El hombre universal

En el hombre cohabitan tres deidades: la Creación, la Preservación y la Destrucción. Es probable que en algunos especímenes se manifieste de modo más tangible alguna de las tres por encima de las otras. Hay creadores locos que tras su obra la destruyen; otros preservan creaciones ajenas; mientras que otros crean desde los restos de la destrucción. La combinaciones de estas potencias son infinitas. El hombre es en verdad un dios que ignora sus posibilidades, o una trinidad divina que sufre a partir del desconocimiento de su propia envergadura. Esa trilogía que se manifiesta en el hombre es la que rige los procesos del universo: Creación, Preservación, Destrucción. Por ello mismo, puede decirse que el hombre, como metasímbolo, es el propio Universo.

El hombre está ocupado buscando alguna ventaja para sí. Preservar el tiempo es lo máximo a lo que puede aspirar en tales circunstancias. El último gran filósofo que dio la Argentina, Macedonio Fernández, dice en uno de sus escritos: “El Universo o Realidad y yo nacimos en 1º de junio de 1874, y es sencillo añadir que ambos nacimientos ocurrieron cerca de aquí y en una ciudad de Buenos Aires”. Las charlas con él y su amistad fueron una de las grandes inspiraciones de Borges. Hoy día se pueden leer comentarios achacándole que se cocinaba una vez por semana e ingería eso que se iba descomponiendo con el correr de los días o que vivía sus últimos años recostado en un diván. El ser humano ordinario no va más allá de la experiencia física, que es en verdad minúscula para el vasto universo que es, no como resultado, sino como comprensión fundamental de la existencia. A su vez, Xul Solar, pintor, filósofo, escultor y también escritor argentino, se declaraba inmortal en restos mortales. Su viuda, al ver su cuerpo en el cajón durante el velorio, exclamó ante el público: ahí lo tenés al inmortal.
Hay cuestiones que son difíciles ( por no decir imposible ) de transmitir, porque se trata de comprensiones, no concepciones, lo cual llevarlo al lenguaje no siempre es posible ni deseable. Los artistas lo vienen haciendo hace milenios, pero no siempre se comprende.
La Verdad, con mayúscula, no puede ser nunca objetiva ni parcial.
Y que la mentira y el engaño se popularicen no la hace inexistente.

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