Menudencias IV

Cierto día, en Clorinda, Formosa, todo el pueblo, al unísono, se dio cuenta que todo lo que venían haciendo era en vano, al mismísimo pedo, y se quedaron quietecitos nomás, charlando, bebiendo y comiendo, tomando mates o simplemente haciendo el amor, y hasta quizá escuchando música o leyendo, viendo pasar a la gente, celebrando y bailando sin esperar al sábado, dejando la maquinaria productiva en manos del imperialismo, que los desalojó. Actualmente, transitan por las calles de otros pueblos, como una nación sin territorio, deambulando entre aquellos que consideran todo como de vital importancia para el progreso de la sociedad capitalista numerológica. Algunos los reconocen e incluso los denuncian, pobres clorindenses, que son perseguidos por no adoptar la ideología imperial. Otros, en tanto, se pliegan a su falta de escrúpulos, pero sus coterráneos, lejos de comprenderlos, los tildan rápidamente de vagos y holgazanes, pues no tienen el aura de Clorinda coronando sus sienes.

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