Miedos

-¿Cuáles son tus miedos, Necius?
-Que los cojos me cojan, que me puteen los putos, que los mudos me alaben, que la muerte muera, que la soledad me abandone, profetizar y ser oído, vaciarme y ser contenido, nadar en el mar seco de la nada, flotar en el vacío, morir y seguir vivo, vivir y no saber, desconocer lo desconocido, soltar y ser retenido, ganar y ser perseguido, perder lo que no es mío, soñar vestido, dormir ahogado, estar más allá y volver, pensar lo que se ha dicho, decir lo que he callado, ahogarme en un vaso de agua, beberlo y emborracharme.

Lluvia de dólares

Hoy les presentamos “LLUVIA DE DÓLARES” ( Brewster´s millions ). En un remake 3D de Walter Hill, nos encontramos con la historia de Brewster ( Richard Pryor ), un deportista amateur que se topa con un particular testamento de un finado tío: derrochando varios millones de dólares en un tiempo limitado sin quedarse un céntimo para sí, heredará diez veces lo que gastó. El dilema no es menor, para el espectador que sólo puede obtener dos millones al mes, ni para él, ya que el ritmo de gastos actuales se ve acotado a partir de la eliminación de las subvenciones estatales, recortes presupuestarios -sobre todo en educación globalizada-, cesantía de miles de sorrentinos autóctonos y, desde ya, la tan temida pero estilada inflación a mano alzada.


Mientras algunos festejarán que los números finalmente a Brewster “le cierren”, a excepción de una fábrica de infladores que negándose a interrumpir sus actividades, representará a algunas de las cuales tales tiempos son propicios en materia de creación de empleo, el mismo Brewster dilapidará la codiciada ( ¿por quién? ) suma obteniendo a cambio en el final del lapso un monto superlativo. Si el espectador cree que esta práctica de gastar precipitadamente para obtener réditos superiores no se condice con la lógica económica, sinceramente, no comprende de intereses incorpore sana, cada semana, manzana. El desarrollo es vertiginoso y la lluvia de dólares en la city favorecerá la concordia de los secuaces de Brewster, y para la otra, un poco más triste, está la solidaridad de sus hermanos, ¡che! Frases populares dichas en momentos inoportunos por gente de dudosa disciplina, como ser: siempre que llovió, paró; dan lugar a interpretaciones especulativas o inescrupulosas que, o bien, generarían corroídas cambiarias o interrumpirían tus vacaciones familiares intempestivamente. Por eso aconsejamos disfrutar de esta comedia dinámica y versátil, relajadamente con un gigantesco cono de pop corn flakes en la izquierda, para que vuestra crujiente masticación pueda haceros evitar escucharos los comentarios de vuestro vecino de butaca, que seguramente ya habrá visto la versión original. Con la diestra, podéis sosteneros un ejemplar de un periódico que esté al alcance ( de vuestro bolsillo ) sobre vuestra testa, para no mojaros.
A partir de esta noche, en todos los cines techados del país.

