Madrenuestra

Padre nuestro/Madre nuestra que estás en los cielos/las nubes
Santificado/Santificada sea tu nombre/tu gracia
Venga a nosotros/nosotras tu reino/soberanía
Hágase tu voluntad así en el cielo/la galaxia como en la tierra/el territorio
El pan/la galleta nuestro/a de cada día/noche dánoslo/a hoy
Perdona nuestros/as errores/deudas así como nosotros/as perdonamos a nuestros/as patrones/deudoras
No nos dejes caer en la tentación/el escarnio
Más libranos del mal/la sal.
Amén/Amalia.

Aforismos IX

El sentido del humor provoca cierto temor en la gente, porque da la impresión de que en algún punto se vuelve incontrolable, y cuánta certeza hay. Por eso, el hombre común, se refugia en una pose revestida de seriedad ante el temor de desbocarse, pobre infeliz que no da cuenta de su posición irrisoria.
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La irrealidad es un poliedro irregular; la mires por donde la mires, siempre te va a dar qué hablar.
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Si todos entendieran lo mismo no habría necesidad de comunicación; con que uno entienda es suficiente.
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La palabra verdadera llega, toca, aún el tiempo; la falsa se reconoce, se desvanece y así perece.
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En época de mensajería instantánea y volátil, un mensaje perenne o duradero es el único certero.
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Soñar es dormir en la muerte y despertar es vivir el sueño.
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El efecto de la literatura en el siglo XXI sobre el lector es como la televisión de la década del 50, apagada.
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La conciencia habla continuamente, pero en un lenguaje que nadie comprende.

Cada uno

El pibe de treinta jugando a la play.
La dama tomando mate cocido mirando a Legrand.
El repartidor de helados, de día, de noche.
El zapatero, el verdulero, el arquitecto.
Mi hija juzgando un baile por soñar.
El que observa a los muertos caminando en Netflix.
Cada uno de los que publican perritos en facebook.
Coloque aquí sus últimos 3 números del dni.
El desempleado, el que cerró su comercio.
El diputado y su hijo, el que trafica drogas.
El que te insulta y el que te elogia.
La mujer policía y el hombre invisible.
El presidente y la reina del Calafate.
Abuelito dime tú. La ministra de Seguridad.
¿Sala? ¿Maldonado? Natalia Natalia.
El que dice viva la patria. El que la vende.
El negro, el pobre, el cabeza, el gil.
El que madruga y ni Dios ayuda.
Hace rato que no te menciono a Lázaro.
El que trabaja, el que vive, el que duerme.
La que dice Hola Susana. La que dice chau chau chau.
La que piensa en los demás y el que los jode.
El que no le interesa y el que tiene algún interés.
El bondadoso, el amable, el noble, el sensible.
El burgués, el timbero, el vicioso, el virtuoso.
El que tiene, el que no, el que es, el que no.
El que goza, el que sufre, el que come, el que no.

Cada uno es un voto.

Movimiento


La idea de que estamos yendo es un tanto pueril. Casi bordea lo ridículo. Lo sensato sería decir: hay movimiento. Pero ese movimiento es lo que da ritmo, vibración, que no es pendular ni lineal en tanto nosotros; tal vez en la acumulación de cosas. El fin es cesación de movimiento. Todo se disuelve, como mierda en el mar. Por tanto, podemos acordar que sí, estamos yendo, de cabeza a la mierda.

Confluencia

Hay dos fuerzas, dos modos de energía, que no llamaremos bien y mal, ni inteligencia y estupidez, ni luz y oscuridad, ni orden y caos, ni educación e ignorancia, que conviven en el ser humano y, por tanto, en la sociedad. La apariencia puede darse en una de ellas o en otra, pero en la balanza sideral de ambas hay un perfecto equilibro. A una de ellas podríamos llamarla Armonía y a la otra Discordia. Ambas, digo ambas, interactúan al nivel del pensamiento y, por ende, en el comportamiento de los seres. Es claro que donde reina Armonía, no hay lugar para Discordia; y donde manda Discordia, se esfuma Armonía. El estado de los seres más terrenales es la Discordia, en tanto que las almas evolucionadas viven en Armonía, pero el estado de los seres pueden variar tranquilamente. Cuando Discordia ha avanzado a un estado tal que se torna irreversible, aparece la Senilidad como una degradación de Discordia; en tanto, que cuando Armonía se ha estabilizado, desaparece en Sutileza, como ápice de Armonía. El ser humano se bate entre éstas fuerzas o energías -llamadas así por carecer de un término más apropiado- a lo largo y a lo ancho de la existencia. Lo que vemos como movimiento, actividad, es la interacción de éstas fuerzas. Cuando se debaten ideas, conceptos, cuestiones, son éstas fuerzas las que pujan por dominar. Cada una con sus beneficios y ventajas, en todos los tiempos, son éstas fuerzas las que seducen al ser humano, a la sociedad, a la naturaleza, y con su guía lo/la conducen a terrenos que con distintos placebos otorgan diversos tipos de gozo. Si bien, el fin último de éstas fuerzas es la felicidad de los seres y los modos pueden ser simulados, Discordia apunta a la felicidad a través de la supremacía, mientras que Armonía representa la felicidad ante la tolerancia del equilibrio de fuerzas. Por eso la supremacía de Discordia conduce a la Senilidad. Cuando Senilidad toca su fin, Armonía restaura el equilibrio original luego de inmensos sufrimientos para los seres y su confluencia con Discordia retorna a la puja habitual, tanto en el ser humano, la sociedad y la naturaleza. Cuando el ser humano habla, es posible reconocer Armonía, Discordia e incluso Senilidad, pero no Sutileza. Sutileza es quien reconoce éstos tres.

Buenos días

¡Buen día!
Se me ocurrió una idea. En vez de decir buen día, para hacernos los transgresores, digamos “okinawa“, que suena a amanecer despejado y sin lluvias. Cuando la idea se popularice, y todo el mundo se salude con okinawa de aquí, okinawa de allá, y nos resulte fatigoso, buscaremos otra opción, que puede ser diciéndonos “telaviv”, que es como decir que el televisor se nos hace el vivo de tan inteligente que es y de vez en cuando hay que apagarlo para recorrer las viñas del Señor.
¡Okinawa!