Pinceladas IV

Seguí caminando mirando hacia la Punta Alta bajo un cañón escondida en la Base Naval. Cuando el tiempo sobra, el trabajo escasea. No tenía inquietudes pasadas ni por venir, pero igual los pensamientos se debatían en el tiempo. La nostalgia me dice que el pasado fue más feliz. La esperanza señala al futuro como el tiempo promisorio. Ambos divagues sirven para evadir el presente que se presenta como aburrido y a lo atemporal como inexistente, cuando es lo que le da el toque de sentido al mero vivir. Pero la tendencia social es la acaparación, y no me quería quedar sin mi pedazo de la torta. Entré a Zama y pedí una porción. En el camino pasé por el supermercado chino sito en calle Rivadavia también y compré yerba para un mes y, por supuesto, para esa tarde también. La joven que estaba en la caja no hablaba bien el español pero los números los manejaba a la perfección. Cuando salí pasé por la última calesita en estado de semiabandono. Había un revistero en el cual compré un libro que me llamó la atención. No fue por el título, ni por el autor, ni siquiera por el diseño de tapa. Era de una editorial uruguaya que había publicado un libro más que interesante de un autor de aquél país. Torta, mates y un libro me decían que no era una tarde más. De pronto empieza a llover y lamento no haber salido en auto o no haber tenido la precaución de mirar el pronóstico del tiempo. A los chicos que hacen piruetas en patinetas sobre el edificio del registro civil no les importa. Busco refugio bajo un toldo y espero un remisse. Por suerte el libro vino envuelto en nylon por lo que está protegido contra el agua. Si es malo tal vez me sirva para dar comienzo a un asado en alguna oportunidad. Todo es sagrado hasta que sabe a impureza. Los pocos paraguas que veía habían crecido en tamaño con respecto a otros más antiguos. Alcé la mirada al cielo y todo arriba se había tornado gris, a excepción del blanco de la iglesia María Auxiliadora. El auxilio que esperaba de un remisse se hacía desear. Extrañamente cuando llueve no se oye música en las calles y el sonido de la lluvia prevalece junto con el de los motores que transitan por el asfalto. Pasa un remisse y le hago señas. Se detiene, por suerte, y me traslada a la vivienda. El chofer va escuchando debates de la actualidad social que pronto serán olvidados. Por lo menos se entretiene durante el viaje diario. Las esquinas presentan abundante cantidad de agua, pero todos pasan con cuidado. Llegamos pronto a casa y me despido cuando me estoy bajando del coche. Abro la puerta y rápidamente compruebo que se me cortó la luz. Le pregunto a la vecina, que sale con un paraguas, si ella tiene y me responde que no, también se le cortó. Entro tranquilo y recuerdo aquellos tiempos en que los cortes eran frecuentes cuando llovía y se propiciaba un encuentro diferente familiar iluminados por la luz de una vela y con una radio a pilas. Después volvía la televisión y las burbujas. En esos tiempos me topé con un disco de Sex Pistols que nunca escuché titulado “La estafa continua” o “La estafa continúa”. Un acento puede significar una gran diferencia, a saber, que puede denotar que la estafa es persistente o casi permanente, o bien que en algún momento comenzó y aún sigue vigente, pero con el indicio de que tendrá fin. A fin de cuentas, lo que cuenta es que había una estafa en curso y me dispuse a investigar.

Alegría

Hoy les traemos la presentación de la mano del maravilloso Circo del Sol, el film “Alegría”. En una producción revolucionaria, repleta de bailes de todo tipo y en diferentes eventos y circunstancias, el eje central de la película se mueve sobre el abuso de poder de los gobernantes, con decretos que danzan al compás de la música escogida por el jefe de gabinete y vetos que se cantan entre los Cuarenta Principales. Nadie podrá decir que el film no es entretenido y la subsistencia trae aparejado un desarrollo cerebral inesperado entre los espectadores, debido al ingenio al que deberán recurrir para obtener siquiera algunos popcorns que, lejos de divertir, serán la escasa ración alimenticia de muchos que harán poner el grito en el cielo a los nutricionistas, aduciendo escasez de diversidad en el plato de comida diario –la película se extiende del diez al 10- y la falta de colores en el mismo ( para esto encontraron resistencia en la publicidad oficial, debido a que hacen hincapié en que el color está dado justamente en el plato y no en su contenido; dicho sea de paso, no es un plato como tal, ya que es un cono, amarillo ). Mientras tanto, suceden cosas vistosas que llaman la atención, como los pasos al costado de aquellos que hacen el trabajo sucio en el centro de la escena monetaria, pero a la derecha de la pantalla. La iluminación es muy buena, sobre todo donde las velas hacen su labor medieval, y la fotografía del film es excelente, con muchas caras sonrientes en los despidos. Por su parte, el maquillaje no se queda atrás, sobre todo en heridas de balas de goma. Como moraleja, la película deja entrever una luz de esperanza para la recuperación de la libertad al pinchar los globos de los que se sueltan palomitas de maíz en un vuelo rozagante. Y ahí se debate la dicotomía entre lo que unos dicen: ojos que no ven, corazón que no siente; y lo que otros manifiestan: panza llena, corazón contento; de allí el título del film.
Desde esta noche, en todos los cines del país que logran cubrir los gastos de electricidad.