Pinceladas IX

Las acciones habían captado la atención hasta el momento en que el movimiento se detuvo. Pero, ¿esto es posible acaso en el tiempo? Una máquina detenida puede llamar la atención, pero no por su inmovilidad, sino por su apariencia temporal. Un gorrión, difícilmente aunque sí lo puede hacer con su veloz y corto vuelo o con su diáfano canto, no así en su inusitada quietud. Igualmente, en Punta Alta los gorriones no ocupan espacios en los diarios digitales, pero las máquinas –sobre todo los vehículos- llenan las páginas de novedades y, justamente, en una de ellas me entero que un amigo ( Juan José ), que no veo hace tiempo, se accidentó cuando ingresaba a la 229 en el cruce de entrada a Villa del Mar y, en el acto, pereció su mujer, Guadalupe. Utilizo el teléfono de la oficina para llamar al hospital y, luego de varias intentonas, logro obtener su parte médico: tiene fracturas en costillas, y otra fractura en un brazo; tuvo hemorragias internas, por lo que hubo que hacerle una intervención quirúrgica de la que salió bien, aunque está en terapia intensiva, en estado delicado y con pronóstico reservado. Reservo una corona ni bien corto, por precaución. Pero la nostalgia me invade en una ráfaga de sentimientos y sensaciones de otros tiempos: Juan José aplaude desde la calle cuando ve que Charles está en la puerta. El pequeño perro que mi tío le regaló a mi abuelo impone terror en mis amigos, por eso el que más seguido viene a buscarme es Juan José, que es el más corajudo; si no, me toca buscarlos a mí o bien dejar a Charles en el patio. Lo escucho y salgo. Caminamos bajando la pendiente de la calle Espora y continuamos hasta donde no se avizoran casas. Todo es un lugar sin explorar, una dimensión del mundo desconocido en el que vivimos y se despliega ante nuestros ojos. Lo recorremos con curiosidad y ante el menor detalle nos asombramos. ¡Mirá!, me señala Juan José, ¡un topo! Y lo observamos hasta que se nos pierde de vista en una oscura cueva subterránea. A unos pasos una víbora repta hacia nosotros y huimos despavoridos hasta caer a un pozo o excavación, donde un tractor extrae arena que deposita sobre un camión. De la curiosidad pasamos al desencanto cuando, al mirarnos, comprendemos que esa exploración era nueva sólo para nosotros, por lo que sin mediar palabras nos vamos, de regreso, al mundo conocido en el cual nos despedimos, apenas, con una mirada que nos deja solos con un sentir común. Mis ojos giran nuevamente hacía Juan José y veo que me guiña un ojo, que logro ver a pesar de la oscuridad de Mikonos, cuando se adelanta para bailar a la par de Guadalupe, mientras me doy vuelta para buscar un trago. La cabeza gira instintivamente buscando la mirada de Juan José y lo veo a través del vitral de la sala en el hospital con Maximiliano, su primogénito, en brazos, con los ojos humedecidos y una amplia sonrisa. En una mirada profunda, el tiempo queda en segundo plano, y el lazo que nos une en la eternidad nos da la sentencia de lo superfluo del resto de las cosas. Ahora son mis ojos los que están humedecidos y los puedo ver en el reflejo de los ojos vítreos del médico que me da la noticia de su deceso, mientras ensaya con las facciones del rostro una conmiseración al sentimiento que no puedo ocultar. Tras estrechar en un abrazo a su padre, enseguida paso a despedir los restos que yacen dentro del cajón. Y, claro, son sólo los restos porque todo lo central en Juan José se disolvió en el universo y ahora es parte de la Vida.

( Por qué Vida con mayúscula, le pregunto con aquella curiosidad de explorador; y Juan José, lejos de mirarme, me responde con suavidad: porque es el soporte de tu vida minúscula ).

Se nos muere la cultura…despacito

-Señores, la literatura ha muerto. -dijo enfático el General- La gente no lee, los pocos que leen leen puras mierdas y los que quisieran leer no encuentran qué leer entre tanta mierda que se escribe a diario. Leer pasó de moda, escribir no. No hay amor por la lectura, sólo adicción en unos pocos casos, deleite en escasos.
-¿Y qué propone, General?
-Tenemos dos opciones: o destruimos todo lo escrito o reducimos notablemente la población del reino.
-Lo escrito son nuestros tesoros de lo que dejó la humanidad. No nos podemos dar el lujo de perderlo. -sentenció el sargento Irrazábal.
-Una pieza de arte tiene valor en tanto haya quien la admire, la contemple, la comprenda.
-¿Destruir todo y comenzar a construir patrimonio cultural desde la bancarrota?
-Es eso o…. -el General dudó por un instante.
-¡Ni pensarlo! Nuestra población podrá estar integrada por necios, brutos y retrógradas, compulsivos, maníacos y neuróticos, pero es sagrada. Cada mujer, cada niño, cada anciano merece nuestro respeto, nuestro cobijo, nuestra dedicación.
-¡Cierto! Además, no podemos obligarlos a leer si ya no les apetece y prefieren dilatar sus pupilas al ritmo del reggaetón o pinchar en dibujos de caritas en pantallas.
-Calma señores -dijo el General- Nadie será aniquilado.
-¡Bravo! -exclamaron varios subalternos al unísono.
-¡Bien!
-¡Bravo General!
-Destruiremos todo lo escrito hasta aquí. Utilizaremos nuestro arsenal para hacerlo de manera metódica, regular y veloz.
-De acuerdo. -dijo resignado el sargento Ibáñez. Los otros bajaron sus cabezas y algunos comenzaron a lagrimear.
-Cada uno de ustedes le dará las directivas correspondientes a cada escuadrón especial. -afirmó el General.
-Comprendido, General.
-Usted, sargento Ibáñez, dirigirá la comitiva de seguimiento de destrucción en las redes.
-De acuerdo, General. ¿Por dónde comenzaremos?
-Me destruyen ya mismo el contenido y rastro de todos los putos blogs. ¡Que no quede uno en pie sobre la nube!
-¡Escuadrón!¡ ¡Andando!! Tenemos mucho trabajo por hacer.

Escena de la vida cotidiana en el teatro universal de la existencia

“El intelecto en su afán por abarcarlo todo ve la cima de su máxime alcance y se rinde ante la inmensidad del vacío absoluto. En su regreso se reconoce como la expresión de aquello de lo cual era, como parte, todo.” Uno.

