Indelegable

Todo es un gran show, una puesta en escena del circo contemporáneo. Toda felicidad es emulada, practicada, ensayada. Toda tristeza es un acto de desencanto con el teatro universal de la existencia.
Lo único que nos saca fehacientemente de esa fachada circense social es el dolor, porque el dolor se vive en primera persona y es indelegable. Cuando nos sobreviene, difícil deshacerse del entuerto del sufrimiento que trae aparejado ante la caída de la máscara ilusoria que, como un velo, no nos dejaba ver el común denominador de la existencia. De allí surge la inmejorable oportunidad de la industria de laboratorios y fármacos que promete y sugiere la posibilidad de con una píldora seguir en el tren de la insensibilidad al sufrimiento propio y ajeno que merma la vida de los seres ante el rechazo al dolor que, intrínseco a la esencia existencial, con cada punzada nos advierte y nos despierta ante la indolente sociedad del pop corn.

Menta y limón

Gente que necesitáis ver gente
buscáis ideas y gustos convergentes
y esquiváis caras de culos tan sonrientes
disimulando que en el mate tenéis detergente.
No pensáis que esas caras de culos tan sufrientes
son dolores, penas, desamores, ¿no las sientes?
Que han pasado por vivir entre indolentes
desilusiones de televisores inteligentes
cuyo eco retumba en vuestros dientes
cual propaganda (Colgate) en vuestras mentes.