De empatía, paranoias y espiritualidad

La palabra empátheia, de origen griego, que significa emocionado, se designa equívocamente como la capacidad de comprender sentimientos y emociones, intentando experimentar lo que siente otra persona/ser. Y digo equívocamente porque la experiencia de tales ámbitos no son trasladables de uno en uno, principalmente y efectivamente el dolor, cuando es físico, salvo en casos de sufrimiento donde la persona con empatía puede llegar a comprender sensaciones en el otro pero lejos está de tener la misma experiencia. En síntesis, cualquiera puede sentir empatía en el sentido de sentir la cercanía de lo que lo afecta, pero no así en cuyo caso obtiene la experiencia de lo que sufre/goza.
Hecha esta introducción, cuando un grupo de uniformados acata la orden del gobierno de reprimir con palos, balas ( de goma por ahora ) y gases, el espectador puede llegar a sentir empatía por los trabajadores/desocupados/manifestantes más allá de su situación particular, porque “comprende” el sufrimiento de ellos sin tener la experiencia de la pérdida del empleo, de la escasez de recursos, del desfasaje de la economía familiar, etc. No obstante, nunca falta quien siente simpatía por el opresor, cuyos motivos podrán ser el ejercicio de poder por sobre los sectores populares, el adoctrinamiento de los trabajadores a la pérdida de derechos, la lección y el ejemplo para aquél que se rebele contra el sistema, etc. En este caso, la simpatía conjuga algún tipo de identificación con la ideología que se ostenta, cuyo objetivo es acallar la protesta, perseguir al opositor ( y aquí no hablamos de partidos políticos sino de oposición a la ideología imperante ) y apaciguar los ánimos de los disidentes del sistema capitalista neoliberal. En ambos casos, el espectador tiene cierta cercanía con la experiencia de uno u otro, pero no es un hecho la experiencia. Éste estado virtual puede hacerse extensivo en el tiempo indefinidamente ( o definitivamente hasta su muerte ) dejando la existencia de tales en sólo una sensación: la creencia de “ser” parte de un bando, el bando ganador. Si el espectador da por válidas tales cuestiones, no tiene otra opción que la de elegir, ¿pero qué ha elegido hasta aquí? La afinidad por una doctrina ( neoliberal ultramaterialista individualista globalizada ) no es algo que se gestó en su espíritu, sino que la sociedad misma inmersa en esa suerte de prédica incesante lo ha formado a tales efectos. No se lo puede culpar, desde ya, sólo se puede juzgar su accionar como agente una vez tragados los conceptos y la doctrina exasperante de despojo de humanidad en el ser humano, que se avala en pos de un rédito o una productividad, donde nadie siente nada y los números mandan. El hombre que se planta ante este avasallamiento global contra la humanidad del ser humano, no tiene ante sí un enemigo menor. El sistema se extiende en todos los confines de la sociedad que no hace falta puntualizar y sus voceros han perdido la capacidad de reflexionar en el accionar de los conceptos acumulados, reiterándose