Una poesía erótica

Para escribir una poesía erótica
es necesario usar términos sensuales
se pueden emplear metáforas carnales
que tengan connotaciones sexuales
hablar de oscuras selvas virginales
donde la luz penetra por aberturas labiales
o de un faro erguido en una playa exótica.

Se debe mencionar el calor del roce
entre dos formas dispuestas al goce
focalizar que el fogoso contacto
que eleva la temperatura al tacto
tiene un momento de celebración
en la entrega total a la mutua atracción.

Lo lírico no es tan importante
como sí lo es el gozo del encuentro
donde sábanas pueden ser centro
de escena de besos y transpiración
que enciendan allí la imaginación
y cada palabra resulte estimulante.

Las zonas erógenas deben mencionarse
con total rigor como una verga rígida
no usar términos como apareamiento
sin la emoción de una gran cogida
hablar de tetas, brazos y rítmico movimiento
y de un culo firme que propicie excitarse.

La lectura cobra vida en su energía
plasmada entre sus versos cual orgía.

De esta forma, logrará la propuesta
la erótica con una letra bien puesta
que si el lector busca una aventura
la tendrá con la pija bien dura
y en el caso de una mujer leyendo
sienta que el autor se la está cogiendo.

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Informe de “El literero”

-Giuston, tenemos un problema. Ya no están leyendo nuestros informes. Además de resultar vetustos y carecer de interés comercial, no tenemos público. La alfabetización digital logró que muchos pudieran discernir entre ceros y unos por muy exigua que parezca la diferencia, reconocer un nanosim o distinguir entre distintos pixeles que se han multiplicado a la velocidad de la electricidad pero no hay quien distinga entre un punto, la palabra punto y apartar un punto. Por si fuera poco, el idioma arcaico que nos han legado aquellos conquistadores del intelecto a cambio de nuestras riquezas y su dominio colonial a través de sus compañías telefónicas, expiró a fin de siglo. La gente mira, el resto lo hace la imaginación. Por lo que concluyo que no hay humanos. Estamos solos en el Universo.
-Te entiendo, pero no me llamo Jiuz Ton, sino Cacique Beck.

***
En otro artículo en aymara amplían el informe detallando que “lo que queda son mutantes antropomorfos”. Según él, éstos suplantaron a los humanos cuando se encontraban viendo un desfile de Valeria Mazza. No obstante, “unos pocos salvaron sus pellejos y aún deambulan entre aquellos, los que aún sobreviven. Los humanos que quedan se reconocen entre sí, pero los mutantes sólo ven diferencias. A éstos se los puede reconocer fácilmente porque nunca cagan”, según palabras del Cacique Beck con dudosa traducción al castellano, “aunque simulen. Los humanos cuando alguno sale del baño y sienten olor a mierda se sienten en paz por la hermandad de la escena universal, pero el mutante siente olor, aunque dure un pedo, pone cara de engendro y busca a quién culpar”.

“Tienen muy desarrollado el sentido del olfato, por eso muchos son goleadores. Pero además de no leer o los que quieren leer, no tienen posibilidad de comprender pues desconocen el arte milenario de la escritura y sólo se atienen a la literalidad ( algunos de los que escriben también lo son ), tienen el oído atrofiado y no escuchan, o escuchan todo distorsionado. Por eso hay que estar tranquilos porque estamos a salvo, pero por las dudas hay que tener siempre un desodorante de ambiente en el bolsillo. ( Alguno puede leer o mirar sus informes y poner un megusta para persuadirlos. Tengan cuidado )”.