En la escena se ve a la reina ( queen ) interpretando el papel principal delante de las puertas ( the doors ) de la inmensidad.

La reina exige: I want it all, and i want it now ( lo quiero todo, y lo quiero ahora ).

Las puertas claman: Come on baby, light my fire ( vamos nena, enciende mi fuego ).

La reina aclara: It’s a kind of magic. One shaft of light that shows the way ( Es un tipo de magia. Un rayo de luz que muestra el camino )

El Nirvana es así alcanzado: With the lights out it’s less dangerous. Here we are now. Entertain us. (Con las luces apagadas es menos peligroso. Aquí estamos. Entreténnos. )

La cabeza rueda por el piso. El cuerpo cae y luego de un momento, como el ave Fénix, resurge y levantándose aparece en él el bello rostro de Isabel, la católica, entonando: Oh, yes, i´m the great pretender ( Oh, sí, soy el gran farsante ).

Aplausos.

Cae el telón. Unos niños juegan al fútbol con la rubia testa. La madre de uno de ellos se dirige a reprenderlos, pero personal de limpieza la detienen aclarándole que el escenario es desinfectado diariamente con Lisoform.

Gurí

-Bueno, ¿ves? Esto es un gol. Ahí cuando la pelota pasa la línea y toca la red ya podés gritar gol. A ver, gritá gol

-Gol.

-No, así no. Con fuerza. Gooooooool, como cuando vas al baño.

-Mmm gooooool.

-Bueno, va mejorando. Mirá. Eso es un ful. Ahí lo tenés que insultar. Le podés decir cualquier cosa degradante. Puto, por ejemplo.

-¿Negro de mierda?

-Jaja no, por las dudas no, porque te van a decir que discriminás. 

-Bueno.

-Ahí cuando termina el partido y salimos campeones vamos a gritar al obelisco. A ver, agitá la bandera.

-Pffff

-No, más fuerte. De un lado para otro.

-Está pesada.

-No importa, dale con ganas. Ahí ya podés cantar que nos los cogimos a todos.

-¿A todos?

-Si, somos campeones. A ver, gritá dale campeón.

-¡Dale campeón!

-¡Hijo’e tigre!

Entrevista a un escritor fantasma

Novelista, cuentista, dramaturgo, Mario Amado Real responde a nuestras inquietudes con sinceridad.

¿Cómo te llevás con la muerte?
Bien. Sin ir más lejos, ayer tomamos un café y pagó él.

Ella…
Bueno, es el problema que tenemos con aquellas entidades que no tienen forma. Igualmente nos tratamos de usted y no hubo sexo, por lo que no podría hacer una aseveración contundente.

¿Como Dios?
Ese es otro ejemplo. Pero en algunos casos la divinidad ha descendido a la forma y se confunde a la misma, creyendo que Dios es hombre o mujer, según sea el caso, lo que no viene al caso.

¿A qué edad comenzaste a cuestionar la realidad?
Nunca cuestioné la realidad, sino las ideas que se tienen de ella. Vivimos en mundos hechos de ideas y de pensamientos y luego consideramos a ellos como la última verdad. Son esas ideas y pensamientos en los que indago o clarifico de qué estamos hablando, los cuales nos han llevado a vivir una existencia puramente conceptual o imaginaria.

Sin embargo, para muchos no existe otra realidad que la propia imaginación de uno…
Un laberinto entretejido de imágenes y palabras parecido a una prisión, sólo que autoproyectada.

Lo cual nos aleja de la realidad…
No creo que pueda uno alejarse de la realidad, por más que se intente el aislamiento con todo tipo de entretenimientos. Uno puede alejarse de situaciones, de eventos o de cierta gente, pero la realidad lo acompaña donde esté. Qué decir de alguien que vive en una isla solitaria alejada de toda otra civilización, la realidad está también ahí con él. Suele suceder que hemos tomados el término “realidad” en diversas acepciones totalmente relativas, generalmente de los medios y ahí es donde caemos en acrobacias intelectuales jugando con las mismas palabras y luego nos perdemos en ellas. Aunque las palabras son idénticas, los significados que les damos de uno en otro varían. Volviendo a tu pregunta, nada nos aleja de la realidad porque está aquí con nosotros siempre.

No obstante, para algunos la realidad es el paraíso y para otros un infierno.
Es la subjetivación de las ideas, pero la realidad no es meramente un concepto entre otros, sino que es la negación de todos los demás conceptos, por hacer una aproximación en palabras a algo que no puede ser verbalizado.

