Monólogo de Laurelio

En Argentina el 13 de junio se celebra el día del escritor en homenaje al nacimiento de Leopoldo Lugones ( 1874 ). Hago extensivo el saludo a todos mis colegas de otras latitudes.
¡Salud!

 

Cuenta el poeta que es poeta, y vive
con este engaño soñando,
despertando y poetizando,
y algún elogio recibe
por lo que su tinta escribe
que en cenizas se convierte
y con suerte vence a la muerte.
¿Qué hay quien intenta escribir
con metáforas y símbolos decir
en papel, por no gritarlo fuerte?

Cuenta el loco con su locura
que la soledad le ofrece,
Cuenta el narrador que perece
ante una musa y su hermosura;
Cuenta el vil mal sus proezas
cuenta el ladrón lo que pretende
cuenta mentiras y no se ofende
y en el mundo, en conclusión,
todos cuentan su ilusión
aunque ninguno comprende.

Yo cuento que estoy aquí
detrás de un papel en blanco
y cuento el cuento de un manco
que de un quijote leí.
¿Qué es el cuento? Una lección.
¿Qué es el cuento? Una ficción.
Un símbolo, una ilusión.
Y el menor cuento es hermoso:
que toda la vida es cuento
y los cuentos, cuentos son.

Magistral

Sensual, sugerente
magistral curvatura,
dime Luna indecente
¿cómo mantienes tu figura?
¿Vas al gym, haces dieta?
Regalame tu receta
para tan esbelta hermosura.
Llevarte a pasear quisiera
un día en mi bicicleta
como Carlos a Shakira
¿o soy muy caradura?

Estado de bienestar

Todo está bien.
La música es sublime
Las poesías sutiles
La política generosa
La sociedad goza de buena salud
El hombre es altruista
La gente muy inteligente vive feliz
El amor brilla en cada esquina
La comunicación es fluida
El cine es trascendental
La televisión sacra
Los medios informantes son fieles al público
El electorado es educado
Los precios de las cosas accesibles
Y los colchones son muy confortables.
Buenas noches.

 

Se nos muere la cultura…despacito

-Señores, la literatura ha muerto. -dijo enfático el General- La gente no lee, los pocos que leen leen puras mierdas y los que quisieran leer no encuentran qué leer entre tanta mierda que se escribe a diario. Leer pasó de moda, escribir no. No hay amor por la lectura, sólo adicción en unos pocos casos, deleite en escasos.
-¿Y qué propone, General?
-Tenemos dos opciones: o destruimos todo lo escrito o reducimos notablemente la población del reino.
-Lo escrito son nuestros tesoros de lo que dejó la humanidad. No nos podemos dar el lujo de perderlo. -sentenció el sargento Irrazábal.
-Una pieza de arte tiene valor en tanto haya quien la admire, la contemple, la comprenda.
-¿Destruir todo y comenzar a construir patrimonio cultural desde la bancarrota?
-Es eso o…. -el General dudó por un instante.
-¡Ni pensarlo! Nuestra población podrá estar integrada por necios, brutos y retrógradas, compulsivos, maníacos y neuróticos, pero es sagrada. Cada mujer, cada niño, cada anciano merece nuestro respeto, nuestro cobijo, nuestra dedicación.
-¡Cierto! Además, no podemos obligarlos a leer si ya no les apetece y prefieren dilatar sus pupilas al ritmo del reggaetón o pinchar en dibujos de caritas en pantallas.
-Calma señores -dijo el General- Nadie será aniquilado.
-¡Bravo! -exclamaron varios subalternos al unísono.
-¡Bien!
-¡Bravo General!
-Destruiremos todo lo escrito hasta aquí. Utilizaremos nuestro arsenal para hacerlo de manera metódica, regular y veloz.
-De acuerdo. -dijo resignado el sargento Ibáñez. Los otros bajaron sus cabezas y algunos comenzaron a lagrimear.
-Cada uno de ustedes le dará las directivas correspondientes a cada escuadrón especial. -afirmó el General.
-Comprendido, General.
-Usted, sargento Ibáñez, dirigirá la comitiva de seguimiento de destrucción en las redes.
-De acuerdo, General. ¿Por dónde comenzaremos?
-Me destruyen ya mismo el contenido y rastro de todos los putos blogs. ¡Que no quede uno en pie sobre la nube!
-¡Escuadrón!¡ ¡Andando!! Tenemos mucho trabajo por hacer.