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Diálogo con face without faces

¿Qué estás pensando?
No te incumbe.
¿Qué estás pensando?
Ya te respondí.
¿Qué estás pensando?
Si seguís insistiendo te lo voy a tener que decir.
¿Qué estás pensando?
¡Uf! Tantas cosas…
¿Qué estás pensando?
No sé porque lo que estaba pensando cuando me hiciste la pregunta no es lo que pienso ahora que no me preguntás qué estoy pensando.
¿Qué estás pensando?
En realidad, nada, pero debo tener cara de que pienso bastante y eso a vos te tiene intrigado.
¿Qué estás pensando?
Estoy despejando una incógnita.
¿Qué estás pensando?
Que X debe pasar restando.
¿Qué estás pensando?
¿Que qué estoy pensando?
¿Qué estás pensando?
En la misteriosa composición de tu pregunta y las azarosas respuestas que obtenés.
¿Qué estás pensando?
En la opacidad del gris de la materia.
¿Qué estás pensando?
Tenés demasiado tesón, ¿ya te lo dijeron?
¿Qué estás pensando?
Si las subas tarifarias del agua buscan con un sentido común reducir el perjuicio de la humedad en las cosas y la gente.
¿Qué estás pensando?
No, ahora te equivocaste, estaba hablando por teléfono.
¿Qué estás pensando?
Qué es eso de qué.
¿Qué estás pensando?
Vos sos el que ríe último, pero reís peor.
¿Qué estás pensando?
Me remonto al siglo catorce.
¿Qué estás pensando?
Volver al veintiuno.
¿Qué estás pensando?
No sé, porque todavía debo ir por el dieciocho y el pensamiento viene rezagado.
¿Qué estás pensando?
Bueno, eso de estar…
¿Qué estás pensando?
En lo reiterativo de tu canto. ¿Qué pretende usté de mi?
¿Qué estás pensando?
Bueno, te lo voy a decir, pero con una condición.
¿Qué estás pensando?
Cuando vos ponés las condiciones yo te las acepto, aunque tus términos no me convenzan.
¿Qué estás pensando?
Me tenés cansado.
¿Qué estás pensando?
A esta altura del tanque el agua no sube frecuentemente.
¿Qué tienes en mente?
Parece que cambiaste de argumento…
¿Qué tienes en mente?
Aserrín, por si preciso tocar madera.
¿Qué tienes en mente?
Nostalgia por tu pregunta clásica.
¿Qué estás pensando?
No sé, pero le voy a trasladar tu pregunta a los demás para sacarle temas de conversación.

