Deshumanización

La deshumanización de la sociedad no tiene un registro de inicio, pero se viene gestando de la mano de la industrialización y el desarrollo del capitalismo, incrementándose con la doctrina neoliberal. Al hombre se le vendió la idea de ser un producto, quien la compró y se postula como en vidriera de zapatería. Los otros productos salen de shopping y compran, al tiempo que están en venta. Todo es marketing, desde posar para una foto hasta componer canciones. Los humanos que quedan están recluidos avergonzados y no los notamos en el mercado. El amor es mercancía, la comunicación es intercambio. Del mercado social pretendemos sacar alguna ventaja, algún beneficio como el que nos da un smartphone. Esa es nuestra búsqueda en el siglo XXI. Transacciones posmodernas: te doy para recibir. Y siempre la espera es mucho mayor de lo que se da. ¿Quién no sabe el valor del yuan? ¿Quién no sabe el precio del cobre? Estamos al tanto de tanto cambio, permaneciendo en la idea fija de poder tomar. Felicidad, amor, libertad, verdad, son palabras que se usan a piacere, cuestión que tiempo ha eran indicios de profundidad. En esta era luminosa la felicidad viene en botella o es una hamburguesa; el amor lo dictan las telenovelas y los reggaetones; la libertad es el poder de compra; y la verdad… bueno, no encontrarla nos habilitó a engañar, a mentir, a dejar de ser humanos para ser objetos. Y nos ponemos viejos, la puta madre…

Extractos del Martín Fierro aggiornados

Los humanos sean sumisos
porque primero es la ley,
prudente es tener paciencia
con un bono en lo´ tamango.
Pa´ troden no hay un mango
hoy se paiga a los de ajuera.

Otro:

Junta esperiencia en finanzas
hasta para dar y prestar.
¿Quien la tiene que pagar?
entre impuestos y llanto.
¿veiron que no se televisa tanto,
Crónica exception, el sufrir y el llorar?

Uno más:

Hay hombres que de su ciencia
tienen el cerebelo atrofiao,
hay paivos que son porfiao´
y te arraistran a reincidencia,
ducho es el que ha pactao
rematar hasta su concencia.

Relaciones tridimensionales

Todo tiene que ver con todo
Desde los riñones a un golpe en el codo.
El terciopelo con la conectividad
Las redes sociales con los adoquines
El neoliberalismo con la pubertad
La religión con las papas fritas


La vejez con la metafísica y la libertad
La estupidez con la palabra escrita
La adolescencia con los gorriones
El dolor con los emoticones
La inteligencia con los banderines
El cerebelo con la mar en coche
Y el sueño que tengo con las buenas noches.

 

Cuestionario fijo a escritores

En el ciclo de Eterna Cadencia que suelen entrevistar todos los martes a escritores y escritoras, ésta vez no entrevistaron al autor del presente blog, por lo que no fue ni será publicada una entrevista en ese sitio, pese a que gentilmente y sin ser solicitado respondió a las nueve preguntas habituales del blog de la editorial.

1. ¿Qué te llevarías de tu casa en caso de incendio?
Las cenizas, si llego demasiado tarde.

2. ¿Qué libro de otro autor produjo en vos el efecto que te gustaría producir en quienes te leen?
No hay quien me lea porque no estoy escrito, aunque a veces me leen algo que haya escrito porque les gustó o no; en cuanto al efecto producido por libros de otros autores, hay varios que produjeron en mí el efecto invernadero, pero no sé si fue por su lectura o a pesar de ella, y otros que me produjeron el efecto fotográfico de ojo de pez, según el testimonio de quienes me observaban leerlo.

3. ¿Qué es lo mejor y lo peor que le puede pasar a un escritor?
A un escritor lo mejor que le puede pasar es escribir ficciones, hacer un viaje al centro de la tierra y otro de veinte mil leguas de viaje submarino, escribirle una carta a un escritor latinoamericano, encontrar un ojo en el cielo, darse cuenta que no toda es vigilia la de los ojos abiertos, entablar una amistad con Adán Buenosayres o entender que el mundo ha vivido equivocado.
Lo peor que le puede pasar a un escritor es golpearse un dedo con un martillo u olvidar la cucharita en la taza de café y proceder a beberlo.

4. La superstición es…
Creer que la verdad puede ser verbalizada.

5. ¿Qué disco escucharías manejando solo por la ruta del desierto?
Escucharía el disco “Driving rain”, pero sólo por la ruta del desierto que no llueve.

6. ¿A qué persona real, nacida en cualquier momento de la historia, le desearías una vida eterna? ¿Se lo darías como castigo o como premio?
El concepto de vida eterna no concuerda con el de una persona real, así haya nacido en algún momento de la historia o en otro fuera de ella, por lo que no le desearía algo que no le sería de utilidad a ninguna. Sí se lo daría como castigo en caso de ser un agente neoliberal y como premio si se arrepiente.

