Se llama dignidad

¡¡La actualidad no da tregua!! ¿Subió el pan? ¿Bajó el dólar? ¿Subo foto? ¿Baja la nasta? No sabemos dónde estamos parados, ¿cómo vamos a saber a dónde vamos? Eso de ir es una mentira, los países sólo van a la guerra, ni siquiera los países van, mandan soldados a morir y a matar en nombre del resto. Pero eso era antes, ahora las guerras son distintas y se dan en el seno de las ideas, que es de donde surgen las bombas que luego caen. ¿Quedan ideas? ¿O todo es una amalgama, un cúmulo de ideas que se repiten sin cesar, sin ton ni son, sin sostén, sin sutién? ¿Qué tenemos para discutir, para debatir? Montañas de mentiras no pueden subyugarnos, no hay que dejarse caer en el maremágnum existencial, donde la idiotez pareciera ser el eje que domina las acciones. ¡No señor! Alcemos nuestra voz en contra de la doctrina, del adoctrinamiento. ¿Por qué no es digno discutir con un televisor? El televisor no piensa, el televisor no siente, el televisor no escucha. Y así pareciera actuar aquél que vive la vida del loro. Nuestra sensibilidad aletargada se despabila cuando seguimos el camino de la virtud, nuestra escucha adormecida se despierta cuando oímos la verdad, y de persistir en ese despertar de la conciencia, ésta se expande hacia la inmensidad sin límites que es nuestro destino. Que no te derrumbe el artero engaño de la ideología verbal, las cosas podrán darte entretenimiento pero nunca felicidad, equilibrio, armonía, paz ni dicha. Emplea severamente cerebro y corazón para una vida plena, para hacer a tu mundo luminoso, brillante, tierno y que así ese pequeño centro dimensional se expanda en torno a ti, el principio y fin vital. Porque no hay mayor sentido que vivir para brindar felicidad, calma y bendiciones a todo aquél que se acerque con sus penas, su tormento, desahuciado por un mundo deslucido, conflictivo, vanidoso que se jacta de sus bienes pero no reconoce el amor como guía y rector universal de toda vida humilde, sincera y bondadosa para aquél que lo lleva vivo en su corazón.

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Si todo vuelve

Si todo vuelve: ¿Vuelven los choripanes? ¿Vuelve Mingo? ¿Y Aníbal contra los fantasmas? Que vuelva la alegría, la paz y el amor en la hermandad universal. Que exploten los globos y reviente todo de papel picado, que se llenen las plazas de hippies y olor a porro. Que vuelvan los malones de la barbarie a destripar la civilización. Que Don José cruce Los Andes a caballo, a pie o en bicicleta. Que Alvar Núñez cabeza de vaca invite a cenar a los indios. Que atómica sea solamente la felicidad. Que los intereses sean el bienestar, el trabajo y la fraternidad. Que las enfermedades duelan poco y la muerte sea una anécdota. Que vuelva el vino milagroso a partir de jarrones de agua. Que cada resurrección nos encuentre creciendo en lo humano y en conciencia. Que vuelvan las patacones de Patoruzú. Que vuelva el cine proverbial. Que vuelva la música sublime. Que vuelva a nuestros corazones ese sentir sincero de amor por la humanidad, la tierra y todo lo que la habita. Revolvamos los surcos cerebrales para que vuelva lo que nos hace feliz. Y se quede a vivir con nosotros, en esta eternidad de ir y venir, de compartir, de amar lo noble, lo digno, lo bueno, lo bello. Y la verdad. Que sea, en una palabra, realidad.

Se eleva el espíritu, danza el corazón

La vigilia conjuga todas las impresiones que se observan, sean éstas tangibles o virtuales, sensitivas, de palabras y emotivas. La subjetividad determina el valor o la importancia de las mismas, aún sabiendo de antemano de su condición pasajera. Las sensibilidades comulgan cuando hay interés mutuo, cuando aparece el entendimiento, cuando se aproximan las mismas en su nivel de comunicación. Las impresiones exteriores obnubilan la percepción distorsionando la cosa en sí. Atrás en el tiempo quedó la distinción entre virtual y real, conteniendo la realidad todo tipo de virtualidad que en la misma percepción es parte cotidiana de la subjetividad. El hombre es capaz de transformar en algo tangible aquello que pensó. La palabra y el material bruto son las herramientas con las que cuenta para darle forma. Éstas después son observadas y sus impresiones, otra vez, nos llegan como algo exterior a pesar de haber surgido de nuestra interioridad. Las mismas pueden ser obras de arte, exposiciones científicas, inventos tecnológicos y demás. A veces estas impresiones que capta nuestra atención nos invita a darle una importancia más elevada si toca algo más profundo en nuestra subjetividad, debido a que la interioridad creadora, la sensibilidad, es lo que nos une. No nos une en el sentido que por atracción se unen las formas y se funden, sino que es en efecto lo que todos tenemos en común y cuando hay entendimiento vivo a ello se le llama comunión.

En los sueños, amén de las formas que se presentan, esta sensibilidad en los otros se presenta como una emulación de la vigilia de nuestra propia interioridad.

En el origen de toda comunicación, de la comunión, está por encima de todo el deseo,  la unidad de ser.