como un eco no sólo televisivo pues todos los medios son satélites del sistema, en el cual la voz propia sólo conserva su timbre, pues los conceptos vertidos fueron pensados por otros ( en este caso por los ideólogos del sistema ), y donde la gravedad de la voz tapa -para sí- toda posibilidad de escucha a otras voces, que son justamente las que escapan al esquema fractal de pensamiento. En esos casos, las voces se enteran de que algo era distinto a cómo se lo pensaron cuando lo que acaece los toca de cerca, cuando conocen el sufrimiento propio o casi propio, por los avatares de la vida misma, propiedad de nadie. En muchos casos, esto no alcanza para la reflexión, la reflexión en el propio pensar pensado por el sistema y no por propio, y la batalla por nada continúa hasta su fin. La idea de ganadores y vencidos la instalan los historiadores en su forma de “contar” lo sucedido según su punto de vista particular. Pero lo contado siempre dista de lo vivido, de lo sufrido. La idea de ganadores y vencidos en historia la instalan los partidarios de esquemas futboleros, donde una victoria es la cumbre, el súmmum de la existencia. La euforia, en tales casos, no se puede sostener, a excepción claro está de los químicos y fármacos que la aseguran de modo artificial, ya que el cuerpo no la tolera si se extiende. En síntesis, una idea retroalimenta la opuesta; la lucha, alimenta la batalla conceptual. El neoliberalismo tiene como acérrimo enemigo no a una figura política, no a un partido u organización, el enemigo del neoliberalismo es el ser humano y todo aquél que se considere humano no está en sintonía con esa ideología, por más que se cambien las palabras como síntoma astuto del sistema por camuflarse. Ese esquema mental que convierte al hombre en número para producir, en producto para durar, en frecuencia de consumo, en símbolo de ostentación, en fin, cualquier paranoico puede ver cómo se extienden sus vestigios en la familia, la amistad, la verdulería, no sólo en los medios. Y una vez comprendido, su acción es concomitante con la humanidad, no con la sociedad mercantil. Primero el ser humano. Es trágico ver cómo incluso el humor se contagió los vestigios de la escena capitalista en los estratos más bajos de la estructura social. El pobre de hoy está imbuído en esa atmósfera materialista que lo impulsa a tener más allá de lograrlo con medios nobles y, eso y el consumo de estupefacientes, explican, poco, el incremento de la delincuencia principalmente en urbes populosas. Tal, dista mucho del de otras épocas, donde la felicidad pasaba por otros ámbitos que poco tenían con esa situación de no tener. Las carencias han estado siempre y la insensibilidad se ha extendido con la institución de la acumulación y la gente no va a cambiar porque un gobierno se lo diga, y menos que menos uno que se jacte de algún tipo de pseudoespiritualidad que es total banalidad e intrascendencia, palabrerío y distracción. En definitiva, la única forma de ver un mundo sensible, feliz y verdadero, es SER sensible, feliz y verdadero.

