En castellano, s’il vous plait

Dan bronca los escritores que, de lengua castellana, se molestan en dar a entender ciertas cosas en inglés. Uno se pregunta a esta altura si lo hacen porque, considerando la perspectiva socioeconómica con el liderazgo de EE.UU. su literatura alcanzará un grado superlativo entre sus lectores (quienes vienen siendo castigados con que el idioma del futuro es aquél y si no lo adoptan se quedarán sin interlocutores o barbaridades por el estilo) o creen que versando en ese idioma tienen dotes superiores ( al lector ). A esta altura, todos saben que el idioma del futuro es el koshiqua, instalado desde hace años en nuestra akdoha, cuando nos visitaron los Idrics en su primer incursión en la trastomera. Ya quedaron sepultados en el usurduo aquellos tiempos en que todos vaticinaban que el lerícogo haría grampondios en nuestro lenguaje aranatavio, que algunos españoles habían sabido esterotrifar en nuestras tierras mandárigas. Por fin, el koshiqua fue adoptado por los frenotopos aranatavios y nit-arantavios y jot es cosa de lupus los días entrelacarse con un jamengo a perilofar en usurecto koshiqua, para granulfa de tambos. Por lo tanto, tresquinores comeriemda, dejen de sorocavar en idiomas que caca entienden hunos mocos de costras actitudes. Edicto.

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Cuestionario fijo a escritores

En el ciclo de Eterna Cadencia que suelen entrevistar todos los martes a escritores y escritoras, ésta vez no entrevistaron al autor del presente blog, por lo que no fue ni será publicada una entrevista en ese sitio, pese a que gentilmente y sin ser solicitado respondió a las nueve preguntas habituales del blog de la editorial.

1. ¿Qué te llevarías de tu casa en caso de incendio?
Las cenizas, si llego demasiado tarde.

2. ¿Qué libro de otro autor produjo en vos el efecto que te gustaría producir en quienes te leen?
No hay quien me lea porque no estoy escrito, aunque a veces me leen algo que haya escrito porque les gustó o no; en cuanto al efecto producido por libros de otros autores, hay varios que produjeron en mí el efecto invernadero, pero no sé si fue por su lectura o a pesar de ella, y otros que me produjeron el efecto fotográfico de ojo de pez, según el testimonio de quienes me observaban leerlo.

3. ¿Qué es lo mejor y lo peor que le puede pasar a un escritor?
A un escritor lo mejor que le puede pasar es escribir ficciones, hacer un viaje al centro de la tierra y otro de veinte mil leguas de viaje submarino, escribirle una carta a un escritor latinoamericano, encontrar un ojo en el cielo, darse cuenta que no toda es vigilia la de los ojos abiertos, entablar una amistad con Adán Buenosayres o entender que el mundo ha vivido equivocado.
Lo peor que le puede pasar a un escritor es golpearse un dedo con un martillo u olvidar la cucharita en la taza de café y proceder a beberlo.

4. La superstición es…
Creer que la verdad puede ser verbalizada.

5. ¿Qué disco escucharías manejando solo por la ruta del desierto?
Escucharía el disco “Driving rain”, pero sólo por la ruta del desierto que no llueve.

6. ¿A qué persona real, nacida en cualquier momento de la historia, le desearías una vida eterna? ¿Se lo darías como castigo o como premio?
El concepto de vida eterna no concuerda con el de una persona real, así haya nacido en algún momento de la historia o en otro fuera de ella, por lo que no le desearía algo que no le sería de utilidad a ninguna. Sí se lo daría como castigo en caso de ser un agente neoliberal y como premio si se arrepiente.

7.¿De qué personaje de ficción te gustaría ser amigo en Facebook?
Del Chómpiras, de Chaplín, del chupacabras, de la chocotorta de Maru Botana y de Charlie, Irene y él, y su otro Charlie.

8. ¿Qué creés que hay después de la muerte?
Podría haber un menú con algunas opciones, que tal vez podrían ser: reintentar, cancelar, aceptar u omitir. Podría surgir la posibilidad de que  el menú no responda y aparecer sobre un fondo azul una leyenda escrita en caracteres rupestres y no tener modo de oprimir algún botón de reseteo.

9. ¿Nos mandás una foto de tu biblioteca?
Sí, cómo no.

Monólogo de Laurelio

En Argentina el 13 de junio se celebra el día del escritor en homenaje al nacimiento de Leopoldo Lugones ( 1874 ). Hago extensivo el saludo a todos mis colegas de otras latitudes.
¡Salud!

 

Cuenta el poeta que es poeta, y vive
con este engaño soñando,
despertando y poetizando,
y algún elogio recibe
por lo que su tinta escribe
que en cenizas se convierte
y con suerte vence a la muerte.
¿Qué hay quien intenta escribir
con metáforas y símbolos decir
en papel, por no gritarlo fuerte?

