipo de controversia con sus colegas. Parte de su letra daba parte de la filosofía que encaraba Décima en aquél tiempo:
A Dios gracias, existe el olvido
santo remedio final
en el que se desvanece mi mal.

Los más agitados fueron sin dudas Los tipitos, quienes pusieron el gritito en el cielo. Segundo Décima, lejos de retractarse, lo reafirmó en sucesivas canciones posteriores, sobre todo en el octavo hit del duodécimo disco ( dicho sea de paso, éste alcanzó a ser Disco de Níquel con las ventas al público en su primer año ), que sentenciaba en un pasaje del mismo:
La memoria en su tiranía
no cumplirá la promesa,
finalmente te olvidaré
tengo absoluta certeza
fue falsa la travesía
de mí te desterraré.

A pesar de sus numerables logros, Décima cayó con su último disco ( el vigésimo ) en el olvido del público. Los jóvenes no escuchaban sus canciones ni las tomaban en consideración. Los más veteranos, por su parte, reconocían que Segundo había perdido el ímpetu que caracterizó sus comienzos en la música. Se despidió con más pena que gloria dejando su vocación definitivamente tras la trágica muerte de su mujer, la afamada actriz Gloria Penna, en un accidente automovilístico. Hoy Décima pasa sus días recluido en su chalet de la cuarta avenida, alejado de la música, a la cual no destina ni una décima de segundo de su vida.