Breve ensayo de la actualidad literaria

Las comprensiones vitales son lentas, en tanto que las impresiones son fugaces y veloces, en sucesión continua. Allí, creo, radican las razones del por qué la literatura ha perdido valor y se ha desestimado la lectura en pos de recoger impresiones, descartando todo anhelo de comprensión, y por ende, la palabra misma, que tiene un potencial infinito, también ha quedado relegada en sociedad a mero entretenimiento, no sólo la escrita sino la oral también. Entre tanto palabrerío cargado de juicio y opinión, se tiende a creer y considerar que de eso se trata la comunicación. El arte en general, y la literatura en particular, es comunicación; un anhelo inherente a la existencia que se va gestando en el fuero íntimo del autor, si es que tiene ese génesis motivacional y no sólo el de tener un producto propio para colocar en el mercado. Así como la Música engloba la música sublime, sutil, delicada, armónica y la música bruta, baja, grosera, grotesca, la Literatura se nutre de la literatura elevada, aguda, sagaz, inteligente, sensible, y se contamina así mismo de la literatura pobre, ególatra, tosca, rudimentaria, pueril. En todo caso, siempre depende de alguien que lo valore como tal, y no es cristalino el mercado editorial. Hay obras que sobreviven el paso del tiempo por su profundidad, su claridad, su llegada al público lector; y hay otras que ocupan un espacio considerable que sólo dura un momento, entre aquellas que no tienen difusión. La literatura, hoy día, es el autor: por sus obras los conoceréis/por el fruto se conoce el árbol. No hay un análisis literario exaustivo en el siglo XXI ni es materia que se pueda llegar a conocer porque lo que se escribe es tanto que no hay quién tenga conocimiento de todo aquello susceptible de considerarse de alto impacto para el lector.
En el Museo de la Novela de la Eterna de Macedonio Fernández se hace un repaso y una descripción de los diferentes tipos de lectores: el lector accidentado, el lector de vidriera, el lector artista, el lector salteado, el lector seguido, etc. Si éstos tipos de lectores existían en aquella época que inspiró a Macedonio a escribir tan desenvuelto, qué decir de ésta en que se lee cada vez menos para darle paso a la autoayuda -de ejemplo- en busca de la lectura con un fin puramente utilitario, cuando es claro que el arte ( a pesar de ser producto ) niega el aspecto utilitario de la existencia. De tal modo, muchos títulos que se consagran entre lectores lo hacen desde el punto de vista comercial; el mercado rige: qué leer, qué escuchar, qué mirar. Esto tiene dos consecuencias e implicancias directas: la pérdida de criterio por parte del lector-oyente-espectador; y la masificación de la conciencia. Todo se aúna en un supuesto sentido de común, donde todos entienden lo mismo, cuando en realidad lo que es lo mismo es la opinión, quedando todo en el nivel de la palabra. Y es justamente allí donde reside la dicotomía entre la vida llamada real y el arte, esa separatividad inexistente en lo fáctico, porque el lector ha separado aquello entre realidad y ficción, un concepto de realidad eyectado y sostenido por otros modos de entretenimiento, como los medios, también regidos por el mercado ( rating ). Cuando sale un nuevo libro, se lo titula de “un éxito”, una canción de “un hit”, en una película se hace gala de la cantidad de espectadores; en síntesis, se fomenta lo masivo, como si la masa estuviera dentro de algún tipo de doctrina sideral que quien queda afuera se está perdiendo algo de suma importancia/relevancia. La masa busca la popularidad, la muchedumbre, que no siempre ( y en el mayor de los casos por una cuestión de índole semántica ) está plasmada en calidad, ya sea de arriba hacia abajo o en dirección inversa aplaudiendo. Y eso, ha ahuyentado a cantidad lectores, relegándolos a buscar otro tipo de entretenimiento, cuando el arte genuino no tiene por motivo entretener, aunque pueda hacerlo también. La literatura puede ofrecer un amplio espectro de posibilidades en su potencialidad, donde los beneficios que obtiene el lector carecen de inmediatez, como la impresión de un videoclip, siempre insaciable que lo adentra al espectador en un loop o ciclo iterativo del que no sale por motus propio, salvo contadas excepciones.
Aquí no se trata de contrastar un tipo de arte con otros ni hacer un tipo de valoración de uno por sobre los demás, sino que se da un panorama de lo que actualmente sucede, y viene sucediendo, con la literatura.
Los autores pueden caer en esa tendencia de la popularidad y, con su obra, buscar el efecto, lograr en el lector ese impacto momentáneo y atraparlo en el ciclo de lectura, donde quien queda apresado es el propio autor, presa de la volatilidad de la época, en desmedro de su obra. Para tal, se atienen a las estadísticas que le brinda la publicación, donde la palabra -para sí- pasa a un segundo plano en el que se ve sustituido por los números y su consecuente obsesión. Los motivos de cada autor para escribir pueden ser muy variados y no se hace aquí un juicio a cada uno de ellos, que pueden ser muy valederos, pero quien se adentra en el mundo de la literatura debería conceder un espacio crucial al poder de la palabra, en ésta época de pantallas e imágenes, y en las venideras.

El hombre universal

En el hombre cohabitan tres deidades: la Creación, la Preservación y la Destrucción. Es probable que en algunos especímenes se manifieste de modo más tangible alguna de las tres por encima de las otras. Hay creadores locos que tras su obra la destruyen; otros preservan creaciones ajenas; mientras que otros crean desde los restos de la destrucción. La combinaciones de estas potencias son infinitas. El hombre es en verdad un dios que ignora sus posibilidades, o una trinidad divina que sufre a partir del desconocimiento de su propia envergadura. Esa trilogía que se manifiesta en el hombre es la que rige los procesos del universo: Creación, Preservación, Destrucción. Por ello mismo, puede decirse que el hombre, como metasímbolo, es el propio Universo.