Pinceladas VIII

¿Queda alguien en Punta Alta que recuerde cuándo se le cambió el sentido a las palabras? Tengo un mundo de sensaciones que te quiero regalar, pero no es un mundo, es un cúmulo, como cada persona. La publicidad lo decía como bondad, porque así se lo suele creer, para no considerar la posibilidad de fraude. Es más sencillo la pasividad de aceptar el engaño que el rol activo de considerarlo. La palabra mundo se refiere al todo, pero ahora sólo se suele utilizar para designar un conjunto, el cual es un reducto. Entre esas cavilaciones andaba cuando llegué al reducto laboral y me vi rodeado de cúmulos, cada uno en su mundo vacío. Pero cada tanto, el hechizo se rompía y nos encontrábamos en el mundo, tal vez por alguna gracia que nos hacía reír o un sentimiento añejo que nos despertaba en la unidad de esa realidad. La única. Pero eso duraba poco y las espacios que separaban unos cúmulos de otros eran abismos en el tiempo que procurábamos cruzar con la cordialidad del ambiente laboral. Aunque sólo era en nuestra imaginación donde estos cúmulos tenían lugar y no en la realidad donde nada nos separaba. Más abajo, estoy separado de mis compañeros por algunas paredes o vidrios cubiertos con cortinas que le dan cierta privacidad a las actividades de cada uno. Pero a mi lado, sin paredes ni cortinas que separen los ambientes está Marisa, que cada tanto baja de su nube y me dibuja una sonrisa. Entonces, le retribuyo con pinceladas de caricias que no ensayé, pero igual la alegran, sin preguntar si fue improvisación pura o espontaneidad natural y me ofrece un café. Acepto sin condiciones y me envuelve una nube de sentimientos mientras la veo alejarse por el pasillo. Después llueven lágrimas y algún sudor por la frente, que seco con el pañuelo bordado, y ahí me doy cuenta que el aire acondicionado no está funcionando. Llamo al encargado del mantenimiento para comunicarle el desperfecto, pero me da ocupado. Me levanto para ir al baño y la silla se me queda pegada en el pantalón. Estimo que ha sido otra broma de Abel. Camino con la silla a cuestas por el pasillo y escucho una carcajada cuando paso por su oficina. Sin dudas fue él, pero no me detengo pues el baño me está esperando impaciente. Al entrar, trabo la puerta con el pasador y me saco el pantalón con silla dejándolos en el piso. Cuando me doy vuelta, quiero levantar la tapa del inodoro y observo que está pegada al mismo. Busco los tornillos de plástico en la parte de atrás, se los quito y con toda la fuerza arranco la tapa. Después, al pantalón no logro despegarlo de la silla ni viceversa, por lo que me lo coloco con silla y camino hasta la oficina de Abel. Él se recuesta sobre la silla en la que está sentado y la hace girar con aires de triunfo dando vueltas sin detenerse ni brindarme una solución. Bajo las escaleras de entrada con la silla a cuestas ante la risa contenida de algunos curiosos y, al llegar al estacionamiento, me quito pantalón y silla para subir al auto, dejándolos en el asiento trasero. En algún tramo del trayecto a casa, hay un control policial y me veo obligado a detenerme. Una mujer policía me pide la documentación y, al verme en calzoncillos, me pide que descienda del vehículo. Trato de narrarle lo ocurrido, pero no me cree, a pesar de que intento mostrarle la silla detrás. Enseguida, me pide que sople sobre una boquilla de plástico. Pero cuando estoy por soplar, estornudo sobre el uniforme de la agente, quien se ve ofendida y molesta al ver la excreción en su vestimenta y, en un rapto de asombrosa destreza y potencia, me esposa y me sube al patrullero sin que pudiera ofrecer resistencia. La lluvia torrencial que cae mientras viajamos hasta la comisaría me da la sensación de que bajo ese manto de nubes los cúmulos que nos separan se disgregan y se conforman en aquél, pero al llegar, entre dos oficiales, me dejan en un vetusto calabozo confirmando la separación. ¿De qué se me acusa, oficial?, le pregunto. Ebriedad y resistencia a la autoridad, me dice antes alejarse y dejarme en la soledad del mundo y alejado de otros nubarrones.

Amor en llamas

-Decime algo profundo.

