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¡Aléjate de los libros!

Hoy quise agarrar un libro con la premisa de que “los libros no muerden” y fracasé. Es decir, agarrarlo fue todo un éxito pero a la hora de la lectura resultó un rotundo fracaso, ya que quería despejar las ideas y éstas, con porfía, no hacían más que concentrarse. Y por si fuera poco, cuando lo quise dejar en la biblioteca, derrotado, el susodicho me dio tal mordiscón con sus filosas páginas que me abrió un dedo. Aunque me dolió, podría decir que la saqué bastante barata, máxime teniendo en cuenta el título del libro: Tiburón.

Nuevas definiciones de la RAE (4)

¡Tomá nota, circunspecto!

Apología: El estudio de Apo ( Alejandro ).

Apostatía: Apostar a la tía.

Artemisa: Congregación con ritual artístico.

Burgués: Especie de pancho chato.

Enajenado: Espécimen típico.

Eximio: era gorila pero ya no lo es.

Furioso: Furor por el oso.

Gentío: Fragmento del ADN del cromosoma del tío.

Humedad: La Edad o época del humo.

Intuir: Huir hacia adentro.

Novio: Estaba mirando otra cosa.

Parlamento: Mientras charla se lamenta.

Sobaco: O en todo caso so Dioniso.

Vigente: Miré y había muchas personas.

Arte, literatura y comodidad

Uno de los motivos de por qué no se lee literatura en la actualidad ( o se lee poco y nada ), pienso, es por la excesiva comodidad en nuestra sociedad occidental y la búsqueda de tal. Cuando el lector se enfrenta a un texto, debe moverse para interpretar, entender, reformular lo escrito. El lector es partícipe, no mero espectador. Esto no siempre pasa con otras artes, como las audiovisuales, o debería pasar, pero no se evidencia mucha receptividad, debido a la explotación del entretenimiento para con los sentidos de la vista y el oído. El arte, en esos casos, no siempre mueve, o la experiencia artística es limitada. Pero más allá de eso, si es una apreciación pobre o carece de vigor, lo paradójico del asunto es que para leer,como condición casi necesaria, se tiene que estar cómodo .

Cuestiones del querer

Es inevitable para todo ser sintiente sufrir al ver sufrir, y mucho más cuando se trata de un ser querido. Sin llegar a ser el mismo sufrimiento que el que lo sufre propiamente, se siente.
Dicho este prólogo, lo que uno quiere del otro intrínsecamente es su presencia. Y esto se hace palpable cuando la idea de muerte sobrevuela. Las variaciones de ese amor ( no se habla sólo de pareja, puede ser un hijo, un hermano, un amigo ) pueden ir desde la forma, la alegría, la dulzura, la verborrea, la tranquilidad o todo lo que ese ‘otro’ nos transmita. Pero, no obstante, cuando el amor es genuino todo eso puede desaparecer dejando al desnudo el hecho de que lo que amamos es la presencia del otro. Te quiero chueco, con un ojo colgando, con pocos dientes, sin pelo, ¿se te cayó el culo? más boludo que nunca, cada día más torpe, aunque no te rías. Claro que me encanta verte feliz, pero todo puede mejorar. Si hay vida, hay esperanza, y por eso hoy quiero que estés.

Destrabalenguas

Cada casa acapara alcaparras, atajá la batata, agarrá la salamandra hasta la tapa nacarada, bajala, agachá las nalgas, saltá, clavala a la hacha, cada palmada salda la balanza; la máscara atrapa la palabra, paladar al asar, zar canta macabra danza.

El pesebre entreteje el retrete entre que fenecen heces, éste hereje que trepe el germen del Mercedes del flete de enfrente, es gente que merece tener excelente mecer, el demente que envejece desmerece.

Iris, tic sinfín, símil misil sin mitín, pis disímil lid sin quid vi psiquis viril mi vid dixit pichín.

Como Orson, no toco zorongo, lo cobro, con mocos pocos troco protocolo por motor roto. No somos oblongos, sólo por corso corro con los rostros morbosos con oloroso tronco, los cojos somos todos topos; los toros, como todos los locos, son horrorosos, opto por soplos jocosos con sonoro complot.

Club Humus Sur, lupus tu luz, su pus trust tuntún tul bum bum.

Reflejos

El espejo refleja un momento de la existencia, un tiempo particular de la forma, de su apariencia. La fotografía hace lo propio, en canon invertido, y el tiempo da la sensación de que se ha logrado perpetuar la apariencia de índole puramente temporal. El divague al que sucumbe el intelecto ante las impresiones recogidas hace creer que se ha logrado vencer el plano temporal de la existencia, o al menos da la pauta de que todo lo pasajero se puede retener por algún tiempo más de lo que dure. Para ver un espejo, hay que asomarse a él; para salir en la foto, hay que peinarse.