Decálogo para el lector posmoderno

1-En cada palabra que lea imagine un concepto alternativo que podría reemplazarlo hasta alcanzar la satisfacción que el texto no brinda.
2-En literatura el orden de los factores altera el producto, por lo que un texto se puede leer de infinitas maneras brindando resultados diferentes en cada ocasión, enriqueciéndolo a pesar de su aparente pobreza.
3-Saltéese los párrafos aburridos y deje su lectura para cuando se crea merecedor de semejante castigo.
4-Si un texto no le dice nada su lectura ha sido exitosa, pero si le busca la vuelta algo que no dice le terminará diciendo.
5-Comprender lo que un texto dice es una práctica en desuso, muerta. No se moleste en intentar resucitarla o el que quedará en desuso será usted.
6-A las palabras que desconoce deles provisoriamente el significado que usted desee, que será el que terminará utilizando durante el resto de su presencia en el éter, sin que nadie venga a rectificárselo.
7-Si la lectura lo ha llevado por diferentes mundos, usted se distrajo de la lectura arrastrado por los términos utilizados en el texto.
8-Relea todo aquello que simplemente entendió sin mediar inconvenientes hasta que piense que  en verdad lo entendió, así sabrá que no ha entendido pero podrá decir sin culpas que lo entendió, descartando todo aquello que lo haga reflexionar.
9-Si un texto se revela per se, el escritor ha estado ausente. Felicítelo por haberlo permitido pero no tanto como para que se lo adjudique como un logro.
10-Lea hasta que descubra que usted es el último lector verdadero del cosmos. A partir de allí, escribirá lo más bello que se ha escrito hasta aquí para su propio deleite. Regocíjese.

Obsoletos placebos

Eso de leer va pasando raudamente al olvido. De a poco, iremos sólo mirando por ahí toda luminosidad que nos atraiga, que nos llame la atención aunque más no sea momentáneamente. Lejos, muy lejos han quedado los libros y pronto las frases, únicas o reiteradas, extraídas de aquellos, que eran las últimas palabras que algo nos decían al parecer, solamente según quienes aún los leían y las daban a conocer al resto de acuerdo a sospechosos criterios. Pronto sólo veremos palabras sabias y pomposas dichas por gente muy remota, repetidas y sazonadas por gentiles doncellas o fastuosos soberanos y creeremos rebosar de conocimiento.

“Pavor”. Franz Kafka

“Anomalías”. Edgar A. Poe

“Substancialmente”. Gabriel García Márquez

“Instintiva”. Julio Cortázar

“Universo”. Jorge Luis Borges

“Identidad”. Julio Verne

“Oh”. Almafuerte

“Ahora”. Anónimo