Movimiento


La idea de que estamos yendo es un tanto pueril. Casi bordea lo ridículo. Lo sensato sería decir: hay movimiento. Pero ese movimiento es lo que da ritmo, vibración, que no es pendular ni lineal en tanto nosotros; tal vez en la acumulación de cosas. El fin es cesación de movimiento. Todo se disuelve, como mierda en el mar. Por tanto, podemos acordar que sí, estamos yendo, de cabeza a la mierda.

Menudencias V

El desencanto social toca la puerta del alma. Toc-toc. Desde que se materializa la felicidad, la alegría, desde que se objetiviza el amor, el mundo devora sus cuestiones intrínsecas, relegando la relación a intercambio mercantil, a beneplácito comercial; el espíritu sucumbe a lo mundano y cae presa, in situ, de los vaivenes socioculturales, del regocijo por acaparar, de la vanagloria por ostentar, de la banalidad por impresionar. El mismo se seca por falta de humedad, se marchita cual pimpollo que no llega a florecer por escasez de agua.

El juego de los medios

Los medios proponen el juego, el joven de imaginación acelerada se prende; todos se anotan a divulgar y difundir qué se ha dicho, qué se dice, qué se supone, qué se habla. El juego es un direte, una parafernalia de dimes, un trascendido de opiniones, un montaña de juicios que se intercambian a la luz del día, al caer la noche, cara a cara o pantalla mediante. Si se ven palos a la gente, de ejemplo, lo que cuenta no es eso sino lo que se supone que han hecho para merecerlo. Todos merecemos algo, algo mejor, algo peor. Si se sacan las pensiones, se dice que eran todas truchas; si militan, buscan el choripán gratuito; si se quedan sin empleo, deberían buscar la felicidad en otro ámbito o son todos ñoquis; y así, siguiendo, los hechos ya no tienen peso, todo se queda estancado en el nivel de la palabra, pero no de la palabra que trasciende esos hechos, sino de la opinión y la valoración. El carácter de humano no aplica a mercenarios, donde lo que importa es el número, la cantidad, el papel a contar. Para ellos, siempre hay una justificación para lo degradante, lo aberrante, lo inenarrable, y eso es lo que se pondera por encima de los hechos. La justicia es para quien tiene cómo costearla, y el resto que se joda bien jodido. El chico piensa en sí y actúa para sí como modo de protección, de defensa, de autopreservación; pero al crecer no siempre esa condición infantil cambia en pos del bienestar de la totalidad. ¿Para qué se cobran impuestos? ¿Para pagar intereses a los apostadores financieros o intereses de deuda centenaria? Está bien que el grueso no sepa ni le interese la macroeconomía, pero actuar de modo justo es lo que hace a la sociedad más justa, si es que a alguien le interese que haya algún tipo de justicia. Pero parece que no, que a nadie le interesa ser justo pero reclama la justicia cuando lo imprevisto le sobreviene o lo toca de cerca. Nadie quiere al parecer salir del confort y la minucia de su propio ombligo. Es bueno cuidar lo propio, su familia, sus amistades y seres queridos, pero a la hora de pensar, el resto no puede quedar afuera, a la deriva, a que se ocupe tata Dios, la Providencia, o el mercado, porque es claro que no lo hará. Es lógico que los funcionarios se llenen la boca hablando de ello, tanto entre gobiernos como entre episcopados, porque de eso viven muchos, pero en los hechos se ve el desinterés. La gente lo que tiene en concreto es a la gente, primero a uno y después al resto. Primero uno, que no es poco, ya que es el terreno donde se puede trabajar y todo puede florecer y fructificar. Y después la gente para compartir flores y frutos. ¿ Hay algo que tenga mayor sentido ? La felicidad, en todo caso, es un terreno de doble vía, una avenida para compartir, bienes, dones, conocimiento, sentimiento. En los medios, lo que sucede es parecido a lo que le pasa a los caballos que tienen la vista forzada a mirar recto el camino: el medio propone y te deja un estrecho espectro de pensamiento para moverse y no salir de ahí. Una dualidad donde todo es malo/bueno, lindo/feo, útil/inútil. Esto es reducir la posibilidad inagotable de la conciencia a un mero clic, donde el televidente es un péndulo oscilante entre me gusta y no me gusta.