Posibles génesis según varía la cultura

G1
En el principio era la Construcción, y en la Construcción se vivía sin Dios y nadie en la Construcción sabía siquiera de Dios. Ahí todo era distinciones entre esto y aquello, ese y éste otro, índigo y violeta, Pitufo y Larguirucho, amargo y tereré, antes y después qué, Borges y Cortázar, hambre y capitales, dioses y eruditos, vida y esperanza, ignorancia y yo qué sé. La Construcción estaba siempre ahí, con una característica sobresaliente: nada podía permanecer; por ello, todo cambiaba, mutaba, se transformaba o como le quiera llamar al proceso que regía lo único que había. Esto lo supo Edén, que era parte. Cuando tomó conocimiento del estado de cosas, pensó: cagué fuego. Entonces comenzó a discutir el asunto con los muros de la Construcción pero éstos lo fueron arrinconando a tal punto que cuando se lo estaban por engullir en un rincón, Edén cayó por un tubo durante cientos, miles, millones de años al vacío. Cuando terminó de caer, se asomó y observó que al final todo estaba lleno de construcciones, pero como durante la caída no había comido nada estaba tan flaco, tan flaco, tan flaco que atravesaba todas las construcciones y no chocaba con nada ni nada parecía detenerlo. Se había vuelto invisible. Cuando rayaba la desesperación, se plantó delante de él una mujer de una belleza sin par, que apiadándose del pobre diablo, le tendió una manzana para que se alimentara y recobrara vitalidad.
-¿Y vos? ¿De dónde saliste? –le preguntó Edén tras dar un mordiscón.
Ave, paciente con la inocencia de Edén, le contestó dulcemente:
-De tu esternón, mi amor.
G2
La luz era tan radiante que obstruía al sol y todos estuvieron de acuerdo en que se podía prescindir de sus servicios, si es que alguna vez los brindó. Entonces se organizaron varias excursiones a las estrellas, para ir apagándolas de a una, ya que a la noche consumían demasiados recursos de la tierra que estaban destinados a la vanguardia ideológica contemporánea. Así, poco a poco las constelaciones pasaron al olvido, la luna se inhibió y el sol finalmente se esfumó. No obstante todo se seguía observando tal como antes porque dejaron en su lugar luces que simularon cumplir alguna función. Los alimentos dejaron de surgir de la tierra como consecuencia, pero sustitutos de apariencia similar fueron concebidos por el conocimiento, aunque por algún extraño fenómeno cada vez se comía mucho más que lo necesario y el hambre era tan feroz en todas las bestias que poblaban el espacio sideral que ninguna estaba satisfecha. Las sustituciones también se realizaron en esas especies, que eran todas las que tenían movilidad. Éstas y las otras se duplicaban, triplicaban y multiplicaban a tal punto que el espacio no daba abasto a pesar de que se procuraba reducirlas con diversos métodos. No obstante, la filmación guionada fue interrumpida por el director, de nombre Edén, que luego gritó:
-Detengan la acción, llévense las cámaras, apaguen la luz.
-¿Qué sucede, vida? –le preguntó Ave, su mujer, quien llegaba con una canasta de manzanas colgada de un brazo no especificado.
-Esta película es una cagada. –respondió aquél.
-¿Y si mejor tirás unas costillas a la parrilla? –preguntó Ave. –Los nenes tienen hambre. –agregó. En efecto, tenían ciento ocho niños que alimentar.
-Tenés razón, el cine no es lo mío. –sentenció Edén.