Pinceladas VII

La Punta Alta se aleja de la Bahía Blanca cuando algunos, entre risas, proponen rebautizarla High Peak, subordinando el idioma del que reniegan a tono con las modas de la era. El trabajo se divide en dos: lo que sucede a nivel físico, que es mecánico, maquinal o animal, según se entienda, y lo que sucede a nivel verbal que puede ser de índole similar a las dos primeras o de otra. En éste último, cuando no necesitamos de las palabras para la actividad que se realiza, los temas de versación derivan en pasatiempos imaginarios que nos distraen y entretienen, haciéndonos olvidar de aquello otro. Ahí me pregunto dónde estoy en esos momentos y creo que en ninguno, como en un relato onírico donde todo se conjuga para visitar escenarios paralelos entre guiones de una dramaturga deidad y en otro plano me encuentro yaciendo en la cama a temperatura agradable, a pesar de que en la noche detrás de las paredes la misma no bajó de veintiséis grados y pronto quizás roce los cuarenta. El timbre suena, pero todavía no distingo si es un bocinazo cuando estoy cruzando la calle en el sueño o es la vecina que me quiere consultar una cuestión que la tiene preocupada. Abro los ojos y ahora tengo sólo una alternativa: ir a abrir la puerta. Me mira un tanto turbada porque la impresión que le da mi cabellera no suele verla en las imágenes que a diario le depara su atención, salvo en algo que se muestre como algo exótico o cómico. Cuando sale del letargo me pregunta si no me dejaron alguna correspondencia certificada para ella, pero ahora me toca salir a mí y despegar el cerebro del espectáculo natural del sueño que todavía sigue rondando como un recuerdo leve y borroso que, finalmente, me deja rebuscar en lo sucedido el día anterior y recordar que dejé aquella correspondencia en la mesita del teléfono. Se la entrego y se despide con simpatía y agradecimiento, tras lo cual cierro la puerta con llave del lado de afuera y me subo al auto para no llegar tarde al trabajo. Pero al llegar enseguida me doy cuenta que otra vez es lo mismo que el día anterior, por lo que no tengo tanto apuro, regreso, me afeito, me ducho, me visto y me tomo un café escuchando el piano de Bill Evans, y ahora sí, voy al trabajo. O al menos allí parece que estoy cuando mi compañera Marisa me besa con la dulzura de una amistad o cuando un bochinchoso ruido me llama la atención, sin alcanzar a determinar si fue un portazo, una ventana que cayó o un estampido en el estacionamiento. Pero es suficiente para entender que hay vida. Después me olvido y continuó con lo que estaba. ¿Y dónde estaba? Ah, claro, estaba cruzando una calle cuando de repente oí un bocinazo, que para algunos resulta más fácil que pisar el freno, incluso en sueños. Sin embargo, en éste caso el conductor no me estaba apurando el cruce, sino que lo hacía en señal de saludo y al verlo, me doy cuenta que es un tío al que hace rato que no veo. Cruza la calle y estaciona junto al cordón, tras lo cual se baja y me da un abrazo con su alegría inconfundible. Me habla en ruso, o por lo menos, asocio esos sonidos que no comprendo a tal idioma porque alguna vez visitó Moscú, recuerdo bien. Pero no puede ser… porque los recuerdos quedaron allá abajo, sobre la almohada. Entonces empiezo a desconfiar, la visión se turba un poco y ahora que lo miro bien, no es mi tío fallecido, sino un antiguo jefe que tras el retiro se radicó en Noruega y hoy está de visita. Me despido alegando llegar tarde al trabajo y nuevamente me saluda estrechándome en un abrazo. No alcanzo a cruzar la calle y veo que Marisa detiene la camioneta delante mío y me hace señas para que suba. Miro con suspicacia. ¿Otra vez suena el timbre? Esto ya lo soñé.

El discurso

No es al nacer sino al formarse
Las ideas tejen el engranaje
Que cimenta de palabras su bagaje
Y el intelecto comienza a enredarse.

No es al comienzo sino en el ruedo
Que se colma el proceso del lenguaje
Un término sirve un nuevo brebaje
y se embriaga el intelecto en el espiedo.

No es al inicio del discurso interno
Que se jacta la palabra de elocuencia
Satura la atención sin displicencia
Se engrampa el intelecto en el averno.

No escarmienta la conquista intelectual
Ni escatima recursos ni seducción
Cual bella dama de firme convicción
Resiste en su congoja de tinte residual.

Preámbulo

Vos, el representante del pueblo de la Nación Argentina, sentado frente a la Pantalla Audiovisual Inteligente por voluntad y elección de los medios que la componen, en cumplimiento de intereses preexistentes, con el objeto de vislumbrar la unidad nacional, percibir la justicia, consolidar tu paz interior, cimentar el sentido común, proteger tu bienestar material y augurar los beneplácitos del control remoto para vos, tu posteridad y para todos los personajes que quieran desfilar en la televisión argentina; invocando la protección del Sillón, fuente de todo confort y relax: ordenás, decretás y establecés esta Programación para la Nación Argentina.

Tercera dimensión

La pantalla capta la atención
De la era o la época en cuestión
No hay atisbo de alguna reflexión
En el rictus no se ve la complexión
No hay problema, dijo un Alf en extinción
En tres de no existe preocupación
Y si algo te aqueja, maldición
Apretá un botón y poné televisión
Que se colme el cerebro de información
O las redes que te den una emoción
Que el megusta no tiene saturación
Cuánto mucho te morís de inanición.