Aforismos VIII

Así como un guante cubre los dedos de la mano de un mismo cuerpo, las ropas cubren los distintos cuerpos de un mismo Ser.
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Las impresiones se suceden llegando a nuestros sentidos hasta el deceso, pero no colman nuestra sed de conocimiento.
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El nacimiento y la muerte son las tapas de un libro por escribir que será incinerado.
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Ver está directamente ligado al conocer. Lo que se ve es lo conocido, así lo hayamos aprendido erróneamente.
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Los caminos que conducen a ningún lado son muchos, variados y están muy bien publicitados por gente que dice haber llegado.
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La desilusión es la regla de la vida. El manto ilusorio que cubre la realidad, el truco.
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Al ciudadano común no le interesa el arte, y a la sociedad sólo le interesa en tanto brinde una forma de explotarlo; los que se interesan por lo artístico o bien son artistas o son artistas en potencia.

Relaciones tridimensionales

Todo tiene que ver con todo
Desde los riñones a un golpe en el codo.
El terciopelo con la conectividad
Las redes sociales con los adoquines
El neoliberalismo con la pubertad
La religión con las papas fritas


La vejez con la metafísica y la libertad
La estupidez con la palabra escrita
La adolescencia con los gorriones
El dolor con los emoticones
La inteligencia con los banderines
El cerebelo con la mar en coche
Y el sueño que tengo con las buenas noches.

 

Errores gramaticales de la posmodernidad

El olfato suple las carencias de la visión. Un desecho puede verse como alimento si no lo olemos. El neoliberalismo huele muy mal y algunos se lo tragaron igual.

La necesidad del habla constante parte de una incomprensión o de la confusión que implica la comunicación esencial en la existencia. Los mudos saben todo y no les gusta escribir.

Muchos quieren agarrar: cosas, dinero, gente, a pesar de tener manos. Pocos son quienes tienen sensibilidad al tacto para tocar temas profundos (o piel) y que sientan recíprocamente.

El sentido de la vista del hombre común está exacerbado. Los ciegos perciben mejor que nosotros lo que está pasando con la sociedad y el mundo.

Debido a la atrofia auditiva del escucha posmoderno la esperanza de una salida feliz para el conjunto de la misma es nula.

De la estupidez, sálvese quien pueda.

El hombre universal

En el hombre cohabitan tres deidades: la Creación, la Preservación y la Destrucción. Es probable que en algunos especímenes se manifieste de modo más tangible alguna de las tres por encima de las otras. Hay creadores locos que tras su obra la destruyen; otros preservan creaciones ajenas; mientras que otros crean desde los restos de la destrucción. La combinaciones de estas potencias son infinitas. El hombre es en verdad un dios que ignora sus posibilidades, o una trinidad divina que sufre a partir del desconocimiento de su propia envergadura. Esa trilogía que se manifiesta en el hombre es la que rige los procesos del universo: Creación, Preservación, Destrucción. Por ello mismo, puede decirse que el hombre, como metasímbolo, es el propio Universo.

El hombre está ocupado buscando alguna ventaja para sí. Preservar el tiempo es lo máximo a lo que puede aspirar en tales circunstancias. El último gran filósofo que dio la Argentina, Macedonio Fernández, dice en uno de sus escritos: “El Universo o Realidad y yo nacimos en 1º de junio de 1874, y es sencillo añadir que ambos nacimientos ocurrieron cerca de aquí y en una ciudad de Buenos Aires”. Las charlas con él y su amistad fueron una de las grandes inspiraciones de Borges. Hoy día se pueden leer comentarios achacándole que se cocinaba una vez por semana e ingería eso que se iba descomponiendo con el correr de los días o que vivía sus últimos años recostado en un diván. El ser humano ordinario no va más allá de la experiencia física, que es en verdad minúscula para el vasto universo que es, no como resultado, sino como comprensión fundamental de la existencia. A su vez, Xul Solar, pintor, filósofo, escultor y también escritor argentino, se declaraba inmortal en restos mortales. Su viuda, al ver su cuerpo en el cajón durante el velorio, exclamó ante el público: ahí lo tenés al inmortal.
Hay cuestiones que son difíciles ( por no decir imposible ) de transmitir, porque se trata de comprensiones, no concepciones, lo cual llevarlo al lenguaje no siempre es posible ni deseable. Los artistas lo vienen haciendo hace milenios, pero no siempre se comprende.
La Verdad, con mayúscula, no puede ser nunca objetiva ni parcial.
Y que la mentira y el engaño se popularicen no la hace inexistente.