Se fueron sin dejar rastros. No quedó ni el loro. Ni siquiera sabíamos si algo o alguien había porque todo estaba muy oscuro. Al final, estábamos nosotros y éramos nosotros, pero como no teníamos nada recobramos la Palabra y se hizo la luz. Y ese fue el principio.
G3
Al principio era el Espacio y el Espacio era todo. Pero no era el espacio entre dos palabras ni el espacio entre dos objetos, sino el espacio, a secas, ya que ni siquiera había humedad; el agua vino mucho después; y el vino ni hablar. Tampoco había dioses, ni científicos, ni filósofos, ni poetas, ni sed, ni música, ni imágenes, ni palabras. A medida que el proceso continuó empezamos a hablar, a escribir, a dibujar, a pintar y todos querían mirar, pero como no estábamos dotados del sentido de la vista aún, no veíamos nada y nos empezamos a tocar, a abrazar, a empujar, a pellizcar para corroborar que fuera cierto. Pero aún no lo creíamos y los intentos de iluminar los ojos fueron entretenidamente útiles pero ineficaces. A esa altura, se le ocurrió a un minero llamado Edén ocultar el Espacio bajo tierra. Se tomó el trabajo de reunirlo todo, que cabía en una cantimplora, y lo enterró en un viaje al centro de la tierra. Entonces, de eso que había sido el principio no quedó nada y todo lo demás quedó navegando, como el haz de luz de la linterna del casco que él llevaba puesto en la cabeza, a la deriva. Cuando asomaba por el túnel, su mujer, Ave, lo puso en vereda:
-Devolvele la cantimplora al pequeño Sec inmediatamente. –le dijo, cargando una bolsa de frutas que había comprado en el shopping.
-Está bien, pero si me das una manzana de esas que llevás ahí. –respondió el minero, que estaba muy hambriento y fatigado por el viaje.

Ave la dejó caer en las manos de Edén, que en su intento por atraparla se golpeó contra el lateral de la excavación, quebrándose una costilla. Luego, la cantimplora se restituyó a su legítimo propietario y el Espacio fue liberado, quedando todo como al principio.

G4
En el principio no había edenes, ni aves, ni espacio, ni palabras. Con el inexplicable surgimiento de los elementos a partir de allí, se producen también las formas cuya identificación resulta imprescindible para saber de qué estamos hablando por lo que surgen los nombres y la memoria que facilita la tarea de que al reconocerlas se las pueda nombrar. Con ella también surge el tiempo y la anticipación, y ambas comienzan a interactuar así como también los elementos constitutivos en una vibración intermitente. No obstante, ese movimiento secular del principio original puede interrumpir su pulso en un instante, quedando sólo aquello que es lo que en definitiva es. Se podría decir que el Ave reposa libre en el Edén y que allí no queda más Espacio para ponerlo en Palabras.

 

Desarrollaremos las distintas posibilidades en diversos biblioratos de acuerdo a los disímiles pueblos que las adopten.

Nuevas definiciones de la RAE (2)

Tomá nota, cimarrón

Detergente: gente determinante y/o determinista.

Divergente: gente que se divierte o que divierte.

Convergente: gente conversando.

Sugerente: el gerente de usted.

Celulosa: losa hecha a base de celulares.

Celuloide: humanoide utilizando un celular.

Cash: onomatopeya que indica emoción efectiva.

Millonada: camada de amigos de Roberto Carlos.

Serenata: algún día deveniré Natalia/Natalio.

Elector: lector electrónico.

Emoterapia: Terapia realizada sobre un eje central de emoticones.

It

Hoy les presentamos el trhiller “Eso” ( It ). Caratulada como película de terror, basada en un libro de Stephen King, Eso representa los miedos del ser humano y cobra diferentes formas ( arañas, payasos, globos, ministros, vetos ) para surgir ante un grupo de jóvenes que se reencontrarán varios años después ante las mismas circunstancias, un tanto más envejecidos quienes hayan sobrevivido a Eso, para reunirse y finiquitar sus más profundos temores, ante el lema de que la unión hace la fuerza. No obstante, Eso detenta todo el poder sobre el subconsciente de Aquellos y se presentará en diversos ámbitos y de las maneras más inesperadas, como la suba del iva a través de la no renovación de la devolución automática del porcentaje; la inflación de un dígito, que hace un año se mensualizó para distracción ( más iva ); las vacaciones de los mandatarios y un deja vú de alguna inundación difícil de televisar; o cambios en el gabinete del mejor equipo de los últimos, años cincuenta. Quizá los incendios no representen tanto a Eso, por lo que Aquellos se levantarán exigiendo que Eso muestre finalmente su verdadero rostro, como alguna vez le ocurrió a Piñón Fijo, aunque en diferentes situaciones, pues mientras éste divertía y brindaba felicidad y alegría ( no revolución ) a los niños, Eso iba en dirección contraria como si le faltara la chaveta, se pasó de rosca con los cambios o financió la bicicleta con Lebacs. Si bien el film dura cerca de 3 horas, Eso no es motivo de alarma, pero por las dudas el espectador debería activarla al bajar del coche, pues su rostro maléfico lo podría enceguecer y hay algo que queda claro con la narrativa de King y su don: con Eso no se jode.
Vea, desde ésta noche, Eso, en todos los cines del país que estén en eso.

