Comunicación siglo XXI

Los que opinan que Facebook es ésto o lo otro, de modo despectivo, se compara a lo que diría la gente que no tenía teléfono ( fijo ) en su momento hablando de la gente que lo utilizaba. A mi modo de ver, Facebook es sólo un medio de comunicación entre tantos en la cultura y lo que aquellos opinan de él, no es tanto del medio de lo que opinan sino de lo que han alcanzado a ver, de la idea que se han forjado en tanto las publicaciones que se ven a diario y lo que puede llegar a predominar: opiniones y divulgaciones generales, gente que le habla a las nubes, egolatría, elogios a la imagen, vidriera de supuestos triunfos, etc. etc. Con tal motivo, no es de extrañar que se hayan cansado de ver “lo mismo” con distintas caras y se hayan hecho una mala idea del medio en general.
Las posibilidades de la comunicación a través de la cultura son ilimitadas y el problema para aquellos que lo encaran, que tienen algo qué decir, no es tanto con los diversos medios ( twitter reduce al mínimo toda expresividad ) sino la receptividad y la apertura que tienen sus interlocutores. Quizá se fomenta la discusión, que debería ser un nexo de comunión entre las partes, para disentir y donde cada uno saca lo peor de sí y se ven insultos y agravios sin ton ni son, donde las partes ven reforzadas sus ideas al retirarse y queda la amarga sensación de una charla banal. En un debate ( no en el circo televisivo, sino entre dos sensibilidades ) se debería buscar la mutua comprensión y, con vistas a ellas, alguno deberá ceder posición. En la volatilidad de las redes esto se ve reducido por el factor tiempo y por la carga de cansancio que aporta la conflictiva sociedad a las partes. La parte puede llegar a hartarse y ver todo como “lo mismo”, como sucede en religión, política y demás, y se pierde la escucha, la charla y toda posibilidad de comprensión, de comunión con el otro.
Nuestro Facebook, como las otras redes, debería ser una puerta siempre abierta a la maravillosa dimensión de lo desconocido en que nos movemos y a la sensibilidad de la otra parte.

Se eleva el espíritu, danza el corazón

La vigilia conjuga todas las impresiones que se observan, sean éstas tangibles o virtuales, sensitivas, de palabras y emotivas. La subjetividad determina el valor o la importancia de las mismas, aún sabiendo de antemano de su condición pasajera. Las sensibilidades comulgan cuando hay interés mutuo, cuando aparece el entendimiento, cuando se aproximan las mismas en su nivel de comunicación. Las impresiones exteriores obnubilan la percepción distorsionando la cosa en sí. Atrás en el tiempo quedó la distinción entre virtual y real, conteniendo la realidad todo tipo de virtualidad que en la misma percepción es parte cotidiana de la subjetividad. El hombre es capaz de transformar en algo tangible aquello que pensó. La palabra y el material bruto son las herramientas con las que cuenta para darle forma. Éstas después son observadas y sus impresiones, otra vez, nos llegan como algo exterior a pesar de haber surgido de nuestra interioridad. Las mismas pueden ser obras de arte, exposiciones científicas, inventos tecnológicos y demás. A veces estas impresiones que capta nuestra atención nos invita a darle una importancia más elevada si toca algo más profundo en nuestra subjetividad, debido a que la interioridad creadora, la sensibilidad, es lo que nos une. No nos une en el sentido que por atracción se unen las formas y se funden, sino que es en efecto lo que todos tenemos en común y cuando hay entendimiento vivo a ello se le llama comunión.

En los sueños, amén de las formas que se presentan, esta sensibilidad en los otros se presenta como una emulación de la vigilia de nuestra propia interioridad.

En el origen de toda comunicación, de la comunión, está por encima de todo el deseo,  la unidad de ser.