El hombre está ocupado buscando alguna ventaja para sí. Preservar el tiempo es lo máximo a lo que puede aspirar en tales circunstancias. El último gran filósofo que dio la Argentina, Macedonio Fernández, dice en uno de sus escritos: “El Universo o Realidad y yo nacimos en 1º de junio de 1874, y es sencillo añadir que ambos nacimientos ocurrieron cerca de aquí y en una ciudad de Buenos Aires”. Las charlas con él y su amistad fueron una de las grandes inspiraciones de Borges. Hoy día se pueden leer comentarios achacándole que se cocinaba una vez por semana e ingería eso que se iba descomponiendo con el correr de los días o que vivía sus últimos años recostado en un diván. El ser humano ordinario no va más allá de la experiencia física, que es en verdad minúscula para el vasto universo que es, no como resultado, sino como comprensión fundamental de la existencia. A su vez, Xul Solar, pintor, filósofo, escultor y también escritor argentino, se declaraba inmortal en restos mortales. Su viuda, al ver su cuerpo en el cajón durante el velorio, exclamó ante el público: ahí lo tenés al inmortal.
Hay cuestiones que son difíciles ( por no decir imposible ) de transmitir, porque se trata de comprensiones, no concepciones, lo cual llevarlo al lenguaje no siempre es posible ni deseable. Los artistas lo vienen haciendo hace milenios, pero no siempre se comprende.
La Verdad, con mayúscula, no puede ser nunca objetiva ni parcial.
Y que la mentira y el engaño se popularicen no la hace inexistente.

CÓCTEL

La siguiente serie de reflexiones se publicaron en otras redes y no por ser serie tienen algo que ver unas con otras. Pero se pueden leer de corrido para pasar al menos un rato ameno. Si piensa comentar tenga en cuenta que al hacerlo se le descontarán 5 créditos de su cuenta bancaria.

EL PENSAMIENTO

El pensamiento es libre a tal punto que uno puede estar en un velorio y reflexionando acerca de la vida de los monos de Tanganica, o en una sala médica esperando diagnóstico y abarajando la posibilidad de una breve ingesta culinaria de su apetencia. Es fácil ver que la susceptibilidad de aquellos que se dejan arrastrar por la opinión general allí donde merma su atención en temas de controversia general da por lo común un sentido de totalidad muy parcial y lejos de toda realidad. La frase éste en qué mundo vive deja a las claras en éstos casos en qué esquema mental viven aquellos y nada dice de los que no caen presa de la atención de masas. Hay cuestiones que se comprenden en soledad, no porque no sean dignas de compartir, ya que pocas cosas revisten esa estirpe de dignidad, sino por la imposibilidad para el hombre-masa de comprender las mismas por su estricto carácter de básico, y las mayorías son complejas. Lo dicho no quita la posibilidad ni niega que con unos cuantos globos, por ejemplo, se pueda satisfacerlas o colmar su atención. Pero de ahí a que las comprensiones vitales lleguen a ser masivas como un discurso o sketch televisivo hay un abismo. Uno puede ver cuán hartera es la corriente de pensamiento neoliberal en el mundo, como breve ejemplo, sin embargo al hombre que se lo adoctrina con las bondades del capital y el sensacionalismo sin ver el tendal de gente en la miseria que deja el mismo sólo le queda como recurso perseguir los ideales por ellos sembrados hasta morir como testigo de los derroteros o ser un fiel aplaudidor de algún supuesto éxito, como torpes terminales del sistema.