La decisión

Es difícil decidir un me gusta
con tantas hermosas visiones
palabras suaves, dulces poesías
todo tipo de familiares emociones
fotografías que representan alegrías
y tiempos de distintas diversiones
es cierto hay berretas filosofías
pero no por ello reprimen sensaciones
también hay videos con melodías
y algunas graciosas canciones
palabras que llegan de corazón
y otras que nos brindan una razón
para celebrar este milagro vital
de existir y jactarnos de tal.

Lo mejor es no complicarse
poner me gusta si te da la gana.
Y si acaso algo no te gusta
andá a visitar tu hermana.

Pinceladas III

lomo1

Estoy en la carnicería esperando que digan en voz alta mi número. Faltan dos. Un hombre recibe un llamado por teléfono y se va a atender afuera. Dicen mi número y pido dos kilos de asado y otros tantos de vacío. Pago con tarjeta, además, la bolsa de leña y algo de pan. Es domingo y ya se ve el humo invadiendo el aire sobre las casas de Punta Alta. No sé si menos que antes. El antes y el después son meras conjeturas. Cuando estoy por arrancar con el fuego llega mi cuñado y me dice que lo hace él, mientras que ya empezó por el vino. Aprovecho para darle unas pinceladas a las rejas que me dan la sensación de que brindan seguridad. Por lo menos si un ladrón se le ocurre saltarlas lo mínimo que espero es que se pinche un huevo. Alguien ya preparó mates y se acerca para ofrecerme uno. Me limpio las manos manchadas con pintura con un poco de aguarrás y lo bebo. El vecino me pregunta si tengo internet; le digo que hoy no conecté ningún dispositivo así que no sé. Vuelve al rato para avisarme que ya tenía conexión, pero andaba lenta. Se escuchan las últimas campanadas tocadas por un monaguillo. Es temprano para el asado, pero tarde para ir a misa. Por suerte la congregación en facebook está abierta las veinticuatro horas. Miro las rejas y considero que el trabajo está cumplido. Me voy a caminar con el perro. Una vecina hace lo mismo y los animales se olfatean entre sí. A mi olfato llega el olor de algún pollo que ya está sobre la parrilla. En un quiosco que atienden desde la ventana adornado con globos multicolores pido un paquete de pastillas. Pago y espero el vuelto que no va a llegar porque parece que el precio era justo el billete que entregué. Está justo, me dice la niña que me atiende, y me voy. En una esquina el asfalto se hundió y un cráneo ocupando funciones públicas pergeñó la idea de poner un cartel que indique que hay un badén. Pobre el burro que pone el lomo. El perro ya está con la lengua afuera y a mí me duelen las piernas por lo que empezamos a emprender la vuelta a casa. Me detiene una compañera de colegio que no recuerdo y me acuerdo del cuento del tío. Los recuerdos parecen darle placer, como si lo que apareciera en la pantalla de la memoria fuera de un tiempo feliz. Sin embargo no, en ese tiempo todo era igual, pero el fin de una historia parecía inexistente y la juventud no tenía preocupaciones a la vista ni problemas por resolver. Nos despedimos con un beso y cada quien retorna a lo que lo atañe. Los perros ladran atrás de las rejas y detrás de los portones de las casas, cuando escuchan pasar al que me acompaña. Pocos autos por la calle circulan sin la prisa de la semana. Hay boletas de partidos políticos en el buzón de una casa abandonada a su suerte esperando la sucesión por los herederos, si es que los tuvo, y enfrente un automóvil de otra época que duró más que lo estimado: un Ford T bordó. Adelante de ese, un Ford Ka del mismo color, que extrañamente no sufrió un boicot mediático por la connotación política. Suena la sirena de los bomberos y varios perros empiezan a aullar. No hay remisses, ni motos que hagan demasiado ruido y casi no se ven colectivos. Pasan algunas lanchas o kayaks, pero todavía no está lloviendo. Llegamos a casa y la mesa está casi lista con diversas ensaladas sobre ella. Está la familia, los niños, el vino, el asado, pero tengo la sensación de que algo falta. Me siento en el sillón y busco un párrafo de Kafka que no publican en wikipedia.