Fugaz

flynnpaff

Dijo el carnicero: no hay más sesos, llevarán tripa gorda.
Dijo el kiosquero: se terminaron los cerebritos, habrá que vender flin paff.
Dijo el ferretero: no me quedan focos, saldrán velas nomás.

Y cuando ellos volvieron para reclutar la fuga se había perpetrado ya, quedando los zombies en masa sin nada para morfar.

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Se eleva el espíritu, danza el corazón

La vigilia conjuga todas las impresiones que se observan, sean éstas tangibles o virtuales, sensitivas, de palabras y emotivas. La subjetividad determina el valor o la importancia de las mismas, aún sabiendo de antemano de su condición pasajera. Las sensibilidades comulgan cuando hay interés mutuo, cuando aparece el entendimiento, cuando se aproximan las mismas en su nivel de comunicación. Las impresiones exteriores obnubilan la percepción distorsionando la cosa en sí. Atrás en el tiempo quedó la distinción entre virtual y real, conteniendo la realidad todo tipo de virtualidad que en la misma percepción es parte cotidiana de la subjetividad. El hombre es capaz de transformar en algo tangible aquello que pensó. La palabra y el material bruto son las herramientas con las que cuenta para darle forma. Éstas después son observadas y sus impresiones, otra vez, nos llegan como algo exterior a pesar de haber surgido de nuestra interioridad. Las mismas pueden ser obras de arte, exposiciones científicas, inventos tecnológicos y demás. A veces estas impresiones que capta nuestra atención nos invita a darle una importancia más elevada si toca algo más profundo en nuestra subjetividad, debido a que la interioridad creadora, la sensibilidad, es lo que nos une. No nos une en el sentido que por atracción se unen las formas y se funden, sino que es en efecto lo que todos tenemos en común y cuando hay entendimiento vivo a ello se le llama comunión.

En los sueños, amén de las formas que se presentan, esta sensibilidad en los otros se presenta como una emulación de la vigilia de nuestra propia interioridad.

En el origen de toda comunicación, de la comunión, está por encima de todo el deseo,  la unidad de ser.

Somos todo


Semo’ el lenguaje o las tripas
Semo’ la comunicación o la sangre
Semo’ el conocimiento o los huesos
Semo’ la información o los pelos.

Semo’ lo que ha dejado, la vida
Semo’ lo que anhelamo’, los sueños.
Semo’ eso que amamo’, sentires
Semo’ lo que pensamo’ y semo’
Lo que ha purgado el llanto
Lo que ha dejado la risa
Lo que ha tocado el dolor
Lo que ha logrado el placer.

Semo’ lo particular y lo total
Semo’ vacío y semo’ plenitud
Semo’ el espacio entre lo que semo’
Semo’ todo lo que conocemo’.
Semo’ ante todo, chas gracias
Mas por un rato, de nada.

Palabras recogidas

Recojo frases para el momento
Que luego descarto en un parpadeo
Puedo emular así un pensamiento
Después las vendo en el menudeo.

Expreso cosas que otros dijeron
Y las repito a ver si les gustan
Robo palabras que compartieron
Mas sin pistola por si se asustan.

Las recolecto sin discreciones
junto a granel sin distracciones
después las tiro a la alcantarilla
o las arrojo por la ventanilla
no colecciono frases vulgares
sólo oraciones protocolares.

Alguien me ha dicho que esta obsesión
es vestir a la moda para la ocasión.

Vivo surcando en los pensamientos
Entre emociones y sentimientos
Creo que un día serán mis simientes
A cada momento junto a destajo
Frases hermosas, grandilocuentes
Que no me sirven para un carajo.

4G

Segundo Décima era un rockero de cuarta. Pero de no cuarta categoría como podría presuponer algún desprevenido, sino de cuarta generación. Cuando todos iban por la segunda, él metía quinta a fondo. Sin embargo, no fue sino hasta su sexto disco cuando lo reconocieron en una premiación en la que había sido ternado como artista revelación. Segundo, no obstante, se rebeló y no asistió a la entrega quedando la estatuilla en manos de su manager, quien la vendería luego para comprar chocolates. Décima tenía la particularidad de haber sido el primero en fundar un quinteto de vientos en esa categoría musical. Una de las canciones de dicho disco, titulado “Noveno cuarteto” disparó algún tipo de controversia con sus colegas. Parte de su letra daba parte de la filosofía que encaraba Décima en aquél tiempo:
A Dios gracias, existe el olvido
santo remedio final
en el que se desvanece mi mal.

Los más agitados fueron sin dudas Los tipitos, quienes pusieron el gritito en el cielo. Segundo Décima, lejos de retractarse, lo reafirmó en sucesivas canciones posteriores, sobre todo en el octavo hit del duodécimo disco ( dicho sea de paso, éste alcanzó a ser Disco de Níquel con las ventas al público en su primer año ), que sentenciaba en un pasaje del mismo:
La memoria en su tiranía
no cumplirá la promesa,
finalmente te olvidaré
tengo absoluta certeza
fue falsa la travesía
de mí te desterraré.

A pesar de sus numerables logros, Décima cayó con su último disco ( el vigésimo ) en el olvido del público. Los jóvenes no escuchaban sus canciones ni las tomaban en consideración. Los más veteranos, por su parte, reconocían que Segundo había perdido el ímpetu que caracterizó sus comienzos en la música. Se despidió con más pena que gloria dejando su vocación definitivamente tras la trágica muerte de su mujer, la afamada actriz Gloria Penna, en un accidente automovilístico. Hoy Décima pasa sus días recluido en su chalet de la cuarta avenida, alejado de la música, a la cual no destina ni una décima de segundo de su vida.