Cuenta el loco con su locura
que la soledad le ofrece,
Cuenta el narrador que perece
ante una musa y su hermosura;
Cuenta el vil mal sus proezas
cuenta el ladrón lo que pretende
cuenta mentiras y no se ofende
y en el mundo, en conclusión,
todos cuentan su ilusión
aunque ninguno comprende.

Yo cuento que estoy aquí
detrás de un papel en blanco
y cuento el cuento de un manco
que de un quijote leí.
¿Qué es el cuento? Una lección.
¿Qué es el cuento? Una ficción.
Un símbolo, una ilusión.
Y el menor cuento es hermoso:
que toda la vida es cuento
y los cuentos, cuentos son.

Entrevista a un escritor fantasma

Novelista, cuentista, dramaturgo, Mario Amado Real responde a nuestras inquietudes con sinceridad.

¿Cómo te llevás con la muerte?
Bien. Sin ir más lejos, ayer tomamos un café y pagó él.

Ella…
Bueno, es el problema que tenemos con aquellas entidades que no tienen forma. Igualmente nos tratamos de usted y no hubo sexo, por lo que no podría hacer una aseveración contundente.

¿Como Dios?
Ese es otro ejemplo. Pero en algunos casos la divinidad ha descendido a la forma y se confunde a la misma, creyendo que Dios es hombre o mujer, según sea el caso, lo que no viene al caso.

¿A qué edad comenzaste a cuestionar la realidad?
Nunca cuestioné la realidad, sino las ideas que se tienen de ella. Vivimos en mundos hechos de ideas y de pensamientos y luego consideramos a ellos como la última verdad. Son esas ideas y pensamientos en los que indago o clarifico de qué estamos hablando, los cuales nos han llevado a vivir una existencia puramente conceptual o imaginaria.

Sin embargo, para muchos no existe otra realidad que la propia imaginación de uno…
Un laberinto entretejido de imágenes y palabras parecido a una prisión, sólo que autoproyectada.

Lo cual nos aleja de la realidad…
No creo que pueda uno alejarse de la realidad, por más que se intente el aislamiento con todo tipo de entretenimientos. Uno puede alejarse de situaciones, de eventos o de cierta gente, pero la realidad lo acompaña donde esté. Qué decir de alguien que vive en una isla solitaria alejada de toda otra civilización, la realidad está también ahí con él. Suele suceder que hemos tomados el término “realidad” en diversas acepciones totalmente relativas, generalmente de los medios y ahí es donde caemos en acrobacias intelectuales jugando con las mismas palabras y luego nos perdemos en ellas. Aunque las palabras son idénticas, los significados que les damos de uno en otro varían. Volviendo a tu pregunta, nada nos aleja de la realidad porque está aquí con nosotros siempre.

No obstante, para algunos la realidad es el paraíso y para otros un infierno.
Es la subjetivación de las ideas, pero la realidad no es meramente un concepto entre otros, sino que es la negación de todos los demás conceptos, por hacer una aproximación en palabras a algo que no puede ser verbalizado.

En tu obra, hay personajes que suelen interactuar en escenarios de la vida cotidiana, intercalando episodios fuera de lo común o irreales, pero que parecen posibles de suceder. ¿Cómo se conjuga esta confluencia de situaciones tan disímiles?
Vivimos en el reino de la “todoposibilidad”, donde nadie sabe qué es lo que va a suceder y cualquier cosa puede suceder. Seguramente habrá quienes predecirán ciertos sucesos, que se ven como inevitables, pero de hecho lo que nos deja estupefactos es aquello que nos recuerda eso mismo, lo inesperado, lo que nos saca del lugar de confort que hemos construido alrededor para hacernos saber de qué va la vida. En literatura, el universo, aunque es limitado, es aún más amplio en posibilidades pues no se trata de cosas que pasen, sino que lo que sucede en la conciencia del lector es algo que pasa. Y a veces lo pasa.

Hablando de la conciencia del lector, ¿creés que lo que escribís tiene llegada en tu público contemporáneo o pensás que el tiempo te va a dejar en una mejor posición como escritor?
Sinceramente, no me preocupa. Hay algo que apremia que es el tiempo, y si uno piensa que lo está desperdiciando se va a abocar a otra tarea o a leer otra cosa. Esta época particular que nos toca vivir está signada por lo volátil y por un consumismo que en el rodaje le hace pasar por alto muchas cosas. No digo que lo que escribo sea mejor o peor que otras cosas que se publican, pero sí requiere de cierta atención que un aficionado al chat no le daría. Y los tiempos venideros no parecen prometer que la velocidad vaya a disminuir, sino todo lo contrario, por lo que mi obra incidentalmente caerá en el olvido, como tantas otras.

¿Con cuál de tus personajes te identificás?
Con una esponja que había en la bañera de Doris en “Perlas”, que tenía la capacidad de absorber todo y estar siempre fresca, esto no se dijo en la novela, te lo cuento detrás de bambalinas.

