Próximamente ensayo

Títulos para eventuales ensayos:

-Orticultura y posmodernidad a la luz del alba y las pantallas.
-¡Qué pedo! Duración, calidad y composición de flatos en las redes sociales.
-Sel o no selfie. Cambio de carátulas en la existencia imaginaria en tiempos de posverdad .
-Todo es ya. En la era sin tiempo no hay tiempo para el ahora.
-Cómo rifar la atención con un par de clics y touchs ( esto sería una suerte de autoayuda ).
-El hedor de la palabra. Sobrevaloración de la opinión en épocas de individualismo extremo.
-¿Y dónde está el sujeto? El ser humano en el limbo de la masa abtrusa.

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Blas blasfema

La política es la herramienta con la que cuentan los pueblos para cambiar la bla bla bla… por eso la democracia bla. Además, es el pueblo el que elige bli bli. Por ello, es importante que apoyemos el progreso bluf bluf si no estaríamos como hace quinientos blas. No perdamos la bla bla ni el habla. Pronto seremos Suiza. Blu.

Arte, literatura y comodidad

Uno de los motivos de por qué no se lee literatura en la actualidad ( o se lee poco y nada ), pienso, es por la excesiva comodidad en nuestra sociedad occidental y la búsqueda de tal. Cuando el lector se enfrenta a un texto, debe moverse para interpretar, entender, reformular lo escrito. El lector es partícipe, no mero espectador. Esto no siempre pasa con otras artes, como las audiovisuales, o debería pasar, pero no se evidencia mucha receptividad, debido a la explotación del entretenimiento para con los sentidos de la vista y el oído. El arte, en esos casos, no siempre mueve, o la experiencia artística es limitada. Pero más allá de eso, si es una apreciación pobre o carece de vigor, lo paradójico del asunto es que para leer,como condición casi necesaria, se tiene que estar cómodo .

En castellano, s’il vous plait

Dan bronca los escritores que, de lengua castellana, se molestan en dar a entender ciertas cosas en inglés. Uno se pregunta a esta altura si lo hacen porque, considerando la perspectiva socioeconómica con el liderazgo de EE.UU. su literatura alcanzará un grado superlativo entre sus lectores (quienes vienen siendo castigados con que el idioma del futuro es aquél y si no lo adoptan se quedarán sin interlocutores o barbaridades por el estilo) o creen que versando en ese idioma tienen dotes superiores ( al lector ). A esta altura, todos saben que el idioma del futuro es el koshiqua, instalado desde hace años en nuestra akdoha, cuando nos visitaron los Idrics en su primer incursión en la trastomera. Ya quedaron sepultados en el usurduo aquellos tiempos en que todos vaticinaban que el lerícogo haría grampondios en nuestro lenguaje aranatavio, que algunos españoles habían sabido esterotrifar en nuestras tierras mandárigas. Por fin, el koshiqua fue adoptado por los frenotopos aranatavios y nit-arantavios y jot es cosa de lupus los días entrelacarse con un jamengo a perilofar en usurecto koshiqua, para granulfa de tambos. Por lo tanto, tresquinores comeriemda, dejen de sorocavar en idiomas que caca entienden hunos mocos de costras actitudes. Edicto.

Carta a los seguidores del blog

Punta Alta, 1 de septiembre de 2017

Queridos blogolectores:

En éstos tiempos donde -más que nunca- leer es un placer y sólo pueden darse ese lujoso gusto aquellos que tienen algún tipo de fe en las letras, es interesante ver cómo se desenvuelven éstas entre nuestros conceptos previamente adquiridos y qué lugar le damos a lo que leemos entre las telarañas de lo preconcebido. Es por ello que al escribir ( y por ende, ustedes, al leer ) la comunicación puede tornarse fluida y estrecha entre dos sensibilidades, en éste caso el autor y el lector, o se vea tristemente entorpecida pues lo expuesto no tenga ninguna llegada al mismo, sea porque lo expresado no le dice nada, no le agrada o le es indiferente. En todo caso, mucho de lo escrito tiene que ver con lo vivido por ambos, por lo pensado, por lo creído, por lo entendido, y de allí surge la posibilidad de una comunicación entre el autor, con su escrito, con el lector, a través del mismo. Ésto trae aparejadas dos cuestiones: una, es que el lector se interese por la obra del autor del escrito y quiera conocer más; la otra, es que el lector se involucre con el escrito y tenga interés en comprender lo expuesto. En ambos casos, la comunicación se abre a nuevas dimensiones, más allá de que el lector tenga algún tipo de relación o no con el autor. Dicho esto, no quiero dejar pasar la oportunidad de invitarlos a visitar mi otro blog, a quienes no lo conocen, La otra mitad ( https://laotramitad.wordpress.com ), donde podrán encontrar textos de diversa índole, entre poesías, cuentos, relatos y otras yerbas, donde podrán leer y degustar más letras del mismo autor, con diversas cuestiones expuestas e indicios de otras no tan expuestas.