BELLE ÉPOQUE

Es difícil que en un ámbito donde debería propiciarse la comunicación, como podría ser la televisión, se preguntase por ello mismo y su rol; por lo mismo, es raro que en un ámbito como facebook se reflexione sobre su papel; en suma, es díficil y raro pensar sobre el acto de pensar, del pensar propio. ¿Por qué se me ocurre pensar en la existencia, el universo, los roles que desempeño y no en el papel del Papa, cuántos me gusta cosechaste hoy o en una playa del caribe ?Todo está marcado por el interés de cada uno. El tuyo, el mío o el vuestro. Después, a la hora de opinar lo hacemos parecido, por alguna carencia o temor infundado, y como máxime nos movemos al otro extremo en signo de rebelión. Pero entre la a y la z hay más de veinte letras, entre blanco y negro hay una amplia gama de colores, entre positivo y negativo hay un abierto espectro de posibilidades. Delante hay un camino transitado que conduce a lo tangible del abanico material con resultados harto conocidos. Ahí tenés las postales a diario. Pero volviendo a lo fundamental, el interés, para el que no lo sigue que se ve bombardeado con la idea del fin del mundo ( para él ) o, pero aún, de caerse del mundo sólo le queda la posibilidad, la oportunidad y la aventura del descubrimiento de esa dimensión desconocida para los acérrimos fundamentalistas del materialismo con soporte en el sentido utilitario de la existencia. ¿ y qué sentido tiene para éstos ofrecer algo cuando se lo es comparado con el valor monetario de las cosas y las gentes y nada recae fuera de ello? Ninguno, y aunque se lo diera en abundantes detalles no se le probaría su plusvalía para ser, como mucho gesto de atención, apenas soportado.
El ámbito cooptado por adolescencias no debería hacerle retroceder en su etapa intangible, para la materia, de crecimiento exponencial. El que da un paso firme conoce ( conocer es una palabra bastardeada por la opinión ) su andar y en el andar se abre el camino. Los caminos del reino y sus puertas chicas. El que ha dejado de correr detrás de las cosas es como el hombre que conoce por primera vez el mar y lo quiere abrazar con la mirada. Sabe, sabe, que degustándolo es inconmensurable, por eso la renuncia es natural, no deliberada, al acaparamiento. Una estrella brilla y su destino es brillar hasta la dispersión, aunque no se la mire. Estar o no estar, esa es su cuestión y mi interés. Y probablemente el vuestro.

LA EXISTENCIA DEL JARDINERO

El corolario natural de la existencia es el entendimiento. No ya del funcionamiento de ciertas tecnologías o armamento o filosofías sino de la misma existencia. El problema radica en que se nos ha formado justamente para resolver problemas y/o para crearlos, en caso de aburrimiento o por modalidad. Entonces ya no se concibe la posibilidad de entenderla, sino de resolverla, como si hubiésemos sido escogidos por un director de cine para descubrir al misterioso asesino, que todos saben a esta altura es el jardinero. Igualmente, nos gusta jugar a que lo resolvemos aunque nuestra opinión se vaya por la alcantarilla cada noche con su renovada ilusión al despertar matutino, aunque a veces los horarios sean tan irrelevantes como la palabra realidad o comunicación que emiten desde los medios de comunicación masivos. Y, como son masivos, le hablan propiamente a las masas. Y a nosotros, y a usted estimado amigo, las masas pueden caernos pesadas, sobre todo las de Zama, que tan ricas son pero cuestan un huevo. A todo esto, ¿a nadie se le ocurrió que el huevo y la gallina podían surgir en simultáneo en distintos lugares del amplio espectro espacial como un desarrollo posterior de la vegetación y todo lo que la tierra contiene? Por lo que la cuestión de qué fue primero no surgiría en una mente lúcida. Pero bueno, la luz está muy cara y se esperan nuevos aumentos, salvo en los salarios. Es propicio que no decaiga el discurso, porque cuando hablamos de economía tendemos a la depresión, y eso no es lo que queremos, ¿no es cierto? En fin, habría que juzgar un baile o un canto para entrar en sintonía con esa obtusa realidad que nos venden a diario. Y ya que hablamos de diarios, ayer soñé que mañana era hoy. Qué raro, ¿no?

