Cuestiones del querer

Es inevitable para todo ser sintiente sufrir al ver sufrir, y mucho más cuando se trata de un ser querido. Sin llegar a ser el mismo sufrimiento que el que lo sufre propiamente, se siente.
Dicho este prólogo, lo que uno quiere del otro intrínsecamente es su presencia. Y esto se hace palpable cuando la idea de muerte sobrevuela. Las variaciones de ese amor ( no se habla sólo de pareja, puede ser un hijo, un hermano, un amigo ) pueden ir desde la forma, la alegría, la dulzura, la verborrea, la tranquilidad o todo lo que ese ‘otro’ nos transmita. Pero, no obstante, cuando el amor es genuino todo eso puede desaparecer dejando al desnudo el hecho de que lo que amamos es la presencia del otro. Te quiero chueco, con un ojo colgando, con pocos dientes, sin pelo, ¿se te cayó el culo? más boludo que nunca, cada día más torpe, aunque no te rías. Claro que me encanta verte feliz, pero todo puede mejorar. Si hay vida, hay esperanza, y por eso hoy quiero que estés.

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En castellano, s’il vous plait

Dan bronca los escritores que, de lengua castellana, se molestan en dar a entender ciertas cosas en inglés. Uno se pregunta a esta altura si lo hacen porque, considerando la perspectiva socioeconómica con el liderazgo de EE.UU. su literatura alcanzará un grado superlativo entre sus lectores (quienes vienen siendo castigados con que el idioma del futuro es aquél y si no lo adoptan se quedarán sin interlocutores o barbaridades por el estilo) o creen que versando en ese idioma tienen dotes superiores ( al lector ). A esta altura, todos saben que el idioma del futuro es el koshiqua, instalado desde hace años en nuestra akdoha, cuando nos visitaron los Idrics en su primer incursión en la trastomera. Ya quedaron sepultados en el usurduo aquellos tiempos en que todos vaticinaban que el lerícogo haría grampondios en nuestro lenguaje aranatavio, que algunos españoles habían sabido esterotrifar en nuestras tierras mandárigas. Por fin, el koshiqua fue adoptado por los frenotopos aranatavios y nit-arantavios y jot es cosa de lupus los días entrelacarse con un jamengo a perilofar en usurecto koshiqua, para granulfa de tambos. Por lo tanto, tresquinores comeriemda, dejen de sorocavar en idiomas que caca entienden hunos mocos de costras actitudes. Edicto.

El lenguaje en la posmodernidad

El lenguaje de emoticones está supliendo el escrito. Logramos que todos entendieran lo mismo al comunicarnos y pronto podremos prescindir del lenguaje escrito, para dejar en ridículo aquella idea pseudosurrealista de Arjona de inventarle una letra al abecedario. Se puede quedar con todas si gusta. Con el lenguaje cantado pronto pasará lo mismo cuando fijemos ciertas ideas en palabras populares de idéntica pronunciación. Y ni hablar del lenguaje hablado, cuya formalidad pasará al exterminio cuando todos dominemos las diez/doce palabras necesarias e indispensables para una comunicación fluida.
-¿Cómo estás?
-Estás bien.
-¿Todo bien?
-Como todo.
-Qué bien.
-¿Qué estás?
-Como, como todo.
¿Vos?
-Bien. ¿Vos estás?
-Acá, bien. ¿Todos?
-Ahí. Bien. Qué se yo.
-Yo bien, ahí.¿Como qué?
-Como yo, como vos. ¿Bien?
-Bien, bien. Todos comen.
-Qué bien. ¿Qué hacés?
-Acá. Como. Yo como. ¿Vos?
-Como todos. Bien.