Comunicación siglo XXI

Los que opinan que Facebook es ésto o lo otro, de modo despectivo, se compara a lo que diría la gente que no tenía teléfono ( fijo ) en su momento hablando de la gente que lo utilizaba. A mi modo de ver, Facebook es sólo un medio de comunicación entre tantos en la cultura y lo que aquellos opinan de él, no es tanto del medio de lo que opinan sino de lo que han alcanzado a ver, de la idea que se han forjado en tanto las publicaciones que se ven a diario y lo que puede llegar a predominar: opiniones y divulgaciones generales, gente que le habla a las nubes, egolatría, elogios a la imagen, vidriera de supuestos triunfos, etc. etc. Con tal motivo, no es de extrañar que se hayan cansado de ver “lo mismo” con distintas caras y se hayan hecho una mala idea del medio en general.
Las posibilidades de la comunicación a través de la cultura son ilimitadas y el problema para aquellos que lo encaran, que tienen algo qué decir, no es tanto con los diversos medios ( twitter reduce al mínimo toda expresividad ) sino la receptividad y la apertura que tienen sus interlocutores. Quizá se fomenta la discusión, que debería ser un nexo de comunión entre las partes, para disentir y donde cada uno saca lo peor de sí y se ven insultos y agravios sin ton ni son, donde las partes ven reforzadas sus ideas al retirarse y queda la amarga sensación de una charla banal. En un debate ( no en el circo televisivo, sino entre dos sensibilidades ) se debería buscar la mutua comprensión y, con vistas a ellas, alguno deberá ceder posición. En la volatilidad de las redes esto se ve reducido por el factor tiempo y por la carga de cansancio que aporta la conflictiva sociedad a las partes. La parte puede llegar a hartarse y ver todo como “lo mismo”, como sucede en religión, política y demás, y se pierde la escucha, la charla y toda posibilidad de comprensión, de comunión con el otro.
Nuestro Facebook, como las otras redes, debería ser una puerta siempre abierta a la maravillosa dimensión de lo desconocido en que nos movemos y a la sensibilidad de la otra parte.

Se nos muere la cultura…despacito

-Señores, la literatura ha muerto. -dijo enfático el General- La gente no lee, los pocos que leen leen puras mierdas y los que quisieran leer no encuentran qué leer entre tanta mierda que se escribe a diario. Leer pasó de moda, escribir no. No hay amor por la lectura, sólo adicción en unos pocos casos, deleite en escasos.
-¿Y qué propone, General?
-Tenemos dos opciones: o destruimos todo lo escrito o reducimos notablemente la población del reino.
-Lo escrito son nuestros tesoros de lo que dejó la humanidad. No nos podemos dar el lujo de perderlo. -sentenció el sargento Irrazábal.
-Una pieza de arte tiene valor en tanto haya quien la admire, la contemple, la comprenda.
-¿Destruir todo y comenzar a construir patrimonio cultural desde la bancarrota?
-Es eso o…. -el General dudó por un instante.
-¡Ni pensarlo! Nuestra población podrá estar integrada por necios, brutos y retrógradas, compulsivos, maníacos y neuróticos, pero es sagrada. Cada mujer, cada niño, cada anciano merece nuestro respeto, nuestro cobijo, nuestra dedicación.
-¡Cierto! Además, no podemos obligarlos a leer si ya no les apetece y prefieren dilatar sus pupilas al ritmo del reggaetón o pinchar en dibujos de caritas en pantallas.
-Calma señores -dijo el General- Nadie será aniquilado.
-¡Bravo! -exclamaron varios subalternos al unísono.
-¡Bien!
-¡Bravo General!
-Destruiremos todo lo escrito hasta aquí. Utilizaremos nuestro arsenal para hacerlo de manera metódica, regular y veloz.
-De acuerdo. -dijo resignado el sargento Ibáñez. Los otros bajaron sus cabezas y algunos comenzaron a lagrimear.
-Cada uno de ustedes le dará las directivas correspondientes a cada escuadrón especial. -afirmó el General.
-Comprendido, General.
-Usted, sargento Ibáñez, dirigirá la comitiva de seguimiento de destrucción en las redes.
-De acuerdo, General. ¿Por dónde comenzaremos?
-Me destruyen ya mismo el contenido y rastro de todos los putos blogs. ¡Que no quede uno en pie sobre la nube!
-¡Escuadrón!¡ ¡Andando!! Tenemos mucho trabajo por hacer.