En tu obra, hay personajes que suelen interactuar en escenarios de la vida cotidiana, intercalando episodios fuera de lo común o irreales, pero que parecen posibles de suceder. ¿Cómo se conjuga esta confluencia de situaciones tan disímiles?
Vivimos en el reino de la “todoposibilidad”, donde nadie sabe qué es lo que va a suceder y cualquier cosa puede suceder. Seguramente habrá quienes predecirán ciertos sucesos, que se ven como inevitables, pero de hecho lo que nos deja estupefactos es aquello que nos recuerda eso mismo, lo inesperado, lo que nos saca del lugar de confort que hemos construido alrededor para hacernos saber de qué va la vida. En literatura, el universo, aunque es limitado, es aún más amplio en posibilidades pues no se trata de cosas que pasen, sino que lo que sucede en la conciencia del lector es algo que pasa. Y a veces lo pasa.

Hablando de la conciencia del lector, ¿creés que lo que escribís tiene llegada en tu público contemporáneo o pensás que el tiempo te va a dejar en una mejor posición como escritor?
Sinceramente, no me preocupa. Hay algo que apremia que es el tiempo, y si uno piensa que lo está desperdiciando se va a abocar a otra tarea o a leer otra cosa. Esta época particular que nos toca vivir está signada por lo volátil y por un consumismo que en el rodaje le hace pasar por alto muchas cosas. No digo que lo que escribo sea mejor o peor que otras cosas que se publican, pero sí requiere de cierta atención que un aficionado al chat no le daría. Y los tiempos venideros no parecen prometer que la velocidad vaya a disminuir, sino todo lo contrario, por lo que mi obra incidentalmente caerá en el olvido, como tantas otras.

¿Con cuál de tus personajes te identificás?
Con una esponja que había en la bañera de Doris en “Perlas”, que tenía la capacidad de absorber todo y estar siempre fresca, esto no se dijo en la novela, te lo cuento detrás de bambalinas.

Justamente en Perlas, hay un episodio curioso en que un hombre mayor, Ecart, se encuentra con su infancia a través de uno de sus nietos, y la reconoce como falsa, como si no hubiese ocurrido. ¿Qué significado hay detrás de ello?
Es difícil hablar de un significado. Significados tienen las palabras, los términos, las situaciones en cambio representan algo que, tal vez, es difícil de comunicar pero se logra dar con ella algo que puede tocar al lector. A veces no se logra y otras sí pero no lo toca para nada. Eso depende de la suerte de cada uno y, también, de la capacidad del escritor para manifestar lo que está diciendo con el texto. En esa situación en particular, a vos te tocó porque expresás lo que se dijo sin que se haya dicho con esas palabras.

Sí, pero sucede que hay muchas teorías que nos llevan a creer que todo se lo debemos a la infancia y lo que ocurrió allí. Si la consideramos como no existente, todo lo demás no tendría sustancia.
Hay muchas teorías que pueden llevarnos muy lejos. No he experimentado con todas ellas. Lo importante de cada una es la puesta en práctica y a dónde conducen, aunque ya dicen que todos los caminos conducen a Roma.

Investigando la infancia o tratarla como irreal, ¿cómo pueden llevarnos a lo mismo?
¿Por qué no? El total interés o absoluto desinterés pueden ser dos puntas del mismo hilo que entreteje la existencia. Empezar por uno o por otro carecería de importancia, mientras arrojen idéntico resultado.

Dejemos la infancia y hablemos de la vejez. Un personaje tuyo se encuentra con Matusalén y éste le dice, en otras palabras, que está harto de vivir pero no encuentra forma de deshacerse de ello. Lo vive como una condena, pero el otro, lejos de comprenderlo, lo trata como a un ingrato. ¿Qué refleja esa situación para el lector que está de paso por tu obra?
Probablemente nada. Matusalén es un personaje de la mitología bíblica que vivió cientos de años, en la novela vive más de dos mil; uno está encariñado con la existencia y el otro ya no quiere saber más nada. El lector que está de paso probablemente se identifique con alguno de ellos, pero si no lo hace puede tener una visión correcta de la situación, que puede reflejar dos momentos particulares de la suya por los cuales atravesó o pasará, y tener sus propias reflexiones. No doy conclusiones, el lector arriba a ellas por sus propios medios.

De eso te quería preguntar. ¿Por qué tus obras parecen no concluir, es decir, tienen final abierto a la comprensión del lector o se pierden en la nada?
No me agrada sembrar conclusiones o comprensiones, de ahí que los finales sean abiertos, como decís. A decir verdad, no se trata de final abierto sino de dejar la sensación de que nada concluye, pues todo continúa de un modo u otro. La obra concluye y el lector comprende. Esa comprensión es el final de la obra, no el desenlace de los actos en ella. Si el lector no comprende, la obra, como bien decís también, se pierde en la nada. El show debe continuar.

Para despedirnos, ¿cómo te gustaría que te recordaran?
Como un escritor fantasma o como un fantasma que llegó a escribir.