7.¿De qué personaje de ficción te gustaría ser amigo en Facebook?
Del Chómpiras, de Chaplín, del chupacabras, de la chocotorta de Maru Botana y de Charlie, Irene y él, y su otro Charlie.

8. ¿Qué creés que hay después de la muerte?
Podría haber un menú con algunas opciones, que tal vez podrían ser: reintentar, cancelar, aceptar u omitir. Podría surgir la posibilidad de que  el menú no responda y aparecer sobre un fondo azul una leyenda escrita en caracteres rupestres y no tener modo de oprimir algún botón de reseteo.

9. ¿Nos mandás una foto de tu biblioteca?
Sí, cómo no.

Matutina

Hoy, el día trae la fragancia
el aroma de la existencia
el sabor que está en su esencia
que rebosa con tu presencia.
El sol brilla en tu elegancia.
Hoy el día trae la armonía
y la misma te dice buen día.

Pinceladas X

Caminamos por la noche de Pehuen-Có con curiosidad. Los viejos dicen que sólo somos niños, pero ninguno lo cree así, salvo cuando corremos a mitad de cada cuadra ( que parecen de trescientos metros ) para alcanzar el haz de luz del foco que hay en cada esquina y nos tranquiliza. Pero no es miedo adolescente, sino aventura propia de la edad. Correr, sentir escalofríos, vértigo y opacar el silencio. Ya bajo la luz caminamos y nos reímos hasta que se acaba y empezamos a correr hasta llegar a ver el mangrullo. “Vamos que ya llegamos”, dice Paolo, y avanzamos haciendo retroceder la noche y la penumbra. En un momento que creíamos ( sí, en ese momento todos lo creíamos igual y no había disidentes ) olvidado aquello, la misma noche se hizo espacio para cubrir con su manto característico de naturaleza silenciosa y se nos ocurrió ( la idea, probablemente, haya surgido sobre un capilar en particular, pero en una amistad como la de esa edad la mente parece ser sólo una, que se comunica entre sí, a pesar de haber varios cuerpos sobre las cuchetas ) quedarnos despiertos hasta el amanecer y ver la salida del sol sobre el mar. Los grillos nos invitaban a descansar y el debate se prolongó hasta que Christofer se durmió y perdimos un soldado en la batalla contra la oscuridad. Paolo prendió la luz y discutimos el asunto entre los que quedamos despiertos. El reloj de Christofer nos indicaba velozmente que el tiempo corría. Estábamos cansados porque esa tarde le habíamos dado unas pinceladas coquetas al frente del asador de Brown y La Argentina. Nosotros lo llamábamos “El quincho”, pero sabíamos que ése era el nombre de otra parrilla más alejada de la playa sobre lo que sería céntrico. Quedó lindo el azul y blanco a pesar de que le faltaron las letras con el nombre del negocio. Sinceramente, lo desconocíamos. Al dueño lo llamábamos maestro, y sólo nos había enseñado cómo era la construcción del hornero, el trabajo del ave para el alojamiento de sus crías y el aprovechamiento de otras aves luego de abandonado. Todo esto lo hizo cuando todos intentamos derribar uno de ellos sobre un poste eléctrico, sin éxito, por suerte para el ave que hoy se esgrime en los billetes de mil. Después nos tomó cierto aprecio y nos regalaba algunas costillas o algún chorizo, hasta que nos ofreció pintar el frente del local. Teníamos el dinero, la barriga llena, sueño y otro por cumplir. ¿Cuántas horas nos separaban de la salida del sol? Lo ignorábamos pero queríamos averiguarlo. Entre los cedros hay una cama paraguaya que me sirve para reposar mientras hacemos tiempo para no dormirnos. Detrás de los árboles puedo ver las estrellas con la claridad del cristal. Todos son intentos de matar la noche. La luna, las estrellas, los focos –uno por esquina-, la televisión e incluso la música y alguna poesía, y sobre todo, las charlas. Igualmente, susurramos, porque los padres de Christofer duermen y se cansaron de ver el amanecer sobre el mar pero dicen que es maravilloso y debe ser cierto. Pero queremos la experiencia de primera mano. En un momento los susurros callaron y sólo se oye la brisa y los grillos que me acompañan a entrar en ese terreno privado que es el sueño. Al abrir los ojos, sobre un pino, una comadreja me observa con la curiosidad propia de nosotros. ¿Qué le llamará la atención? Quizá ha visto el amanecer. No hay estrellas sobre su cabeza y cuando me muevo un poco se aleja.
-¡Leo! –me dice Ariel- ¡No sabés qué bueno que estuvo!
-¿Son boludos? ¡Por qué no me despertaron! –les recrimino al verlos llegar.
-Tomá, mirá lo que te traje –dice Ariel, entregándome una estrella que devolvió el mar a la orilla del sol.