La sombra del aire

Cierto día, a la sombra de la luz del alba sentado bajo el verde sauce, en posición de semiloto, meditaba el maestro Chu-Lin quién sabe qué. En el momento en que cantaban los gallos, se acercó con impaciencia quien por esos años era su discípulo predilecto, el joven Nepal. Chu-Lin notó la presencia de Nepal delante suyo pero quería darle una lección a su discípulo y ni siquiera abrió los ojos. Nepal dudó entre interrumpir la meditación del maestro o marcharse sin disipar su inquietud. Se decidió por lo primero.
-Maestro. -dijo en tímida voz.
-Te oigo Nepal. -respondió Chu-Lin.
-Tengo una inquietud. ¿Qué debo hacer con los gases del estómago al amanecer?

El maestro, abrió lentamente los ojos e irguió aún más su postura dejando un espacio en donde apoyaba las nalgas y tras un rotundo sonoro pedo respondió:
-Déjalos que fluyan.

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