-El gordo busca reventar porque se cansó de creer en las filosofías que le vendieron.

-¿Qué gordo, mi amor?

-El gordo Alfio.

-Ah! No lo conozco…

-¡El gordo! En general.

-Igual, no me gustó. Decime otra cosa.

-Realidad es madre de ilusión y abuela de fantasía.

-Eso está bueno. ¿Quién lo dijo?

-Yo.

-Andá. Mirá que lo vas a decir vos… lo habrás sacado de algún lado.

-El hombre que juzga todo raramente es justo.

-¿Por qué?

-Sabe más del vivir una hormiga que lo dicho en un libro de autoayuda.

-Sí, pero no habla.

-La psicología es al bienestar lo que religión a la paz.

-Mmmmm

-Todos tienen los días contados, pero algunos se obsesionan con el almanaque.

-A mi me gustan los que vienen con un gatito.

-La memoria teje el laberinto de lo que nunca seremos.

-Siempre quise ser cantante.

-Las palabras que brinda el orador difieren semánticamente de las del oyente.

-Tengo sueño….

-El hombre que se envuelve en sueños, ni en sueños se despierta.

-Ja ja.

-La risa es el vestigio que han dejado los dioses al abandonarnos.

-Callate. Dame un beso.

-Ósculo abrupto, amor corrupto.

-¡Qué me importa! Decime que me amás.

-Te amo con todo mi ser.

-¡Cerdo! Bésame.

Entrevista a un escritor fantasma

Novelista, cuentista, dramaturgo, Mario Amado Real responde a nuestras inquietudes con sinceridad.

¿Cómo te llevás con la muerte?
Bien. Sin ir más lejos, ayer tomamos un café y pagó él.

Ella…
Bueno, es el problema que tenemos con aquellas entidades que no tienen forma. Igualmente nos tratamos de usted y no hubo sexo, por lo que no podría hacer una aseveración contundente.

¿Como Dios?
Ese es otro ejemplo. Pero en algunos casos la divinidad ha descendido a la forma y se confunde a la misma, creyendo que Dios es hombre o mujer, según sea el caso, lo que no viene al caso.

¿A qué edad comenzaste a cuestionar la realidad?
Nunca cuestioné la realidad, sino las ideas que se tienen de ella. Vivimos en mundos hechos de ideas y de pensamientos y luego consideramos a ellos como la última verdad. Son esas ideas y pensamientos en los que indago o clarifico de qué estamos hablando, los cuales nos han llevado a vivir una existencia puramente conceptual o imaginaria.

Sin embargo, para muchos no existe otra realidad que la propia imaginación de uno…
Un laberinto entretejido de imágenes y palabras parecido a una prisión, sólo que autoproyectada.

Lo cual nos aleja de la realidad…
No creo que pueda uno alejarse de la realidad, por más que se intente el aislamiento con todo tipo de entretenimientos. Uno puede alejarse de situaciones, de eventos o de cierta gente, pero la realidad lo acompaña donde esté. Qué decir de alguien que vive en una isla solitaria alejada de toda otra civilización, la realidad está también ahí con él. Suele suceder que hemos tomados el término “realidad” en diversas acepciones totalmente relativas, generalmente de los medios y ahí es donde caemos en acrobacias intelectuales jugando con las mismas palabras y luego nos perdemos en ellas. Aunque las palabras son idénticas, los significados que les damos de uno en otro varían. Volviendo a tu pregunta, nada nos aleja de la realidad porque está aquí con nosotros siempre.

No obstante, para algunos la realidad es el paraíso y para otros un infierno.
Es la subjetivación de las ideas, pero la realidad no es meramente un concepto entre otros, sino que es la negación de todos los demás conceptos, por hacer una aproximación en palabras a algo que no puede ser verbalizado.

En tu obra, hay personajes que suelen interactuar en escenarios de la vida cotidiana, intercalando episodios fuera de lo común o irreales, pero que parecen posibles de suceder. ¿Cómo se conjuga esta confluencia de situaciones tan disímiles?
Vivimos en el reino de la “todoposibilidad”, donde nadie sabe qué es lo que va a suceder y cualquier cosa puede suceder. Seguramente habrá quienes predecirán ciertos sucesos, que se ven como inevitables, pero de hecho lo que nos deja estupefactos es aquello que nos recuerda eso mismo, lo inesperado, lo que nos saca del lugar de confort que hemos construido alrededor para hacernos saber de qué va la vida. En literatura, el universo, aunque es limitado, es aún más amplio en posibilidades pues no se trata de cosas que pasen, sino que lo que sucede en la conciencia del lector es algo que pasa. Y a veces lo pasa.