Justamente en Perlas, hay un episodio curioso en que un hombre mayor, Ecart, se encuentra con su infancia a través de uno de sus nietos, y la reconoce como falsa, como si no hubiese ocurrido. ¿Qué significado hay detrás de ello?
Es difícil hablar de un significado. Significados tienen las palabras, los términos, las situaciones en cambio representan algo que, tal vez, es difícil de comunicar pero se logra dar con ella algo que puede tocar al lector. A veces no se logra y otras sí pero no lo toca para nada. Eso depende de la suerte de cada uno y, también, de la capacidad del escritor para manifestar lo que está diciendo con el texto. En esa situación en particular, a vos te tocó porque expresás lo que se dijo sin que se haya dicho con esas palabras.

Sí, pero sucede que hay muchas teorías que nos llevan a creer que todo se lo debemos a la infancia y lo que ocurrió allí. Si la consideramos como no existente, todo lo demás no tendría sustancia.
Hay muchas teorías que pueden llevarnos muy lejos. No he experimentado con todas ellas. Lo importante de cada una es la puesta en práctica y a dónde conducen, aunque ya dicen que todos los caminos conducen a Roma.

Investigando la infancia o tratarla como irreal, ¿cómo pueden llevarnos a lo mismo?
¿Por qué no? El total interés o absoluto desinterés pueden ser dos puntas del mismo hilo que entreteje la existencia. Empezar por uno o por otro carecería de importancia, mientras arrojen idéntico resultado.

Dejemos la infancia y hablemos de la vejez. Un personaje tuyo se encuentra con Matusalén y éste le dice, en otras palabras, que está harto de vivir pero no encuentra forma de deshacerse de ello. Lo vive como una condena, pero el otro, lejos de comprenderlo, lo trata como a un ingrato. ¿Qué refleja esa situación para el lector que está de paso por tu obra?
Probablemente nada. Matusalén es un personaje de la mitología bíblica que vivió cientos de años, en la novela vive más de dos mil; uno está encariñado con la existencia y el otro ya no quiere saber más nada. El lector que está de paso probablemente se identifique con alguno de ellos, pero si no lo hace puede tener una visión correcta de la situación, que puede reflejar dos momentos particulares de la suya por los cuales atravesó o pasará, y tener sus propias reflexiones. No doy conclusiones, el lector arriba a ellas por sus propios medios.

De eso te quería preguntar. ¿Por qué tus obras parecen no concluir, es decir, tienen final abierto a la comprensión del lector o se pierden en la nada?
No me agrada sembrar conclusiones o comprensiones, de ahí que los finales sean abiertos, como decís. A decir verdad, no se trata de final abierto sino de dejar la sensación de que nada concluye, pues todo continúa de un modo u otro. La obra concluye y el lector comprende. Esa comprensión es el final de la obra, no el desenlace de los actos en ella. Si el lector no comprende, la obra, como bien decís también, se pierde en la nada. El show debe continuar.

Para despedirnos, ¿cómo te gustaría que te recordaran?
Como un escritor fantasma o como un fantasma que llegó a escribir.

Decálogo para el lector posmoderno

1-En cada palabra que lea imagine un concepto alternativo que podría reemplazarlo hasta alcanzar la satisfacción que el texto no brinda.
2-En literatura el orden de los factores altera el producto, por lo que un texto se puede leer de infinitas maneras brindando resultados diferentes en cada ocasión, enriqueciéndolo a pesar de su aparente pobreza.
3-Saltéese los párrafos aburridos y deje su lectura para cuando se crea merecedor de semejante castigo.
4-Si un texto no le dice nada su lectura ha sido exitosa, pero si le busca la vuelta algo que no dice le terminará diciendo.
5-Comprender lo que un texto dice es una práctica en desuso, muerta. No se moleste en intentar resucitarla o el que quedará en desuso será usted.
6-A las palabras que desconoce deles provisoriamente el significado que usted desee, que será el que terminará utilizando durante el resto de su presencia en el éter, sin que nadie venga a rectificárselo.
7-Si la lectura lo ha llevado por diferentes mundos, usted se distrajo de la lectura arrastrado por los términos utilizados en el texto.
8-Relea todo aquello que simplemente entendió sin mediar inconvenientes hasta que piense que  en verdad lo entendió, así sabrá que no ha entendido pero podrá decir sin culpas que lo entendió, descartando todo aquello que lo haga reflexionar.
9-Si un texto se revela per se, el escritor ha estado ausente. Felicítelo por haberlo permitido pero no tanto como para que se lo adjudique como un logro.
10-Lea hasta que descubra que usted es el último lector verdadero del cosmos. A partir de allí, escribirá lo más bello que se ha escrito hasta aquí para su propio deleite. Regocíjese.