portada la otra

Si bien, la cultura que embebe al autor, dada por su país de origen y residencia, los medios, la educación y demás, y al lector, a veces puede ser una distancia insalvable, si se han interesado por algo de lo que aquí publicado es claro que se tienen cosas en común en nuestro carácter de seres humanos y es por ello que puede haber claramente comunicación, placer en la lectura, reflexión y alegría entre las letras y diversos y variopintos motivos para seguir los blogs, y con seguir no quiero decir apretar el botón donde dice seguir, sino interesarse en la obra del autor de los mismos que está destinada al lector. Al día de la fecha, hay publicadas más de trescientas entradas, entre cuentos, poesías y diversos textos, además de los cuentos y narraciones más extensas que pueden descargar aquí mismo, por lo que no se pueden quejar, al menos de aburrimiento, en todo caso sus protestas y reproches podrán viajar por otros canales, por lo que deberé pulir mis nuevos textos para seducirlos.

Sin más de momento, espero disfruten su visita por Circo lunar y nos veremos, letras mediante.

Saludos, Leandro.

Cómo convertir un texto malo en uno bueno en minutos

Lo primero a tener en cuenta es que un texto malo se puede obtener tanto de producción propia como ajena ( salvo que usted tenga una opinión de sí mismo demasiado alta y se crea incapaz de escribir textos malos ). En este último caso se debe tener en cuenta que la obra puede ser denunciada como plagio por lo que se debe tener preparado algún tipo de defensa de la misma, si se desea conservar los derechos de la obra.

Lo siguiente es llevar el texto escogido previamente a un estado en que se visualice claramente como incompleto. Para ello, se puede suprimir uno o varios párrafos, oraciones o simplemente algunos sustantivos. Una vez realizado esto procedemos a la lectura del texto en voz alta, para percibir cómo suena al oído. Si es posible, se lo leemos a alguien que nos pueda llegar a dar una opinión valiosa del mismo, si sabemos que nos valorará positivamente mucho mejor.

Posteriormente, añadimos párrafos u oraciones ( no importa si son malas o buenas ya que el veredicto lo obtendremos al final por la obra en su totalidad ) en el sentido que más nos plazca. No escatimemos deleite. Hacer lo que más nos gusta es importante porque eso es lo que después leerá el destinatario de nuestra agraciada obra. Utilice oraciones en imperativo con moderación. Interactúe con la comprensión del lector, pero no lo adule en demasía pues puede ser muy perspicaz y quizá abandone la lectura antes del éxtasis final al que se lo que quiere llevar.

Luego, para darle mayor importancia a lo que usted ha escrito y/o robado por ahí, reemplace varios verbos por otros que no necesariamente compartan el mismo significado. No se preocupe aquí por el sentido del texto y cuestiones fútiles de esa índole. Recuerde que usted tenía entre manos un texto malo, por lo que aquello que decía allí era pura vanidad, nada de mayor relevancia. Emplee verbos desconocidos para el lector común, quien sin dudas tendrá por usted la mayor estima cuando tenga que recurrir a un diccionario para entender qué ha estado expresando usted.

Utilice libremente su sexto sentido: el humor. Hacer reír y dar qué pensar es siempre valorado por la inteligencia del ser humano. A veces la combinación de dos o tres palabras puede justificar una lectura de poco genio. Si tiene pocas ocurrencias manifiéstelo con lo mejor de su capacidad: yo no sé.

Cada vez que incorpore un párrafo, piense si realmente hay necesidad de él. Si la respuesta es negativa, añádalo sin culpas pues para todo lo innecesario hay un mercado gigantesco que comercializa un sinnúmero de productos y, finalmente, su obra no escapa a esta ley.

Si puede establecer dentro del texto alguna polémica, como por ejemplo declarar que a pesar de tanto entretenimiento que se vende aquí y allí el hombre sigue sufriendo como hace dos mil quinientos años, o peor aún, más informado, hágalo abiertamente. Recuerde que el lector agradecerá la verdad, aún cuando tenga temor a ella de manera infantil, pues es benigna y abierta. Sin embargo, si usted la desconoce no se exprese como si supiera lo que está declarando pues los reproches no tardarán en llegar y con ellos la desazón del lector.

Finalmente, quite toda ambigüedad que el texto pueda dar. Borre sin límites todo aquello que invite a la duda y a la desconfianza. Usted debe brindar certezas. Un texto endeble seguirá siendo malo, mientras que aquél que le dé cierta saciedad al lector será considerado por éste como aquél que le salvó el día, y no digo que lo tenga como uno de los mejores que leyó, pero sí como uno al que considerará sinceramente bueno.

Y… ¡voilá! Lo ha logrado.

Menudencias II

Esta mañana me pasó algo curioso. Entré al inodoro y salí por el del vecino. Caminé embadurnado en líquidos cloacales y materia fecal por la habitación en busca de una toalla para limpiarme un poco, pero no la hallé. Regresé al baño y me di una ducha con detergente para higienizarme bien. Cuando me estaba secando con una remera, por el inodoro asomó un vecino ( otro ) que estaba buscando enajenado a su mujer que se había fugado con el panadero por el desagüe del bidet.