Hablando de la conciencia del lector, ¿creés que lo que escribís tiene llegada en tu público contemporáneo o pensás que el tiempo te va a dejar en una mejor posición como escritor?
Sinceramente, no me preocupa. Hay algo que apremia que es el tiempo, y si uno piensa que lo está desperdiciando se va a abocar a otra tarea o a leer otra cosa. Esta época particular que nos toca vivir está signada por lo volátil y por un consumismo que en el rodaje le hace pasar por alto muchas cosas. No digo que lo que escribo sea mejor o peor que otras cosas que se publican, pero sí requiere de cierta atención que un aficionado al chat no le daría. Y los tiempos venideros no parecen prometer que la velocidad vaya a disminuir, sino todo lo contrario, por lo que mi obra incidentalmente caerá en el olvido, como tantas otras.

¿Con cuál de tus personajes te identificás?
Con una esponja que había en la bañera de Doris en “Perlas”, que tenía la capacidad de absorber todo y estar siempre fresca, esto no se dijo en la novela, te lo cuento detrás de bambalinas.

Justamente en Perlas, hay un episodio curioso en que un hombre mayor, Ecart, se encuentra con su infancia a través de uno de sus nietos, y la reconoce como falsa, como si no hubiese ocurrido. ¿Qué significado hay detrás de ello?
Es difícil hablar de un significado. Significados tienen las palabras, los términos, las situaciones en cambio representan algo que, tal vez, es difícil de comunicar pero se logra dar con ella algo que puede tocar al lector. A veces no se logra y otras sí pero no lo toca para nada. Eso depende de la suerte de cada uno y, también, de la capacidad del escritor para manifestar lo que está diciendo con el texto. En esa situación en particular, a vos te tocó porque expresás lo que se dijo sin que se haya dicho con esas palabras.

Sí, pero sucede que hay muchas teorías que nos llevan a creer que todo se lo debemos a la infancia y lo que ocurrió allí. Si la consideramos como no existente, todo lo demás no tendría sustancia.
Hay muchas teorías que pueden llevarnos muy lejos. No he experimentado con todas ellas. Lo importante de cada una es la puesta en práctica y a dónde conducen, aunque ya dicen que todos los caminos conducen a Roma.

Investigando la infancia o tratarla como irreal, ¿cómo pueden llevarnos a lo mismo?
¿Por qué no? El total interés o absoluto desinterés pueden ser dos puntas del mismo hilo que entreteje la existencia. Empezar por uno o por otro carecería de importancia, mientras arrojen idéntico resultado.

Dejemos la infancia y hablemos de la vejez. Un personaje tuyo se encuentra con Matusalén y éste le dice, en otras palabras, que está harto de vivir pero no encuentra forma de deshacerse de ello. Lo vive como una condena, pero el otro, lejos de comprenderlo, lo trata como a un ingrato. ¿Qué refleja esa situación para el lector que está de paso por tu obra?
Probablemente nada. Matusalén es un personaje de la mitología bíblica que vivió cientos de años, en la novela vive más de dos mil; uno está encariñado con la existencia y el otro ya no quiere saber más nada. El lector que está de paso probablemente se identifique con alguno de ellos, pero si no lo hace puede tener una visión correcta de la situación, que puede reflejar dos momentos particulares de la suya por los cuales atravesó o pasará, y tener sus propias reflexiones. No doy conclusiones, el lector arriba a ellas por sus propios medios.

De eso te quería preguntar. ¿Por qué tus obras parecen no concluir, es decir, tienen final abierto a la comprensión del lector o se pierden en la nada?
No me agrada sembrar conclusiones o comprensiones, de ahí que los finales sean abiertos, como decís. A decir verdad, no se trata de final abierto sino de dejar la sensación de que nada concluye, pues todo continúa de un modo u otro. La obra concluye y el lector comprende. Esa comprensión es el final de la obra, no el desenlace de los actos en ella. Si el lector no comprende, la obra, como bien decís también, se pierde en la nada. El show debe continuar.

Para despedirnos, ¿cómo te gustaría que te recordaran?
Como un escritor fantasma o como un fantasma que llegó a escribir.