UFF

La Palabra de Jesús da para muchas reflexiones. Quienes repiten como papagayo rara vez lo han hecho ni lo harán. Otros quisieran acercarse pero las circunstancias lo llevarán muy lejos de ella. Demás está decir que la palabra es pensamiento, el pensamiento acción. Pero eso en un orden sublime, donde la palabra tiene su propio peso, cargada de quién la ejerce y no como mero entretenimiento, donde la palabra es vacua, no colma y, el colmo, se precisa más que el aire que la sustenta, esperando el momento en que ésta calle para emularla como radioteatro, de esos que ya no se oyen, ni a interlocutores salvo el momento del corte para proseguir el discurso semántico en vocablos a la superficie. ¿Qué te dice la palabra sueño? ¿la palabra serenidad? ¿Las palabras me gusta? Las impresiones se suceden una a una y éstas se traducen, nuevamente, en palabras…pensamiento, acción. De ahí la impronta de la raíz de la palabra, pero con qué palabra empezar. El aparente caos está en perfecto orden si se lo observa desde la óptica suprema. No traigas tus dioses, no le agregues la dicotomía optimista-positivismo. La vanguardia pastorea a su rebaño adolescente en pos de una popularidad mercantil. Cuando seas viejo, los jóvenes no te van a escuchar y tus viejos amigos estarán sordos como una tapia. Las palabras, pocas, efectivas, no hay quien las lea en épocas de zapping. Lo extraordinario salta a los ojos del mundo. ¿Cuándo juega la selección?
TERAPIA DE INCOMUNICACIÓN

Este mensaje es para mi, por lo tanto no hay necesidad de que sigas leyendo. Si lo hacés, problema tuyo, ya que no estás incluido en el mismo, salvo en esta salvedad. Pero no es una inclusión sesgada, pues el mismo mensaje toma nota de la posibilidad de que el destinatario del mismo no sea aquél en quien se pensó, sino otro, que podrías ser vos, aunque de modo fortuito. Y si algún mensaje dentro del mismo lo captás como propio, sería tu propio problema como se ha dicho pues no has sido considerado por el mensaje en cuestión. Cuestión a todo esto que me quería hacer llegar la noción extrema de que la comunicación es en toda época una inquietud universal, y cuando digo universal quiero decir de todos: hombres, mujeres, niños, ancianos, sapos, codornices y legumbres. Si, el estado vegetativo del ser también tiene ese anhelo de comunicación y comunión con los demás. El problema ( actual ) es el exceso de entretenimiento, no porque esté de más en sí, ya que el aburrimiento como contrapartida es lo que incita la desmesurada producción de aquél, sino porque los medios y/o los mensajes que la cultura brinda, nos brinda, se toman como parte de lo mismo y por tanto obstruye comunicación posible entre dos sensibilidades y sólo hay un mero entretenerse en el ínterin reduciendo las posibilidades inagotables de la comunicación a un triste pasar el tiempo. Y el tiempo pasa de todos modos, para algunos vertiginosamente mientras que otros siquiera lo notan. La materia se desgasta a su paso y decae, se pone rancia. Ni siquiera las rocas que se ven casi indestructibles se resisten al paso del tiempo. Y tiempo sabemos, sabés ahora, es lo que no sobra. El tiempo es limitado, más allá de que uno pueda resucitar unas cuantas vidas luego de otras tantas muertes, pero en esas también lo será. Esto quiere decir, que lo único que es eterno, aunque suene pueril, es la eternidad. Y como ella nos espera paciente, ¿qué apuro puede tener el tiempo que sabe de sí de su propia finitud? Ninguno, desde ya, porque desde el punto de vista particular el tiempo es consumido y muchas veces nos consume, pero desde el punto de vista de la eternidad, es ésta quien devora el tiempo, la historia y los tiranos. Y si, de todos modos, hay mal que dure cien años, después de ello se terminará yendo por la alcantarilla del olvido, para que la vida prosiga su rumbo feliz sin fin hacia la eternidad. Buenas noches ( buenas noches para mi, que me voy a dormir ).